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Apuntes para conquistar el mundo a través de un blog: Atanor 2.0

febrero 1, 2009

Todo elemento en el universo cumple con un ciclo. “Nacer, crecer, reproducirse y morir”, nos decían en la primaria. “Cambia, todo cambia” rezaba alguna canción por ahí. Si bien es cierto que todo sistema está preparado para el cambio, al mismo tiempo está preparado para generar condiciones de estabilidad. Fuerzas centrípeta y centrífuga les llaman en la física.

Para garantizar la supervivencia, sociedades e individuos han buscado rodear su cotidianeidad de reglas y costumbres “estables” que les permitan que aún cuando ocurra un cambio, éste se presente en condiciones de relativa “certidumbre”. Abundan en la historia humana los ejemplos de civilizaciones de larga duración en las cuales los cambios, aunque ocurrían, se encontraban institucionalizados y sucedían durante varias generaciones antes de consolidarse.

Incluso, aquellos que prefieren como método de interpretación al materialismo histórico aceptan el hecho de que la transición entre modos de producción ocurre después de un largo tiempo, una vez que la tensión entre “clase dominante” y “clase dominada” (tesis y antítesis en la dialéctica o, si se quiere de nuevo, fuerza centrípeta y centrífuga) se ha resuelto y ha generado las condiciones del nuevo sistema (la famosa síntesis).

Hasta que llegó el siglo XX, de la mano de la Mecánica Cuántica, la Teoría de la Relatividad, la Programación Lineal, la Teoría de Juegos, el Psicoanálisis, la Teoría Keynesiana, el transistor, el automóvil, la cadena de montaje, la Teoría de Sistemas… y un largo etcétera. Entonces, todas las reglas se rompieron. El cambio acelerado e impredecible empezó a predominar sobre la estabilidad.

En los años setenta se enunció la famosa Ley de Moore, que establece que cada dos años se duplica el número de transistores de una computadora, lo que reduce los costos y aumenta el poder de procesamiento y la capacidad de los usuarios. Esto es, que la tecnología caduca aproximadamente cada par de años. Evidencia reciente muestra que la Ley de Moore se cumple cada vez en períodos más cortos. Vivimos en tiempos de inestabilidades.

Nos hemos tomado la libertad de escribirles, queridos lectores, 5 largos párrafos de desvaríos y especulaciones como pretexto para inaugurar una nueva etapa en nuestro querido espacio Atanor. Luego de 5 meses de experimentación y primeros balbuceos entre sus miembros y con ustedes, hemos decidido emprender la primera de nuestras transformaciones; hemos decidido que Atanor requiere un REINICIO.

Estamos planteando un nuevo comienzo que no corte de tajo con lo aprendido y acumulado en estos meses: es más como un cambio de piel. Esto implicara sin duda variaciones con respecto a lo hecho en la primera etapa, pero también continuidad.

Recordar proviene del latín recordari, que se forma a su vez por re (de nuevo) y cordis (corazón). En otras palabras, significa volver a pasar por el corazón. El reinicio de Atanor tiene la intención de re-cordar continuamente entre sus miembros y con nuestros lectores, a través de los diálogos que podamos seguir estableciendo en este espacio creado para experimentar. RECOMENZAMOS ( o si se prefiere, ¡va de nuez!).

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