Deathline

40. Siento una ligera punzada en la boca del estómago, como si algo me avisara de una catástrofe. Inhalo profundo para contener la sensación, pero esa pequeña coordenada de tensión va creciendo poco a poco. 39. Ahora el aire muestra una cierta resistencia a entrar en mis pulmones. Una pesadez comienza a entretejerse en mi cabeza. De repente, cada sonido en esta habitación se vuelve más nítido. 38. Fijo la mirada en el sillón que está enfrente mío y hago un par de respiraciones más profundas. Mi ritmo cardiaco se acelera y comienza a dibujar una melodía impetuosa. Tucutún, tucutún, tucutún. 37. Cambio el foco de atención y miro hacia ninguna parte, o más bien en todas direcciones. Siento un hormigueo en las manos, que ya están húmedas. 36. Mi corazón comienza a entrenarse para los 100 metros planos. Todo mi cuerpo me aprieta, me incomoda. 35. Una maldita comezón acaba de aparecer en mi brazo derecho. Mi mano izquerda actúa desesperada, como si estuviera en una infructuosa búsqueda arqueológica. 34. La comezón ha migrado a mi oreja, luego de los vestigios rojizos que quedaron en el brazo. Volteo a todos lados, buscando un poco de ayuda. Veo rostros distraidos y miradas indiferentes. 33. He vencido a la revolución que se gestaba en mi oreja, pero encuentro mi cuerpo sudoroso y mi respiración aún más agitada. En mi pecho se pueden sentir cañones escupiendo en forma constante. Bum, bum, bum. 32. Me falta el aire. Inhalo, exhalo, inhalo, exhalo. Casi no logro percibir nada. Parecería que toda mi actividad sensorial está concentrada, en este momento, en mi cerebro. Todos los segundos, todos los sonidos, todos los espacios, todos los silencios ocurren simultáneamente en mi cabeza. Inhalo, exhalo. 31. Mis pies y manos comienzan a entumecerse. Noto que una ligera somnolencia me invade ¿Acaso se aproxima el fin? ¡Pero es muy pronto todavía! 30. He perdido todo contacto con el exterior. Sólo alcanzo a escuchar mi respiración desbocada. 29. Hago un último y desesperado intento por regresar. Suspiro fuerte y contengo. Libero el aire muy despacio y vuelvo a sentir mi cuerpo. Al parecer he encontrado un archipielago en esta fatídica ruta descendente. 28. Todo a mi alrededor emerge de nuevo: las manos, el cuello, las piernas, la cicatriz en la rodilla, el hongo en la uña del dedo gordo del pie, ese barro molesto en la nalga que apareció ayer, el sillón fente a mí, el televisor dormido de la esquina, los sonidos caudalosos de las muchas conversaciones que ocurren a mi alrededor, el olor fétido que emana de la alcantarilla allende la ventana. 27. He ganado un poco de calma, suficiente para cuestionarme cómo es que llegué a este punto. Tal vez todo sea producto de mi imaginación o una mala broma de mi mente cansada. 26. Busco razones. Miro una y otra vez. El tiempo parece detenerse un poco, y con él, este declive que parecía inevitable. Un asomo de esperanza acaba de aparecer. Tal vez la vida me ha dado una nueva oportunidad. Aprovecharé para hablar con aquellos que estaban hasta ahora distantes. Quizás decida confesarle a aquella chica que conocí la semana pasada que me encanta. Tengo tiempo aún para encontrar respuestas a muchas cosas que aún desconozco. Como decía aquel poeta judío, Tal vez sea posible todavía cambiarlo todo. Sólo necesito que el tiempo siga un poco más en esta pausa venturosa que me ha regalado… 25. ¡No es posible! El andar inevitable del reloj ha regresado ¿Por qué no pude prever esto? Juraría que mis cálculos eran correctos. Una prisa, que va más allá de mí, invade mis pulmones nuevamente. El corazón apresura la cadencia otra vez. Inhalo. En mis hombros se ha posado ahora el peso del mundo. Exhalo. 24. ¿Y si me apresuro y hago todo aquello que no he hecho aún? Creo tener tiempo suficiente. Cuando menos para hacer un par de cosas importantes. Cuando menos para hacer algo. 23. Intentarlo todo me ha vuelto sumamente torpe. Mis manos se mueven tan rápido que terminan por paralizarse. No sé por donde empezar. Mi mente no es capaz de distinguir entre lo prioritario y lo accesorio. 22. No tengo tiempo siquiera para luchar contra esta parálisis ¿Cómo derrotar a la duda? No tengo tiempo ni para responder a eso. 21. Este es el momento que separa a los hombres de los cobardes. Sólo debo decidir por aquello que sea de mayor importancia. Una cosa. Tal vez la que resulte vital. 20. He decidido algo, pero ¿que era? la memoria suele ser una acompañante traicionera. 19. Debo decidir otra cosa. Mi mente está en blanco, reposa tranquila como si no se aproximara el final. 18. Silencio interminable en mi mente. Busco que aparezca aunque sea la idea más absurda, pero nada. Solo vacío y silencio. 17. Mis ideas han encontrado cauce otra vez, pero como un torrente que ha logrado al fin escapar de su contenedor y ahora lo inunda todo. ¿Cómo decidir algo ante esta marea de ocurrencias que me invade? 16. Intento nadar entre este cúmulo de indecisiones, pero apenas si puedo asirme a alguna palabra conocida. 15. Me he dado cuenta, de forma repentina, que mi respiración y mi ritmo cardiaco se han tranquilizado de nuevo. Como si flotar en este exceso de pensamientos le hubiera dado a mi corazón y pulmones una dosis de alivio. Como esa calma chicha que antecede a la fatalidad. 14. He dejado de pelear con mis ideas. Prefiero observarlas mientras se tropiezan unas con otras intentando emerger para convertirse en la última de mis acciones. Confieso que todas ellas me dan un poco de lástima. Es una pena que no sepan que ninguna logrará su cometido. 13. Ahora, que he descubierto que no haré nada mientras llega el último instante, comienzo a imaginar situaciones hipotéticas. Si me hubiera decidido a hacer algo cuando supe de este inevitable desenlace ¿A quién habría llamado? ¿Qué respuestas hubiera buscado? 12. Todas las posibilidades del mundo pasan por mi cabeza. Uno siempre encuentra las respuestas correctas a unos centímetros del precipicio, justo cuando ya no importan. 11. Me aproximo a los últimos instantes. Mi cuerpo inmovil parece comenzar a disfrutar esta quietud del que sabe su destino. Ya ni siquera me quedan ganas de pensar. 10. El horizonte acaba de oscurecerse un poco. Aparece un mensaje claro de que esto no durará mucho más. Inhalo fuerte y observo lo que me rodea ¡Todo luce tan bello! Quiero quedarme con esta escena durante el tiempo que me queda. 9. Una inquietud me hace regresar a la conciencia ¿Y si todo esto fuera un sueño? Tal vez aún hay esperanza. Por supuesto que todo llega a su final alguna vez, pero no tiene por qué terminar tan pronto. 8. He vuelto a sentir cómo el pecho intenta tocar mi espalda, y esa dificultad para respirar que pensé que se había exhiliado de mi cuerpo aparece también. 7. Todos los miedos que había dejado atrás han regresado para observarme, para vociferar hasta aturdirme. 6. Un vacío en mis oídos hace que, de nueva cuenta, sólo pueda escuchar mis latidos. Todo es espeso alrededor, incluso la vista, incluso la esperanza. 5. El oscurecimiento de hace unos instantes se acaba de duplicar. No queda más, esto está a punto de concluir. 4. Es curioso descubrir que el tiempo en verdad es relativo, aunque suene a lugar común. Justo antes de fenecer, pareciera luchar un poco y alargarse en una danza lenta que vuelve angustiosos los instantes finales. 3. No puedo pensar más. Tengo la mirada fija en este oscurecimiento progresivo que casi no me permite distinguir forma alguna. Aún si quisiera tocar el horizonte, no podría identificar alguna coordenada medianamente clara. 2. Cierro los ojos en un intento desesperado por borrarlo todo de mi cabeza. Unos segundos después los abro de nuevo y descubro que todo sigue igual. La última pizca de luz languidece ante mí, sin remedio. Al fin, resignado, me libero de toda preocupación y suelto mi cuerpo. 1. Ante mí, aparece un último mensaje que me prepara para lo inevitable: “la batería de su dispositivo móvil se ha agotado. Conéctelo a una fuente de energía”. 0. ¡Si tan sólo hubiera traído mi cargador al salir de casa, carajo!

Teoría de Conjuntos/Intersección

Intersección. Punto de encuentro de dos o más cosas de forma lineal… Encuentro de dos líneas, dos superficies o dos sólidos que se cortan entre sí… Conjunto de elementos que son comunes a dos conjuntos.
                                                                                                                       Real Academia Española.

Era tarde. Miguel platicaba en broma con varios amigos sobre las bondades del sexo tántrico y sobre esa inaudita capacidad de resiliencia que se podía adquirir cuando uno práctica este método. Todo era risas y cachondeo. Todo era presumir habilidades absurdas o contar experiencias chistosas. De pronto, algo llamó la atención del muchacho al lado derecho de su horizonte visual. Sus ojos se posaron lentamente en aquel rostro que recién se asomaba. Descubrió a una hermosa mujer de cabello rojizo y ondulado, de ojos grandes, labios gruesos, nariz amplia y unas excepcionales curvaturas que se delineaban antes y después de su pequeña cintura, sin importar si uno mirara de arriba a abajo o a la inversa. Definitivamente lo que cualquiera de sus colegas de charla llamaría una “mamita”.

Se alejó discretamente de la conversación tántrica y decidió establecer contacto. -¡Hola, te ves preciosa ¿Cómo te llamas?- dijo con un aire de suficiencia que le hinchó el pecho, seguro de que obtendría una respuesta favorable.

-Hola-, contestó aquella voz con un aire más bien frío. Transcurrieron 10 interminables segundos antes de obtener una segunda respuesta.

-Me llamo Alexa ¿En qué te puedo ayudar?- contestó ahora con un tono más agresivo.

Miguel sintió un nudo en el estómago. Si de algo se preciaba era de su seguridad a la hora de conquistar mujeres, aunque sus amigos sabían perfectamente que esa actitud le había valido en más de una ocasión algún rechazo. No obstante, nunca había recibido una contestación tan distante como ésta. Veía una y otra vez a la chica, intentando dilucidar algo en su mirada, una pista que le permitiera saber por dónde comenzar a derrumbar esa muralla de silencio e indiferencia que ella acababa de imponerle.

-Pensaba que sería bueno conocernos- respondió un poco más relajado, aunque temeroso. -Nunca había conocido a una mujer tan linda como tú-. Estaba seguro que ahora sí lograría avanzar en la plática con esa actitud más directa.

-¿Te estás escuchando? Te hace falta más imaginación. Me aburren tus halagos trillados. Si no tienes nada más que decir, deja de fastidiarme-.

Miguel sintió un poco de opresión en el pecho. No lograba descifrar a esta mujer. Lo más fácil sería regresar a su conversación anterior en tanto apareciera otra chica interesante por ahí, pero se perdería la oportunidad de descubrir el misterio detrás de esta pelirroja presuntuosa que se negaba a ceder. Tal vez era simplemente la necesidad de salir victorioso, pero Miguel decidió que lo intentaría una vez más y si no, lo dejaría por la paz. Pensó decir algo absurdo, cualquier cosa que saliera de su boca aunque no fuera cierto, una última bocanada que lo hiciera salir a flote o hundirse irremediablemente.

-Podríamos platicar sobre música. Soy fanático del heavy metal de los años ochenta- soltó. Después de decirlo, pudo escuchar una carcajada que brotaba desde su mente. Definitivamente había sido una referencia algo tonta y desesperada. En efecto, escuchaba esa música durante su adolescencia, pero habían pasado por lo menos 10 años de eso y ya no alcanzaba a recordar mucho de sus andares metaleros. Si esto prosperaba, tendría que hacer uso de su memoria, que no siempre le respondía bien. Contuvo la respiración varios segundos, en espera de respuesta. Podía sentir perfectamente el golpe seco y continuo de su corazón, que aderezaba este nuevo silencio.

-Es curioso, porque aunque ya no me tocó esa época, a mí también me gusta mucho el heavy ochentero. Supongo que tú tendrías unos 13 o 14 años cuando estaba en apogeo, no?-

Miguel respiró profundo y celebró dentro de sí. No podía creer su suerte aún, pero no la iba a desaprovechar.

-En realidad tampoco me tocó de forma directa. En el 92 tenía 13 años, pero entonces todavía se escuchaba mucho el heavy. Con eso que te acabo de contar ya sabes que ahora tengo 29 ¿Cuántos años tienes? Por tus gustos musicales diría que no soy mucho mayor que tú-.

-Sé que la vida me ha tratado mal y que me veo más vieja- respondió entre risas. -tengo 21-.

Ya no se sentía más tensión. Incluso podría decirse que la plática comenzaba a desarrollarse de forma espontánea y fluida. Miguel vio la oportunidad de atacar de nuevo, pero de forma más sutil.

-Pues ojalá la vida me hubiera tratado como a tí, porque estás muy guapa. Supongo que tu rostro refleja madurez y por eso pensé que teníamos una edad más cercana-. Hizo una pausa casi imperceptible y regresó al tema de la música. -Yo creo que no ha existido mejor época que la ochentera, musicalmente hablando. Yo formé parte de un grupo durante varios años-.

-¿Y qué pasó, por qué no seguiste?-

-Pues nada, comencé tocando el bajo a los 14 y estuve mejorando mi técnica unos años. Luego me inscribí en la universidad para estudiar mercadotecnia, tuve cada vez menos tiempo para ensayar y fui perdiendo habilidades musicales. Terminé la carrera y conseguí un empleo que dejé después de 5 años para ir a viajar por el mundo y encontrar qué quería hacer con mi vida-.

-¿Y a donde te fuiste a viajar?-

-Estuve seis meses en Sudamérica y luego me fui siguiendo a una chica hasta la India, ya sabes, supuestamente para encontrar paz interior, pero la verdad es que sólo encontramos una guerra constante entre nuestros cuerpos. Luego de tres meses nos dejamos y me fui dos meses a Alemania con unos amigos y de ahí regresé al país y anduve por varias ciudades un par de meses más. Afortunadamente había ahorrado una buena parte de mi sueldo y con eso pude agarrar camino, aunque haya sido en plan austero-.

-Siempre he querido viajar- dijo ella y luego volvió al silencio. Esta vez, se quedó contemplando un punto fijo en el horizonte e imaginó durante algunos segundos cómo sería si se decidiera a hacerlo.

-Aunque Miguel intuyó que esta pausa era diferente, siguió con la plática. -Pero tú no me has contado nada sobre ti ¿A qué te dedicas? ¿Con qué sueñas?-

Alexa dibujó una sonrisa discreta. Le gustaba que le preguntaran por su sueños, aunque ella misma no los tuviera del todo claros.

-Estudio el tercer año de física. Soy lo que en los ochenta se le conocería como una nerd. Además de eso, me dedico a la fotografía. Cuando tenía 8 años mi papá me regaló una cámara y desde entonces me gusta buscar la belleza en las cosas y nada mejor que una cámara para capturarla. Y sobre mis sueños, ahora estoy en una disyuntiva, porque no sé si quiero, como tú, largarme con mi cámara a recorrer otros lugares o si es mejor quedarme y estudiar una maestría en física nuclear, que es mi gran pasión. Después de haberte contado esto ahora vas a ser tú el que no quiera hablar conmigo- dijo sonriente.

-No, al contrario, ahora me pareces más interesante-. Miguel en verdad estaba intrigado con Alexa. Tal vez era el hecho de no tener certeza alguna sobre sus pensamientos. Era definitivamente impredecible. Al menos hasta este momento. Ahora fue él quien hizo una pausa y se quedó masticando lo que la muchacha acababa de contarle.

-¿Sabes? tú también eres guapo después de todo- dijo en tono irónico pero provocativo. -Esa cicatriz que tienes en la ceja te da un toque interesante-.

Miguel sintió una explosión de calor en el estómago y perdió el aire por unos segundos. Al fin estaban en el terreno que él buscaba. No había estado nada mal la conversación hasta ahora, pero quería avanzar en la plática y esta era una oportunidad inmejorable.

-Me la hice justamente en una tocada. El guitarrista de mi grupo quiso aventar su instrumento al público y cuando lo jaló hacia atrás se encontró con mi cara. A nadie le había parecido atractiva esa cicatriz, así es que gracias por el cumplido-.

-Me parece sexy, de hecho-. Un silencio más, pero ahora cargado de excitación. Se podía escuchar perfectamente la respiración de ambos acelerarse un poco. La siguiente movida en el tablero era crucial.

-No creo que tan sexy como tu cuello-

-¿Qué más te gustaría ver además de mi cuello?-

-Todo, tus tetas, tu espalda desnuda, tus nalgas, tu ombligo, tus clavículas, todo- dijo con desesperación, mientras la respiración se le aceleraba.

-Quiero  que me veas tocarme. Me excita demasiado eso. Vamos a un lugar más privado. Sólo una condición: tú no puedes quitarte la ropa ni tocarte ni hablar, lo único que puedas hacer es verme de la forma más perversa que puedas-.

-Sí-, respondió Miguel apenas. No podía ordenar sus pensamientos. Sus oídos estaban atrapados por el vacío y su vista se había tornado algo turbia. -Sí- respondió de nuevo.

Ya en privado, Alexa sacó su teléfono celular y comenzó a reproducir pour some sugar on me de Def Leppard mientras se iba desnudando lentamente, sentada en una vieja silla. Toda la sangre de Miguel comenzó de pronto a agolparse bajo su pantalón, que parecía explotar. El cuerpo de Alexa lucía terso y efímero, como arena que se escabulle entre las manos. Al menos eso imaginaba el muchacho, mientras fantaseaba con tocarlo. Las manos de Alexa comenzaron a recorrer sus piernas desde los tobillos y se detuvieron unos centímetros antes de aquellos otros labios que ahora se asomaban profusos. Alexa dedico una mirada lasciva a Miguel y prosiguió su inevitable marcha. Sus dedos aterrizaron al fin en aquel territorio suave que amenazaba con inundarse. Miguel comenzó a sentir seca la boca. De aquella rigidez en sus pantalones se manifestaba un dolor sostenido pero agradable. Mientras seguía observando la danza de los dedos de Alexa, luchaba contra su propia mano, que intentaba a toda costa aniquilar aquel dolor. La muchacha comenzó a mover el cuerpo al compás de sus dedos hambrientos, que recorrían frenéticamente su sexo. Su rostro desfigurado apenas si podía diferenciarse del de Miguel, que imitaba sus movimientos mientras mantenía los puños cerrados cada vez con menor fuerza y gana. De las bocas de ambos se asomaban truenos que anunciaban una gran tormenta. Alexa pidió a Miguel que abriera su pantalón para contemplar aquel miembro hinchado. Miguel liberó sus manos y al fin ambos aceleraron sin retorno. De pronto, se vieron desbordados por aquel caudal majestuoso y tras de él, quedaron los cuerpos sudorosos y la respiración jadeante. Silencio otra vez, ahora por varios minutos. Ya no había angustia alguna en el ambiente. La calma que se respiraba ahora era casi perfecta.

Durante esta nueva pausa, ambos aprovecharon para recorrerse un poco con la mirada, para respirar juntos, para dedicarse este silencio que tantas veces había aparecido entre ellos.

-En este momento podría decir que te amo- se adelantó ella al fin. Suspiró profundo y dibujó un beso en el aire que esperaba que llegara al rostro de Miguel. El muchacho sintió una especie de golpe seco y luego la sensación de partirse en dos. Era una afirmación muy fuerte y comprometedora, pero al mismo tiempo le parecía verdadera. No podía decir que sintiera algo diferente a lo que ella acababa de decir, pero muy en el fondo le inquietaba tener esos sentimientos hacia una completa desconocida. Tomó aire y alcanzó en la plática a Alexa.

-Sí, ya que estamos entrando a esta onda cursi, yo también en este momento podría decir lo mismo-

-¿Decir qué? yo no tuve empacho en expresarlo-

-Podría decir que te amo-

-¿Me das un beso? uno que haga que el mundo y que incluso nuestros cuerpos y nuestras conciencias desaparezcan. Uno que detenga el tiempo-

-Claro, lo he deseado desde que te saludé-

-No creo que más que yo-

-No tienes ni idea-

Ambos aproximaron sus labios, y aunque aún existía esa sensación de no poderse tocar del todo, lograron parar un poco las manecillas del reloj y transformaron este silencio terco, que aparecía una y otra vez, en su nuevo territorio.

-¿Cuál es tu disco favorito de esa época?- dijo Miguel para regresar un poco al país de las palabras.

Dr. Feelgood, de Mötley Crüe, por supuesto- respondió ella sin dudarlo.

-Está entre mis favoritos también, pero para mí es el Apetite for Destruction de Guns n’ Roses-.

Después de eso, hicieron un largo recorrido por las canciones y los grupos de la época, lo mismo con una desmenuzada crítica a la actitud posuda de grupos como Poison, que con un recuento de las grandes bandas británicas que, desde los setenta, sentaron las bases de ese estilo e incluso con una inesperada escala en aquel extraño disco Izzy Stradlin and the Ju Ju Hounds del ex guitarrista de Guns n’ Roses. En el ambiente se podía descubrir cada vez más una quietud increíble. Como si sólo ellos dos existieran en el universo entero. Las palabras fluían en forma veloz. De la música pasaron al asunto de la comida, en que encontraron también gustos similares. De ahí saltaron naturalmente al de los viajes y, de pronto, ya estaban intercambiando anécdotas de infancia, y luego hicieron inventario de familiares, para caer finalmente en el inevitable recuento de traumas y obsesiones de cada uno. Era como si tuvieran los minutos contados y hubieran decidido agotar todos los temas en ese instante.

-Podríamos viajar juntos por el mundo y vivir de mi música y tu fotografía-. Justo al terminar de decirlo, Miguel se sintió sorprendido de la naturalidad con la que decía esto.

-¿No dijiste que te habías ido a viajar para encontrarle sentido a tu vida?- respondió ella en forma juguetona y provocadora.

-Es que después de hoy, estoy convencido que lo que sea que vaya a pasar con mi vida, quiero que sea contigo-.

Alexa sintió como se le erizaba la piel ante tan tremenda declaración. No es que hubiera deseado enamorarse así, pero sentía que con Miguel podía hacer una excepción.

-¡Pues que así sea, Miguel!-.

A partir de ahí, no hubo silencio por un buen rato. De repente aparecieron los planes de viaje y las cosas que experimentarían juntos y de la nada alguno de los dos, ya no importaba quién, sugirió que vivieran juntos y de ahí, por supuesto, la conveniencia de mejor adquirir una casa y un auto, porque luego vendrían los niños y cómo hacer para llevarlos a la escuela todos los días y para salir de vacaciones, y también está el asunto de pensar en las mejores condiciones para que ambos se pudieran retirar tranquilamente y poder disfrutar la vejez juntos, y que lo ideal sería poder tener tiempo para recibir visitas frecuentes de los nietos y…

 Tal vez habían transcurrido unas tres horas desde aquel primer saludo. Alexa y Miguel tenían perfectamente trazado su plan de vida y conocían sus respectivos pasados. Sabían de sus manías y angustias, de sus pasatiempos, de sus rutinas. La muerte de la noche se aproximaba cada vez más y con ella, las palabras habían decidido extinguirse también. Ambos se miraban pero ya ninguno decía algo. Hubi varios intentos por comenzar un tema nuevo, pero no pasaban de ser meros balbuceos. Ambos comenzaron a sentir miedo de pronunciar la siguiente idea. Alexa cerró los ojos, tomó aire y se decidió a tomar la iniciativa.

-Es hora de decirnos adios-

-Sí, ya es tarde y mañana tengo varias cosas que hacer-

-No, no me estás entendiendo. Es hora de separarnos antes de que esto que hemos vivido juntos se destruya-

Miguel se sentía devastado. Sabía que la peliroja tenía razón, pero no quería dejarla ir. Suspiró ligeramente y la miró.

-Está bien. Creo que ya es tiempo-

Alexa dejó caer su mirada y torció la boca. En el fondo esperaba que Miguel hubiera dicho que no, pero ambos estaban haciendo lo correcto. Se dedicaron un último beso y se despidieron con una sonrisa.

Miguel miró por última vez a Alexa. Quería grabar en su mente cada centímetro de la muchacha. En este último y definitivo silencio observó como aparecía esa fatídica palabra que concluía con este amor: offline. Apagó su computadora y se quedó sentado, mirando hacia la nada.

-No creo olvidarla jamás. Es tiempo de viajar de nuevo- pensó mientras caía en cuenta del insomnio que vendría.

Después de aquella sonrisa, Alexa decidió no voltear a ver a Miguel. Se desconectó del mensajero, le dió la espalda a la pantalla y se dirigió a su cama. Ahí, recostada, sonrió de nueva cuenta.

-¡Qué gran historia la que acabo de vivir! Estoy lista para seguir con mi vida- alcanzó a decir mientras cerraba los ojos, exhausta.

Lingua Franca 2.0

Marcelino González observó su reloj y suspiró aliviado. Había llegado al lugar de la reunión 15 minutos antes de que iniciara. Tomó asiento y empezó a mover la silla de un lado para el otro, en un intento inútil por controlar su nerviosismo. La ocasión era especial, pues ésta era su primera reunión como trabajador del Gobierno Central y, para colmo, él la dirigiría.

Luego de graduarse con honores en una prestigiosa universidad privada y trabajar un tiempo en el departamento de ventas de una empresa pequeña, había ingresado a la Dirección General de Asuntos Intrascendentes a través del Servicio de Ingreso Meritorio Periódico y Legítimo del Estado (SIMPLE), que era la vía más directa para asegurar una carrera en el servicio público. La situación económica del país no era la mejor y un puesto en la administración pública aseguraba condiciones laborales y de vida inmejorables.

Su nuevo puesto de Subdirector Adjunto de Seguimiento y Apoyo al Buen Cauce de las Relaciones Laborales Institucionales, ganado con el más alto puntaje en el SIMPLE, le obligaba a dirigir la reunión del día de hoy,  que formaba parte de un conjunto de sesiones de trabajo en las que las diferentes áreas presentarían sus proyectos prioritarios del año.

Marecelino estaba informado de esta alta responsabilidad desde que entró a laborar a la DGAI hacía dos meses y, desde entonces, comenzó a preparar su presentación para este evento. Tres días antes, su jefe, el ingeniero Lamadrid, Director General Adjunto de Acciones Prescindibles, lo había citado en su oficina para anunciarle lo que se debía lograr en la reunión. -El propósito es presentar el Programa de Calidad Absoluta en los Servicios, que está emprendiendo la Dirección General para ser aplicada en la Secretaría de Acciones Redundantes en su conjunto- sentenció el ingeniero. Marcelino se sintió tranquilo porque el tema de la Calidad le era muy conocido por lo que hacía en su anterior trabajo, y porque tenía muy avanzada su presentación. -No se preocupe, ingeniero, creo que con una sencilla explicación de nuestra filosofía de calidad los asistentes comenzarán a ver las ventajas de nuestra propuesta y van a asumir una actitud proactiva ante el Programa- respondió emocionado.

El ingeniero sonrió discreta pero irónicamente. Había visto pasar a muchos jóvenes impetuosos como éste y conocía perfectamente el destino final de tanto optimismo. -Lo importante, González, es que entiendan que el Programa se encuentra entre las más altas prioridades del señor Secretario. Los logros que de él emanen serán de la mayor importancia para el desarrollo del sector- remató Lamadrid. Marcelino asintió al instante, pero casi no entendió lo que le decía su jefe. Le resultaba un poco ambiguo y adornado el lenguaje que utilizaba, pero le había quedado claro que el programa era importante y que había que defenderlo. No obstante, comenzó a sentir un nudo en el estómago, pues le aterraba que la propuesta no fuera bien recibida.

La noche anterior casi no pudo dormir. Descartó la presentación que tenía casi concluida y preparó nuevos apuntes sobre los aspectos más relevantes del tema. Buscó una y otra vez la mejor forma de resaltar las bondades del programa. También intentó dejar claro que en aquellos aspectos aun no consolidados había una idea clara de lo que se necesitaba para cumplir con los objetivos.

Ya cerca de las dos de la mañana, y vencido por el cansancio más que por el sueño, decidió ir un rato a la cama a recostarse. No dejaba de darle vueltas a lo que le había dicho su jefe sobre la importancia de la reunión. Era su oportunidad para comenzar de forma brillante su carrera en el sector público y no pensaba desperdiciarla. Cerró los ojos y volvió a abrirlos hasta que el despertador gritaba la hora, desesperado.

Ya dentro del salón de reuniones, sostenía con fuerza las tarjetas con los puntos a tratar. -Tranquilízate- se repitió un par de veces mientras inflaba por completo sus pulmones y exhalaba en forma ruidosa. Una persona del área de sistemas lo abordó: -ya está todo listo para la proyección, jefe-. Marcelino le agradeció brevemente. Cerró los ojos, apretó los puños muy fuerte y soltó su cuerpo. Sintió algo de alivio. Estaba listo para comenzar con esto.

En 15 minutos la sala estaba repleta de mujeres y hombres que hablaban por teléfono sin parar o platicaban entre sí. Se oían risas por doquier e incluso alguno de ellos sacó una bolsa con frituras que comenzó a distribuir entre los presentes. Marcelino no pudo evitar sentir un poco apretada la corbata. Carraspeó y abrió la boca. -Ya vamos a empezar la reunión-dijo en voz excesivamente baja. Ninguna reacción. Levantó más la voz y esta vez el ruido comenzó a extinguirse lentamente. De pronto, todas las miradas estaban puestas sobre él, como observando un objeto nuevo que acaba de ser puesto en exhibición en un museo.

Marcelino esperó cinco segundos y comenzó su exposición de forma detallada. Durante este lapso, buscó infructuosamente identificar alguna señal de aprobación o desaprobación de parte de los presentes, alguna coordenada de su desempeño como expositor. No obtuvo señal alguna.

Concluyó con la presentacion y sólo podía sentir un profundo hormigueo en todo su cuerpo, como si estuviera anestesiado. Lentamente lanzó la frase que estaba buscando evitar desde el principio.-¿Tienen alguna duda o inquietud?- dijo finalmente.

Una mujer cuyo rostro mostraba un profundo fastidio levantó la mano. El muchacho la invitó a participar. -Dices que existirá un proceso de seguimiento de las acciones, luego del cual se procederá conforme a la normatividad vigente para llevar a cabo lo conducente en materia de penalizaciones y mejoras, pero quisiera saber si las medidas resultantes conducirán a un ajuse en el devengado para optimizar el flujo de nuestros compromisos adquiridos con anterioridad-.

Marcelino estaba impávido. Buscaba dibujar una idea que le sirviera para entender los sonidos que acababa de escuchar, pero simplemente no lo lograba ¿en qué momento había dicho todo eso? -ehmm-intentó articular el muchacho. Lo interrumpió otra voz. Era un señor ya entrado en los cincuenta, algo desaliñado y gordo.

-A mí no me queda claro el procedimiento para solventar las recomendaciones en tiempo y forma-, complementó. -¿tiempo para qué? ¿en forma significa qué te vas a poner a hacer ejercicio?- pensó Marcelino fugazmente.

-¿Y cómo daremos cumplimiento al acuerdo DGAI-189?-, -¿Es compatible esta metodología con los dictámenes del manual de procedimientos administrativos?-, -¿Cómo se conciliará la calendarización de actividades del Programa Operativo Anual con el proceso de mejora?-. Una tras otra las preguntas lo golpeaban sin que pudiera articular más de dos palabras juntas. Estaba a un segundo de salir huyendo del lugar, cuando de pronto recordó el encargo de su jefe.

Levantó la voz tanto como pudo y esta vez lo hizo con un tono enérgico. -¡Compañeros, por favor, no podemos avanzar así!-. La muchedumbre enmudeció de repente. Marcelino tomó aire nuevamente y repitió exactas aquellas palabras mágicas del ingeniero Lamadrid: -El Programa se encuentra entre las más altas prioridades del señor Secretario. Los logros que de él emanen serán de la mayor importancia para el desarrollo del sector-.

Silencio total primero y luego rostros de aprobación que iban apareciendo por todos lados -¿en verdad era tan sencillo obtener esta respuesta?- se cuestionó el muchacho. No quería parar ahí. Repasó rápidamente algunas otras palabras extrañas que había escuchado de su jefe. Se aventuró a hilar algunas para ver si resultaban.

-También es importante que sepan que los esfuerzos de la DGAI están encaminados al pleno cumplimiento de nuestro compromiso con el ciudadano, sin descuidar lo que la legislación aplicable nos insta a realizar-. Exclamaciones de alegría comenzaron a repartirse por el ambiente. De pronto, las sonrisas y las palmaditas en la espalda no se hicieron esperar.

Maarcelino estaba decidido a llevar esto hasta sus últimas consecuencias. Escogió cuidadosamente algunas palabras clave mientras el público comentaba jubiloso su mensaje.

-Para terminar, quiero señalarles que las acciones que se realicen en el marco de esta estrategia forman parte de la reforma administrativa aun pendiente en nuestro país. El señor Secretario me encargó que les reafirmara la alta estima en que tiene a cada uno de ustedes. Él sabe que los esfuerzos que emprendan serán de la mayor trascendencia. Muchas gracias-. Explosión de gritos y exclamaciones por doquier. Los asistentes levantaron en hombros a Marcelino y lo transportaron por todo el pasillo gritando su nombre. El muchacho no podía contener esa sonrisa que ahora lo inundaba.

Un par de horas después llegó a la DGAI. Su jefe, todavía a la expectativa, lo mandó llamar. Marcelino entró a la oficina del ingeniero Lamadrid aun con la sonrisa tatuada.-¿Cómo salió todo en la reunión, González?-. -Excelente, ingeniero. Los objetivos que nos habíamos trazado fueron alcanzados satisfactoriamente y el personal adscrito a esta Secretaría ha hecho suyos los principios y objetivos del programa-, concluyó.

Lamadrid contuvo la respiración por un instante, incrédulo. Ya no detectaba en él ese aire de ingenuidad que tenía cuando entró a trabajar a la DGAI. Le dio un golpecito en el hombro y sonrió satisfecho. El muchacho en verdad que tenía un prominente futuro.

La velocidad, la piel

Quieren dejar todo el dolor a los otros.
A los pobres, a los ancianos, a los marginados.
Ellos son jóvenes en autos relucientes,
en esas calles de curvas que ni siquiera son necesarias.
La velocidad les acucia en las sienes,
van escapando de la pesadilla que les muestra
la imagen que negaron a Siddartha.

En la velocidad la verdad se desdibuja
Solo queda su propia juventud,
sus brazos fuertes en un volante tapizado de cuero
La máquina vibra,
y en esa vibración está el sexo que una mujer no puede darles,
porque las adolescentes son tan delgadas
que chocan caderas contra hueso.

La voz recargada de pastillas ríe desaforada
y  asusta a los pobres niños que se han colgado de oro y plata:
artefactos de silicio más caros que una semana.

Se quedan inconscientes sin saber de los muelles que arden,
ni saben de fronteras que acribillan a los niños que pasan

En sus sueños se revuelven los toros,
sin sangre y a pesar de ello repletos de sangre.
Sus puños, ojos cerrados aún sienten el temblor
del auto cuando acelera
y las curvas hacen que bajo sus pies rechinen las ruedas y el cromo.

Una línea entre dos parques

Hay viejos en las bancas del parque.
Viejos que alguna vez fueron tan jóvenes
que les estaba permitido el parque de enfrente,
donde las niñas corren y las madres adolescentes se alisan el pelo.
Pero ya no más.

Sólo hay un parque para los viejos y las palomas.
Una línea invisible les cierra el paso,
la ceguera de la edad es tan grande que la luz les duele en los ojos.

De este lado solo hay un parque, solo hay una acera.
Enfrente no sabes que tienes edad, y que ya te esperan
en la banca que solo pueden ocupar los viejos.

En alcance al oficio 2.0

-¡Todas las semanas deberían empezar así!- pensó Jose Antonio, el nuevo muchacho de servicio social de la Dirección General de Asuntos Intrascendentes, al ver a la secretaría del Lic. José Luis Sanchez Solá: Paty, de 28 años, soltera y poseedora de un par de piernas que cualquier representante de futbol estaría promocionando sin cobrar honorarios. Hoy, Paty ha elegido como atuendo un pantalón que en verdad resalta sus virtudes. Jose Antonio no puede hacer otra cosa que mirarla jubiloso y celebrarlo con cierta firmeza al sur de su cinturón ¡Nada mejor que recibir el lunes con ese regalo!

Ota cosa que le encanta de Paty es su voz sensual y dulce. A veces basta con que ella le pida a Jose Antonio que le pase un simple lápiz para que el muchacho se estremezca.

La mujer ha estado sentada toda la mañana en el escritorio de José Antonio platicándole sobre su fin de semana y sobre las ganas que tiene de tener ya un novio y sobre cómo no hay un hombre que se atreva a invitarla a salir y… El muchacho asiente con la cabeza a cada idea de Paty, pero su mirada no puede dejar de rocorrer ese magifico cuerpo que ahora se posa a unos cuantos centímetros de él. Además, el perfume que su cuerpo desprende lo tiene completamente hipnotizado. La rigidez entre sus piernas comienza a volverse insoportable y dolorosa.

Inevitablemente ha comenzado a imaginarla desnuda, apoyando su senos sobre el escritorio, mientras muestra a Jose Antonio sus maravillosas nalgas. En sus labios se asoma una prisa… tal vez la de engullir a besos a José Antonio. En su fantasía, la mirada de Paty insiste en invitarlo a recorrerla con los dedos. Toño no puede más con tanta excitación.

De pronto, se ve forzando a salir del trance. Paty, quien continúa con la charla, le ha tocado el brazo accidentalmente y el muchacho ha sentido esa fatídica lluvia que se desborda sin control en la entrepierna. Se siente abochornado pero no puede moverse.

Prácticamente en ese instante el Lic. Sánchez ha salido de su oficina. Paty se pone de pie y regresa a su escritorio. Para el licenciado esta reacción ha pasado inadvertida, pues se dirige directamente al muchacho.

-Toño, nos urge enviar el alcance al oficio de ayer con los formatos requisitados para el Programa Operativo Anual del año próximo. Tienes 10 minutos para hacerlo-. -Sí licenciado- responde aún confundido José Antonio.

Apenada, Paty ofrece ayuda a Toño. Acuerdan que él redactará el alcance y que ella le ayudará con las impresiones y el envío. Es la forma más rápida que se le ha ocurrido para evitar ser descubierto en esta humedad bochornosa, y parece haber funcionado.

Veinte minutos después, el alcance y los paquetes anexos parten rumbo la oficina del Dr. Ignacio Trelles, Secretario de Acciones Redundantes, que los ha solicitado con urgencia. Por la tarde el secretario decide revisarlos rápidamente. Comienza por la hoja que explica el envío:

En alcance al oficio SAR 031945-76, donde se indica la importancia que, para la oficina que usted dignamente representa, tiene la entrega en tiempo y forma de los diferentes componentes programático-presupuestales para el ejercicio fiscal del año próximo, me permito enviarle a usted, debidamente requisitada, la propuesta de Programa Operativo Anual de esta Dirección General. Le envío 15 tantos debidamente sellados y lubricados.

En espera de contar con su Visto Bueno, y sin otro particular por el momento, aprovecho para enviarle un cordial saludo.

Lic. José Luis Sanchez Solá

El Dr. Treyes revisó tres veces el final del primer párrafo. Soltó una carcajada estruendosa después de la tercera. -¡Pinche Chelis, en qué estará pensando!-.

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Burotismo 2.0

Tamara se detuvo antes de llegar a la puerta de la sala de reuniones. Iba enfundada en su habitual traje sastre azul de los lunes. Estaba algo nerviosa y se cambiaba de dedo sus anillos, como si con ese obsesivo juego se le escurriera la angustia.

La Dirección General de Asuntos Intrascendentes (DGAI) de la Secretaría de Acciones Redundantes (SAR), para la cual trabajaba, sería la encargada de coordinar el proyecto que el señor Secretario consideraba como el de mayor prioridad en su gestión: la estrategia de implementación de la Matriz de Acciones de Mantenimiento Actualizado de Directrices de Asistencia (MAMADA), que Tamara había coordinado, y que le tocaba ahora presentar ante los Directores Generales de la SAR, para garantizar el adecuado entendimiento de las metas entre las áreas que operarían la puesta en marcha del proyecto.

Luego de respirar profundamente, Tamara se asomó tímidamente a la sala y descubrió que el lugar estaba prácticamente lleno, en su mayoría de hombres de mediana edad con barrigas prominentes y rostros que reflejaban el desgano por estar a tan temprana hora en una reunión. Una tímida gota de sudor pretendió desprenderse de su frente, pero Tamara la aniquiló al instante, ayudada por un pañuelo. Su respiración se aceleró. Entró a la sala y vió de reojo a su jefe, quien le hizo una señal que indicaba que era momento de comenzar la reunión. Tomó asiento -junto con el resto de asistentes- y acercó el micrófono a su boca recién humedecida por un sorbo de agua.

-Buenos días- dijo en forma entrecortada. Carraspeó un poco y continuó. -A nombre del Dr. Ignacio Trelles, Secretario de Acciones Redundantes les doy la bienvenida a esta reunión. El señor Secretario desea que los acuerdos que emanen de esta reunión contribuyan de forma decidida al éxito de este proyecto-.

Se escuchó a sí misma tan segura y decidida, que de pronto sintió cómo desaparecía esa sensación de vacío en la panza que la acompañaba desde que se levantó. Aun tenía un poco seca la boca, pero Tamara sabía que podía conducir exitosamente la reunión. Con voz firme, dedicó los siguientes 20 minutos a explicar los principales componentes del proyecto y a comunicar las expectativas que el señor Secretario tenía puestas en el mismo. Se aproximaban tiempos electorales y Tamara tenía marcada la encomienda de dejar clara la relevancia de la puesta en marcha de la MAMADA. Luego de un cierre afortunado de la presentación, acompañado de una broma que fue aplaudida por los presentes, abrió un espacio para preguntas y aclaración de dudas.

El licenciado López, Director General de Planes y Programas Rimbombantes tomó la inciativa. -A mi me gustaría saber cómo nos va a afectar financieramente a las diferentes Unidades Responsables el movimiento de recursos que vamos a efectuar para el logro de estas metas que usted acaba de exponer, licenciada-.

Tamara sintió en ese instante un cosquilleo ligero en todo el cuerpo. El tema financiero era su especialidad y sintió que todos los funcionarios presentes estaban momentáneamente en sus manos, llenos de incertidumbre, a su entera disposición. Comenzó a sentirse sexy. Su boca estaba más hidratada que nunca y lista para explicar las adecuaciones presupuestales. Mordisqueó ligeramente sus labios y comenzó a responder.

-Su pregunta es completamente relevante, licenciado- dijo en un tono mucho más dulce y sensual. -Le explico las implicaciones financieras, y a los demás les pido que tomen nota también, pues es muy importante este punto para el éxito de la implementación del proyecto-. Sonrió ligeramente, sin perder esta vocación dirigente que acababa de descubrir.  -Primero que nada, recuerden que todas sus acciones deberán estar alineadas con la estructura programática ya concertada en el Programa Operativo Anual-hizo una pausa de algunos segundos, mientras sentía cómo se le comenzaban a contraer los pezones. La humedad de su boca comenzó a manifestarse en el resto del cuerpo.

-Los recursos los vamos a concentrar en la DGAI. Son recursos que vienen del Ramo 69-. De pronto sintió cómo se estremecía ligeramente y se preguntó por un instante si alguno de los presentes lo habría notado. Ahora esa deliciosa cosquilla se le extendía hasta las rodillas. Pasó saliva con dificultad y notó que sudaba un poco.

Los directores generales seguían atentos a la explicación, como hipnotizados. Hubieran sido capaces de pararse en un pie y acomodarse la corbata en la frente si esta mujer se los hubiera pedido. Al pensarlo, Tamara iba sintiendo calambres cada vez más intensos en todo su cuerpo. No podía evitar disfrutar excesivamente esta dictadura transitoria que le había sido conferida en la sala de juntas.

Continuó con la explicación. -La afectación presupuestaria se hará se hará mediante una introduc… emmm.. un depósito en firme a la cuenta eje de la Secretaría-. Tuvo que dejar de hablar y apoyar su mano en la mesa. Las piernas le temblaban y su respiración estaba lista para competir en cien metros planos. Jamás había tenido sensaciones como éstas. Decidió llevar las cosas al límite.

-Finalmente, quiero comentarles que la afectación líquida de sus proyectos se hará sobre la partida 4000- ni bien terminó de decirlo, una prisa se le amotinó bajo la cintura. Sus rodillas intentaron tocarse sin éxito. Una lluvia muy al sur se le escapó hasta humedecer por completo su ropa interior.

Emitió un pequeño gruñido, casi imperceptible. Una sensación cálida invadió su cabeza y sus oídos se llenaron de vacío. alcanzó a girar los ojos hacia arriba, donde se mantuvieron lo siguientes 10 segundos. Luego, volvió a sentir su cuerpo. Pasó saliva y volteó a ver a los presentes. Todos escribían obedientes las instrucciones que acababa de dar. Respiró tranquila.

Tamara invitó a la concurrencia a hacerle más preguntas pero no obtuvo respuesta. Seguían en trance. Agradeció su asistencia y se despidió de mano de cada uno. No podía borrar su sonrisa. Salió de la sala y se dirigió a su oficina. La cerró con llave y se acomodó en su silla. Cerró los ojos y comenzó a respirar tranquila. Tenía semanas sin poder conciliar el sueño como ahora.

Deseo Coyuntural 2.0

Amelia me espera en aquel café de la esquina. Nos conocimos hace tres días en una fiesta y, tras varias horas de coqueteo, acordamos vernos hoy para comer algo y luego irnos a un hotel.

Al llegar al lugar la encuentro sentada en una mesa junto a la barra. Bebe lentamente un capuchino mientras fija en el suelo su mirada distraída. La sensual estampa que acaba de regalarme ha detonado una explosión de calor en mi estómago. Estoy ansioso por llegar al hotel y recorrer ese misterioso territorio de su piel. Lleva puesta una falda a cuadros que deja ver sus rodillas ¡Adoro observar sus rodillas de forma clandestina, sin que imagine siquiera lo que pienso hacer con ellas!

Ordeno en la barra un café y una rebanada de pastel para compartir. Me aproximo a la mesa sigilosamente para no sacarla de su trance y poderla ver un poco más así, infranqueable. Me siento y unos segundos después intuye mi presencia. Levanta la cara y nos vemos fijamente pero no cruzamos palabra alguna. Así lo hemos convenido desde el principio.

Unos minutos después el mesero deposita en la mesa nuestro pedido y empezamos a comer mientras recorremos nuestros cuerpos con la mirada. Lleva la taza a su boca. Una gota se le escapa de los labios, aterriza en su pierna y se resbala hasta la rodilla, casi tan rápido como lo que ha tardado en recorrer con su dedo el mismo camino en dirección contraria para rescatar esa humedad prófuga que ahora se introduce en su boca. Un cosquilleo en todo el cuerpo acaba de asaltarme. Mis labios están secos y tomo un sorbo. Mi corazón amenza con fugarse del pecho si esto continúa. Ella mantiene intacta su concentración en mis ojos y en el bocado que acaba de dar.

De pronto, Amelia gira un poco su cuerpo y cruza la pierna. Su rodilla se ha flexionado aun más y se ve enorme y apetecible. Estoy tan excitado que ni siquiera puedo disimularlo. Amelia entiende la señal y deja de comer. Se para y me señala con los ojos la salida.

Voy a la barra y saco unos billetes de forma torpe y apresurada. El empleado me mira dos segundos y sonríe como si hubiera visto muchas veces esta escena. Alcanzo a Amelia en la puerta y caminamos rápido hacia el hotel. Al salir del elevador nos espera la habitación 315. Cierro la puerta y nos despojamos atropelladamente de la ropa. Mientras nos besamos, dirigmos nuestros cuerpos hacia la cama. Sus rodillas rozan a las mías constantemente. Mi respiración se desboca e inunda la suya. Ella no imagina aún de donde proviene tanta excitación, pero se suma gustosa a este huracán que forman nuestros cuerpos.

La siento al pie de la cama y empiezo a mordisquear sus rodillas -ella me observa sorprendida pero no me interrumpe-, mientras con mis dedos masajeo la parte posterior. Su expresión de sorpresa comienza de pronto a transformarse y sus glóbos oculares se elevan sin remedio. Los gemidos se le agolpan en la boca y escapan presurosos. Ha dejado de tener control de su cuerpo, que danza al ritmo de mis dedos. Acelero un poco y ella sólo alcanza a tomar mi cabeza con sus manos y echarse un poco para atrás. La melodía que ahora me regala resuena en toda la habitación y, de pronto, sus cantos alcanzan tesituras hasta ahora desconocidas por mí. Acelero más y parece que el tiempo se ha detenido. Estoy tan concentrado en su rodilla que incluso he dejado de escuchar a Amelia.

Súbitamente siento que su mano golpea mi hombro. Levanto la cara, y aunque observo su rostro enrojecido y una sonrisa grande, su mirada es inquisidora. Pareciera estarme diciendo: ¡Carajo Manuel, a que hora me piensas coger!

Me aproximo a su cuerpo y hacemos el amor. Al final de la batalla nos recostamos abrazados en posición fetal, agotados. No alcanzo a descifrar lo que está sintiendo, pero igual es probable que no la vuelva a ver. La abrazo por detrás mientras cobijo sus maravillosas rodillas con mis manos. Suspiro profundo y la observo flexionar sus piernas mientras duerme. A veces me preocupa que esto sea una obsesión.

Un retorno inesperado

Luego de una larga ausencia, finalmente los dos escribanos de este blog hemos decidido regresar a este abandonado pero renovado blog de notas. Ya mi tocayo comenzó a publicar algunas entradas durante el mes pasado y ahora es mi turno. A nuestros fieles 3 lectores les cuento que a partir de esta semana comenzaré a publicar antiguas entradas mías “reeditadas”. Se trata, en principio, de 4 relatos que estoy reescribiendo de forma experimental, como para ir aflojando la pluma (o la tecla, en este caso) y que aparecerán en versión 2.0. Como seguirán publicadas las versiones anteriores, el lector podrá observar la evolución de estos relatos y, por supuesto, comentar sus impresiones ¡A darle pues!

Cuatro golpes

Cuatro golpes bastaron para que Vulkor comprendiera que debía abandonar la ciudad. Dos de ellos le fueron dados por el mismo hombre, en dos ocasiones diferentes. Otro más fue accidental, pero no menos duro. El último, definitivo, le dejó una cicatriz que más tarde ocultó bajo la melena crecida y una barba descuidada. Este es el relato del golpe accidental, así como me fue contado por el propio Vulkor, aunque los videos que más tarde pude revisar le dieron una vuelta al asunto.