Skip to content

Esa antigua desilusión

febrero 4, 2009

historia-eclesiastica-indiana-mendietaUna tarde ociosa me llevó a la librería. Allí me encontré con Fray Gerónimo de Mendieta, que escribió su obra hace más de cuatrocientos años. “Historia Eclesiástica Indiana. Tomo I.”

Una introducción armoniosa ha creado una buena expectativa del libro antes de abordarlo. Según nos cuenta Antonio Rubial García, redactor del texto preliminar, al buen Gerónimo, fraile franciscano y español para mas señas, le tocó ese maravilloso y turbulento mundo del encuentro con la América virgen. Pasados los veinticinco años -es una especulación- se embarca a México y ejerce aquí su ministerio por el resto de su vida, con excepción de una pequeña temporada en el llamado Viejo Continente.

Como la mayor parte del clero regular de la época, crea una conexión especial con los pueblos indios, a quienes defiende del abuso de los conquistadores a la manera que le era posible: mediante una larga relación epistolar con la corona y sus diversas jejarquías.

Se puede leer en la introducción:

“La cristianización de América es una compensación que Dios daba a la Iglesia católica por las pérdidas sufridas a causa de la reforma protestante.”

Recordemos que el siglo XVI es también el siglo de la ruptura para la cristiandad europea. Por un lado el demonio se ha llevado ya a muchos países, literalmente, a sus dominios. Por otro lado, otros demonios menores acampan tranquilamente en Mesoamérica, y la evangelización cumple una función salvadora. El destino los ha llevado a equilibrar el universo en América. Esa es la visión de Mendieta y otros de sus contempráneos.

El siglo XVI en Europa es turbulento, se descubren nuevos mundos, los imperios, como siempre, surjen y decaen, la España católica se considera la portadora de la luz. El mundo siempre se mueve, algunos creen que va demasiado aprisa, que ya no es lo mismo, la lucha entre la fe y la razón siembra dudas. Una cita del texto preliminar es la que motiva el título de hoy, en relación al espíritu europeo bajo estas circunstancias:

“La sensación de vacío que dejaban los cambios profundos que afectaban a la cultura occidental crearon un ambiente de incertidumbre, de desilusión y de escepticismo.”

Ya lo ven ustedes.  El mundo cambia y a veces nos sentimos fuera del plan maestro. Así se sentían también las comunidades religiosas de la Nueva España, como aquella a la que pertenecía fray Gerónimo de Mendieta. Tras los primeros años posteriores a la conquista, las órdendes religiosas se hicieron cargo de la conquista espiritual, llegaron a todos los rincones de mesoamérica y aún más allá. Eran indispensables como intérpretes y como una forma de control sobre los pueblos conquistados. Pero apenas 30 años después comenzarona ser desplazados. Una realidad modificada requería ahora la presencia de obispos y demás clero secular, con desventaja para las órdenes monacales. Pero no había de otra. Los frailes funcionaron bien como avanzada, pero la burocracia exigía burócratas: curas y obispos.

“La amargura que reflejaban las quejas de frailes, encomenderos y nobles indios era consecuencia del surgimiento de una nueva sociedad en la cual ellos ya no encontraban cabida.”

Se sentían como adolescentes, pues. Emos. El nuevo mundo ya no les necesitaba.

No sólo la Iglesia tuvo que adecuar su estructura. Lo mismo ocurría con nobles, emigrados, comerciantes, aventureros, buscafortunas.  Fueron adaptándose gracias al dinero que les dejaba el incipiente comercio y el movimiento propio de las ciudades que nacen y crecen. Pero el sucio dinero impuso su ley desde el principio, y nos forjó un destino:

“Encontraron acomodo en la sociedad que surgía por medio de cacicazgos, compadrazgos y mayordomías, y se amoldaron a la corrupción y a la explotación.”

Ya lo decía Jorge Ibargüengoitia (pónganse de pie), somos una sociedad fundada por frailes y soldados. ¿Cuándo romperemos esa marca?

Fuente: Fray Gerónimo de Mendieta. Historia Eclesiástica Indiana. Tomo I. Cien de México. México, 2002.

8 comentarios leave one →
  1. Edgar Sandoval Gutiérrez permalink*
    febrero 4, 2009 1:38 pm

    Compadre, toda una joya este libro!!!… creo que la cristianización de América no sólo fue una compensación de Dios sino un verdadero alivio para la Iglesia Católica, que con el transcurso de los siglos tiene en América Latina a uno de sus principales mercados (o nicho de creyentes, si lo prefieres ver así).

    Por otro lado, es muy interesante ver el caracter cíclico de las cosas… las sociedades cambian, pero los imaginarios tienden a preservarse más tiempo… y luego entonces esa sensación de nostalgia y vacío de la que nos hablas en el post… será que todas las sociedades y épocas pasan por su proceso de Emoización? jejeje un abrazo.

  2. Edgar Valdés permalink
    febrero 4, 2009 1:57 pm

    Sí… lo extraño es que si buscamos una época de euforia por el presente y el cercano futuro, nomás no encontraremos muchas. Digo, quizá en los regímenes totalitarios al inicio muchos eran felices y pensaban que tenían un buen proyecto, pero, cuánto duraba esa luna de miel?

    Y luego los años sesentas, quizá un pequeño período idílico en algunas de las ciudades del mundo…

    Creo que en general las sociedades sólo pasan de conformistas a deprimidas… con pequeños chispazos en medio.

  3. Edgar Sandoval Gutiérrez permalink*
    febrero 4, 2009 11:28 pm

    Pues si, creo que al menos algunos regímenes totalitarios han generado esa euforia mucho más que otros que han sido más bien autoritarios (la mayoría surgidos de golpes de Estado). También algunas “transiciones democráticas” han alcanzado eso por instantes.

    Siempre existirán personas que preferirán mantener el “status quo” (tal vez no porque les haga felices, pero sí porque les resulta menos incierto) y otras que buscarán romper con él… al final creo que sucede lo que se plantea en Matrix: los revolucionarios son necesarios para preservar al sistema… pero por lo mismo siempre encontraremos “decepcionados” (sea porque las cosas están cambiando o porque no lo hacen).

    Pero bueno, el punto es que resulta interesante ver cómo ciertos patrones se repiten a lo largo del tiempo.

  4. Edgar Valdés permalink
    febrero 12, 2009 11:59 am

    He estado releyendo algunos de tus posts y comentarios, y me llama la atención tu enfoque en la incertidumbre. Economistas.

  5. febrero 12, 2009 5:25 pm

    jajaja… hasta en la novela está presente el factor incertidumbre… puede ser defecto de formación, aunque debo decir que la teoría económica convencional le huye bastante a este tema… saludos

  6. marzo 2, 2009 4:43 pm

    Es triste ver como todo se repite, cómo nos afanamos en la ilusión del cambio y al final volvemos a caer en el principio.Todo es circular, pero a veces el círculo es tan grande que creemos avanzar en línea recta.Es ahí donde surge de nuevo la esperanza,la euforia y la luna de miel que tu mencionas.Eso es pasión y la pasión por definición siempre es efímera.¿Podremos alguna vez romper el círculo?

  7. marzo 2, 2009 4:56 pm

    Cruzando los temas, entre comics y libros de historia, recuerdo una tira de Garfield en la que el gato glotón miraba un enorme pastel de chocolate. Era la pasión en estado puro: en el siguiente cuadro Garfield engullía todo de un solo bocado. Remataba en la última parte de la tira: “La pasión es efímera”.

    A la pasión, supongo, siempre sigue el hastío.

    Un saludo, jusamawi.

  8. marzo 3, 2009 5:28 pm

    O la costumbre, que no es lo mismo pero es igual.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: