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Los Cuentos Orientales de Marguerite Yourcenar

agosto 31, 2009

La imaginación humana, bien se sabe, es un común denominador de sueños y temores, placeres y penas.

Stevenson encontró las mismas pasiones en las islas del sur; Borges, en la llanura argentina, la soledad del mismo desierto de anacoretas y demonios caídos.

Nunca nos alejaremos demasiado, un cristal ahumado, una mancha de agua nos devolverá nuestro rostro y con él los miles de años de hombres semejantes y tragedias y glorias que nunca terminan.

Por ello, es irrelevante buscar semejanzas entre un libro y otro, encontrar personajes y frases que nos hacen un guiño, que leímos en papeles de otras latitudes, en lenguas más arduas o más nobles.

Pero es inevitable, también, caer en la cuenta, descubrir otra vez un diluvio, un gigante, una tragedia helénica. Ver de nuevo los personajes amados, los caracteres grabados en piedra.

Todos los libros –todas las historias- hablan de otros libros anteriores, de otras historias que ya nos contaron o nos contamos nosotros.

Cómo se salvó Wang-Fô

Leo en los Cuentos Orientales, de Marguerite Yourcenar, una reinterpretación de la historia de Wang-Fô: el anciano pintor que condenado a muerte por un inocente y cruel monarca, escapa en el mar que plasma en su único cuadro inacabado, y se adentra en el lienzo, ante el hechizo inexplicable de una corte serena, muchos siglos antes del realismo mágico.

Finalmente, la barca viró en derredor a una roca que cerraba la entrada a la alta mar; cayó sobre ella la sombra del acantilado; borróse el surco de la desierta superficie y el pintor Wang-Fô y su discípulo Ling desaparecieron para siempre en aquel mar de jade azul que Wang-Fô acababa de inventar.

La imagen, me dice quien amablemente me prestó el libro, es la misma no ya de la fábula original del “apólogo taoísta de la antigua China” (palabras del autor), sino de la leyenda colonial de una hermosa hechicera, la mulata de Córdoba, que presa en oscuro calabozo, dibuja en la roca de su última morada el camino y la fuga, penetrando en la roca como quien va de paseo, magia donde la haya y repetición del escape a través del arte.

Después se acercó al muro del calabozo y mostró al carcelero el dibujo de un gran navío, de un enorme velero pintado con carbón.

-¿Ves este navío?

-Sí, es un bajel hermoso.

-¿Qué crees que que le falta? –preguntó socarrona la mulata.

-A fe mía, que sólo le falta navegar, pues habéis puesto en él todos los detalles de un bajel. –Arguyó el carcelero.

-Pues navegará ahora mismo y yo me iré en él. ¡Mira!

Y diciendo esto la mulata de Córdoba saltó al navío, se hincharon las velas y el barco comenzó a navegar por las aguas tranquilas de un océano que se adentraba más allá del muro. (1)

La sonrisa de Marko

Tiene Yourcenar, asimismo, su propio Sansón. Un héroe balcánico que impasible ante las brasas ardientes que se enfrían en su pecho, cae finalmente vencido ante la danza de una bella joven y es la sonrisa, no el dolor, la que delata su verdad y su mentira para quien pueda verlo.

Durante las partidas de caza, allá en las montañas de su país, Marko había visto a menudo cómo los animales se fingen muertos para evitar que los rematen; su instinto lo llevó a imitar estas astucias: el joven de tez lívida que los turcos llevaron a la playa estaba rígido y frío como un cadáver de tres días.

Pero es finalmente una reinvención del héroe sobrehumano, y también es el hombre con el poder de cuatrocientos en las páginas breves de una recopilación de cuentos indígenas: Sipakna, que hablaba con las hormigas y que al igual que Marko Kralievitch, fingió su propia muerte.

¿Dónde estás Sipakna? –le dijeron otra vez. Entonces Sipakna oyó un poquito y contestó:

¡Huuu! –dijo Sipakna. Pero apenas se oyó su voz; así supieron que ya estaba muy profundo el pozo, pero él estaba escondido en el hueco a un lado. Los cuatrocientos hombres empezaron a tirar el tronco grande y Sipakna gritó cuando éste cayó:

¡Aaay! –y ya no gritó más.

Los cuatrocientos hombres se pusieron muy contentos, creyendo que Sipakna se había muerto. (2)

Nuestra señora de las Golondrinas

Finalmente, recuerdo una historia de Herman Hesse: en su libro Fabulario, nos narra el destino de un demonio de los bosques, criatura exiliada con todos sus congéneres al desierto con la llegada del salvador y de la nueva Era.

Pero nuestro sátiro reniega de la tiranía de satanás, bajo cuyo poder se le ha asignado y extraña sobremanera su anterior vida en los bosques y su felicidad inocente y salvaje.

Se acerca a un religioso contemplativo que malvive en alguna cueva del atroz desierto, rogando la posibilidad de encontrar al nuevo dios y con él la dicha perdida. Pero el hombre de dios niega que un ser tal pueda acceder a la gloria, y aleja de sí al sátiro.

Pasado el tiempo, y muerto el religioso, el demonio de los bosques toma su lugar y un final esperanzador nos hace creer que la nueva deidad que reina sobre el mundo ha creído digno al tenaz sátiro de llegar al paraíso.

Como muchos otros de su especie, el demonio de los campos de nuestra historia había seguido al desierto a las huestes de espíritus malignos, y vagaba lleno de tristeza en aquellas áridas soledades…

Durante el día prefería apartarse de los demás; andaba lentamente por entre las rocas y recorría las arenas el páramo; soñaba con aquellos lugares frescos y soleados de su alegre y dichosa vida anterior… (3)

Por su parte, Marguerite Yourcenar narra una historia de semejantes personajes, en que un piadoso hombre de fe expulsa poco a poco a los espíritus de los bosques de una aldea de la montaña, esparciendo cruces y quemando árboles, consagrando lugares a fin de alejar aquellos seres de sus vecinos de fe menor, campesinos que lo mismo ofrendaban al mesías que a las ninfas del bosque;  hombres más simples en su entendimiento que un hombre de religión.

Finalmente, envueltas en oraciones y fuego, debilitadas por la ausencia de ofrendas, privadas de amor desde que los jóvenes del pueblo se apartaban de ellas,  las Ninfas buscaron refugio en un vallecito desierto, donde unos cuantos pinos negros plantados en un suelo arcilloso recordaban a unos grandes pájaros que cogiesen con sus fuertes garras la tierra roja y moviesen por el cielo las mil puntas finas de sus plumas de águila.

En su historia, lo mismo que en la de Herman Hesse, los seres exiliados encuentran la salvación.

	
  • Franco Sodja, Carlos. Leyendas mexicanas de antes y después de la conquista. EDAMEX, 1999.
  • Relatos tzotziles. A´yej lo´il ta sot´ilk ´op. CONACULTA, 2007.
  • Hesse, Herman. Fabulario. Grupo Editorial Tomo, 2004.
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    8 comentarios leave one →
    1. septiembre 1, 2009 5:05 am

      Realmente, hay ciertos cuentos que se repiten en culturas muy lejanas. Uno puede preguntarse si son parte de nuestro incosnciente… o si la imaginación de nuestros artistas es más limitada de lo que nos gustaría creer.

      En cualquier caso, interesante comparación, saludos.

    2. septiembre 1, 2009 8:47 am

      Decía Oscar Wilde que el plagio era bienvenido siempre que la reinvención valiera la pena.

      Nada nuevo bajo el sol, decían ya los antiguos.

      Un saludo.

    3. septiembre 1, 2009 3:29 pm

      Lo que debemos admirar es la capacidad humana de contar la misma historia de mil maneras diferentes.Cuando uno se pone a pensar en una historia casi siempre acaba inspirándose en otra. No importa.El plagio sería no reinventarla.O.W. como siempre, tiene razón.

      • septiembre 3, 2009 1:57 pm

        Cierto. Las mismas historias se cuentan una y otra vez, con mayor o menor fortuna.

        Creemos que todos le han copiado a los griegos, pero no sabemos a su vez de dónde sacó Homero sus historias.

        Un saludo.

    4. octubre 10, 2011 8:16 am

      ¿No tendrías Los Cuentos Orientales de Marguerite Yourcenar en doc o similar para poder trabajar con ellos. Soy director de teatro y me interesa el tema para una posible puesta en escena.
      Un saludo

    5. octubre 10, 2011 8:19 am

      Aquí lo tienes en formato PDF:

      http://www.inabima.org/BibliotecaInabima2/Y/Yourcenar,%20Marguerite/Yourcenar,%20Marguerite%20-%20Cuentos%20orientales.pdf

    6. julio 6, 2013 12:43 pm

      que bergaaaaaaaaaaaaaaaaaaa no me sirvio ni para mierdaaa pongan un resumen no esta cagaadaaaaaa la peor pagina

      • julio 6, 2013 4:18 pm

        Jajaja… ponte a hacer tu tarea jovencito.

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