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NARRACIONES SOBRE EL SABER/I

septiembre 4, 2008

En el post inicial planteaba que la condición humana poseía una característica angustiante: vivir es incierto. En la historia de la humanidad, suele identificarse a la época conocida como “moderna” como un período formador de “certidumbres” en muchos sentidos.

El discurso de la modernidad prometía la entrada de la humanidad en una vía directa y sin retorno hacia el progreso, de la mano de la ciencia y su método. Comienza entonces un camino sin descanso y sistematizado por descubrir “la verdad”. Detrás de este propósito existe una relación de poder clara: se busca la verdad para entenderla y en esa medida dominarla. Sólo así es posible construir certidumbre.

El punto cumbre de la modernidad ocurre durante buena parte del siglo XX. La llegada del fordtaylorismo busca sistematizar al máximo las relaciones económicas y sociales de producción. La teoría keynesiana legitima el papel activo del Estado en la vida económica. Autores como Huntington identifican el surgimiento en ésta época de una oleada de regímenes autoritarios en muchos países. Se trata de controlarlo todo.

Algunos teóricos identifican que los primeros trazos del fin de la modernidad aparecen en la década de los setenta. La historia empieza a dar paso a lo que se conoce como posmodernidad. Uno de los principales autores ligados al estudio de ésta es Jean-François Lyotard, quien en 1979 publicó su libro “La condición posmoderna. Informe sobre el saber”. Es precisamente de este libro del que les quiero comentar en este y los siguientes posts.

Lyotard plantea la existencia, antes de la llegada de la posmodernidad, de dos grandes relatos que buscan legitimar al saber. El primero es más bien un relato político que plantea que todos los pueblos tienen derecho al saber. El Estado tiene a su cargo la formación del “pueblo” y su conducción hacia el progreso.

El saber se legitima no sólo porque busca la verdad, sino porque busca lo justo. Esto implica que éste se justifica porque de él surge información “practica” que servirá para elaborar prescripciones que conducirán hacia ese bienestar anhelado.

El segundo relato es eminentemente filosófico. El saber se legitima por sí mismo y no por lo que “produce”. Lyotard señala que esto sigue la idea de Humboldt de que la ciencia obedece a sus propias reglas. El matiz en este relato es que, en todo caso, la única función social del saber es la formación espiritual y moral del pueblo.

El ideal humboldtiano es “‘derivarlo todo de un principio original, a la que responde la actividad científica; ‘referirlo todo a un ideal’, que gobierna la práctica ética; y ‘reunir ese principio y este ideal en una única Idea'” (Lyotard, 1979:75). Esta “Idea” implica reunir todos los conocimientos dispersos en las diferentes ciencias en torno a un único lenguaje “racional” y ordenado que los unifique.

En este punto, Lyotard plantea una idea atemorizante: ambos relatos han perdido legitimidad y se han agotado. Sobreviene el fin de la modernidad. La humanidad se encuentra nuevamente en un punto de incertidumbre. La ciencia nos había prometido liberarnos, espiritualmente o porque nos conduciría al progreso, y ya no puede hacerlo más.

En el siguiente post les comentaré cuales son las causas que plantea Lyotard por las que ambos relatos pierden legitimidad y cual es el relato que él identifica como el que se convierte en dominante en la posmodernidad. Saludos.

4 comentarios leave one →
  1. enero 2, 2009 12:28 pm

    Sin duda la ciencia nos otorga una balsa relativamente segura, pero estamos en una tempestad. El siglo de las luces fue también el siglo de las ciencias ocultas. No sólo la ciencia es insuficiente para el espíritu humano, sino que también deseamos que así sea.

  2. enero 2, 2009 12:28 pm

    Además, como ya lo comentaré, la ciencia generó toda clase de cofradías que ofrecen “la verdad” sólo a los iniciados. La ciencia empezó a construir diques tan grandes que alejó a muchos. La ciencia es insuficiente para el espíritu humano porque es sólo un lenguaje entre tantos otros que existen.

  3. Orly permalink
    enero 2, 2009 12:28 pm

    Yo he leído que desde hace milenios, las culturas se dicen ser “moderna” respecto de su antecesora, pero no… La modernidad es cíclica, por lo que no creo que sólo deba existir una sola y exclusiva “era moderna”… ´Sólo es un debraye mío…

  4. enero 2, 2009 12:29 pm

    Estoy de acuerdo en que cada sociedad se define a sí misma como moderna con respecto a su pasado. En cierta forma busca auto-legitimarse diciendo que “lo que tenemos hoy es mejor que lo de ayer”. Me parece que debí haber hecho la aclaración de que el relato de la modernidad del que hablo es el occidental, pues sin duda que muchas culturas orientales, por ejemplo, han escapado a esta historia. Lo que me parece interesante de la forma occidental de narrar la historia es que es de las pocas que admite una fase posmoderna: aquella donde la humanidad se ha desilusionado de su propio devenir, ha abandonado los grandes relatos y se ha decidido concentrar en los pequeños.

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