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En el post anterior les contaba cómo Lyotard plantea la existencia de dos grandes relatos en torno al saber y de su posterior agotamiento. En este artículo les contaré de las razones que plantea el autor para explicar la pérdida de legitimidad de ambos y cuál es el relato que parece convertirse en dominante en la era posmoderna.

En lo referente al primer relato, el del saber como fuente de progreso, el problema es que un enunciado que busca demostrar que algo es verdadero (pretensión científica) no guarda necesariamente relación con uno que busque demostrar que algo es justo. En otras palabras, no hay forma de demostrar que del conocimiento que sirve para comprender una realidad se pueda derivar conocimiento que sirva para modificarla.

La teoría y la práctica enfrentan entonces una ruptura entre ellas porque el lenguaje de la ciencia sigue reglas diferentes al de la vida práctica. ¿Cuantas veces, queridos lectores, no nos hemos enfrentado con “preciosas” teorías que nada tienen que ver con la terca realidad (y que muchas veces ni lo pretenden)?

Por su parte, el relato filosófico, que planteaba la idea de que el saber se legitima por sí mismo parte de una equivocación, según Lyotard. Para sistematizar su funcionamiento, la ciencia ha debido crear su propio conjunto de reglas. Para participar en el juego, los jugadores (científicos) deben asumirlas.

La ciencia se convierte entonces en juez y parte. Busca legitimarse bajo unas reglas que ella ha creado para auto-vigilarse y se premia o castiga según convenga. El problema, de acuerdo con el autor, es que al no encontrar legitimidad en otra cosa que no sea ella misma, termina por convertirse en ideología o en instrumento de poder y pierde la objetividad que buscaba.

Ante esta incertidumbre cada ciencia busca encontrar su propio lugar y comienza a desarrollarse de forma independiente al del resto. Surgen nuevas disciplinas y otras desaparecen. Las fronteras entre varias de ellas van diluyéndose. Al final, nos encontramos ante un conjunto de participantes que no hablan un único meta-lenguaje, que en ocasiones no se entienden entre sí (¿los antropólogos sociales hablan el mismo idioma que los físicos cuánticos?) o que no dominan todos los idiomas existentes. ¡El relato de Babel en pleno!

Esta fragmentación del saber científico da paso a la condición posmoderna. Y dice Lyotard que en la era posmoderna se impone el relato de la performatividad: Ya no es importante la búsqueda de lo verdadero o de lo justo. Lo que ahora importa es la eficiencia. Conseguir con la menor cantidad de insumos la mayor cantidad de “saberes”. En la siguiente entrega les comentaré más respecto de cómo opera la performatividad. Saludos.

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