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Decepción mexinaca

octubre 14, 2008

Soy poco afecto a escribir sobre los eventos deportivos internacionales, porque para esas actividades abundan los comentaristas, en tales circunstancias las opiniones son como la hora del reloj: todo mundo tiene una distinta.

Pero hay un tema del cual no pude escapar y es la última actuación del Tri en las eliminatorias mundialistas, en la deshonrosa caída que tuvieron contra Jamaica, donde la mayoría de los que llegó a mis oídos eran más o menos del corte: “Ahora Eriksson sabe lo difícil que puede ponerse Concacaf” o “¡ahí está!, no que era tan buen entrenador, ni siquiera puede ganarle a un país chiquitito que apenas sale en el mapa, menos va a poder contra potencias como Brasil o Argentina”.

Los dos argumentos (y los que puedan decirse con el mismo saborcito agridulce) me parecen inexactos, incluso dichos por gente de una miopía severa, gente que vio con las tripas el partido.

Primero porque las eliminatorias en Concacaf no son peores o mejores que las de cualquiera otra zona del mundo, si no fuera así, el mismo fin de semana Austria (un equipo con mucha más historia futbolística) le habría ganado a las Islas Faroe (con quienes apenas empataron a unos) o Francia le habría dado una repasada a Rumania y el técnico galo no estaría en la cuerda floja, a un empate más de ser despedido. El hecho es que el mundo futbolístico es complicado y cualquiera le puede ganar a una potencia, hasta equipos de países que no tienen ligas profesionales, como sucedió con los paisanos y los jamaiquinos.

La única y verdadera responsabilidad en juegos como el de México, es de los jugadores (échenles a ellos, sí, todo lo que se quieran) por no tener la destreza, durante 98 minutos, de no armar ni siquiera tres pases bien.

Giovani dos Santos, dejó en claro que no puede tener más lugar que de suplente en los últimos 20 minutos del encuentro y Rafa Márquez nos dio muestras que no tiene el caracter frío que debe mostrar un capitán y que cada vez que vaya perdiendo se hará expulsar o amonestar por jugadas infantiles en las que saca sus impulsos de mal boxeador, su corazón de zancudo. Dicho esto, esperemos a ver cómo les va mañana contra Canadá. Y aun con todo, seguiré pensando que Sven es un gran técnico, un tipo sesudo que, si sus futbolistas le hicieran el mínimo caso, los resultados positivos estarían volviéndonos locos de la alegría.

¡QUÉ CODITOS!

Me enteré por ahí de que “Paco” Siller, hijo del dueño de los Lobos de basquetbol no le habían pagado unos juegos al velador del Gimnasio Nazario, en que además les limpio la cancha y ayudó a que la casa de la jauría, se mantuviera en un estado decente. Este hecho es más soprendente si tomamos en cuenta todas las ganancias que saca esa directiva gracias a la venta de cerveza en los juegos y los patrocinadores que también “pasan a revisión”; imagínense, nada más la cervecera que tienen nombre de sombrero para reyes les dio a los lobeznos una ayudadita de 3 millones de pesos, según fuentes extra oficiale. Y los señores Siller haciéndole tardado el pago a un “viejón” asalariado. Estoy de acuerdo en que estos son tiempos de ahorrar todo lo que se puede, ¡pero eso ya es exagerar!

One Comment leave one →
  1. enero 2, 2009 12:52 pm

    Ay, el deporte nos muestra desnudos mi buen amigo. La selección no pinta y el deporte local está lleno de basura. Aficionados al beisbol y al básket sobran en la ciudad, pero no parece importarles mucho.

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