Etiquetas

, , ,


Y no quiero referirme con esto al “niño que todos llevamos dentro”, sino a la persona que adulta que enfrenta sus problemas igual que como lo haría un niño.

Nada mejor para dejar las cosas en claro como con un buen ejemplo: Pensemos ahora en algún sujeto, cualquiera, que tenga problemas económicos (sé que suena difícil de creer, de imaginarlo siquiera, pero esforcémonos), con un sueldo medio (solo para sobrevivir), pero que gasta el doble de lo que son sus percepciones, que debe la tenencia, el predial, a la financiera automotriz, a Coppel, a Famsa, a sus tarjetas de crédito bancarias (comprando a 6, 12 y 18 meses sin intereses obviamente) y que hasta dejó de pagar su cuota diocesana, pero que continúa gastando como si no estuviera ya en el buró de crédito y los cobradores no se supieran el camino a su casa de memoria. Y como lleva ya dos años seguidos comprando religiosamente su “Melate con revancha”, este fin de semana forzosamente si se le tiene que pegar, puesto que vive en otras palabras en el mundo de la fantasía. Obviamente las oportunidades de que realmente le “pegue al Melate” son muy remotas.

Esta tendencia a la fantasía y al menor esfuerzo son las que nos hacen identificar al Adulto-Infantil, al que no puede y en cierto modo no quiere ver la realidad que le rodea, que no quiere ponerse límites ni enfrentar que tiene que trabajar para conseguir su dinero y esforzarse más si lo que busca es incrementar sus ingresos, en lugar de esperar que la respuesta “le caiga del cielo” (o traducido, que se la den sus padres, que le arreglen la vida, como siempre).

En este Adulto-Infantil, normalmente podemos encontrar más que este simple rasgo de personalidad neurótica, podemos verlos ser muy poco pacientes, berrinchudos, solamente pensando en ellos mismos sin importarles si afectan o no a terceras personas, quieren que los quieran, pero siempre les tienen que demostrar primero el afecto a ellos, ya que ellos no pueden dar el primer paso (recordemos que son como niños).

Se quedaron en una etapa infantil, en la cual no pudieron renunciar al padre del sexo opuesto, del cual quedaron profundamente enamorados (ya que no hay nadie como ellos, obviamente) y esto hace que inconscientemente quieran seguir siendo niños, y que por lo tanto, actúen como tales, aunque sean todos unos adultos, por lo menos cronológicamente, como se puede observar a simple vista…

Caras vemos, inconscientes no sabemos.

Anuncios