Etiquetas

, , ,


historia-eclesiastica-indiana-mendietaUna tarde ociosa me llevó a la librería. Allí me encontré con Fray Gerónimo de Mendieta, que escribió su obra hace más de cuatrocientos años. “Historia Eclesiástica Indiana. Tomo I.”

Una introducción armoniosa ha creado una buena expectativa del libro antes de abordarlo. Según nos cuenta Antonio Rubial García, redactor del texto preliminar, al buen Gerónimo, fraile franciscano y español para mas señas, le tocó ese maravilloso y turbulento mundo del encuentro con la América virgen. Pasados los veinticinco años -es una especulación- se embarca a México y ejerce aquí su ministerio por el resto de su vida, con excepción de una pequeña temporada en el llamado Viejo Continente.

Como la mayor parte del clero regular de la época, crea una conexión especial con los pueblos indios, a quienes defiende del abuso de los conquistadores a la manera que le era posible: mediante una larga relación epistolar con la corona y sus diversas jejarquías.

Se puede leer en la introducción:

“La cristianización de América es una compensación que Dios daba a la Iglesia católica por las pérdidas sufridas a causa de la reforma protestante.”

Recordemos que el siglo XVI es también el siglo de la ruptura para la cristiandad europea. Por un lado el demonio se ha llevado ya a muchos países, literalmente, a sus dominios. Por otro lado, otros demonios menores acampan tranquilamente en Mesoamérica, y la evangelización cumple una función salvadora. El destino los ha llevado a equilibrar el universo en América. Esa es la visión de Mendieta y otros de sus contempráneos.

El siglo XVI en Europa es turbulento, se descubren nuevos mundos, los imperios, como siempre, surjen y decaen, la España católica se considera la portadora de la luz. El mundo siempre se mueve, algunos creen que va demasiado aprisa, que ya no es lo mismo, la lucha entre la fe y la razón siembra dudas. Una cita del texto preliminar es la que motiva el título de hoy, en relación al espíritu europeo bajo estas circunstancias:

“La sensación de vacío que dejaban los cambios profundos que afectaban a la cultura occidental crearon un ambiente de incertidumbre, de desilusión y de escepticismo.”

Ya lo ven ustedes.  El mundo cambia y a veces nos sentimos fuera del plan maestro. Así se sentían también las comunidades religiosas de la Nueva España, como aquella a la que pertenecía fray Gerónimo de Mendieta. Tras los primeros años posteriores a la conquista, las órdendes religiosas se hicieron cargo de la conquista espiritual, llegaron a todos los rincones de mesoamérica y aún más allá. Eran indispensables como intérpretes y como una forma de control sobre los pueblos conquistados. Pero apenas 30 años después comenzarona ser desplazados. Una realidad modificada requería ahora la presencia de obispos y demás clero secular, con desventaja para las órdenes monacales. Pero no había de otra. Los frailes funcionaron bien como avanzada, pero la burocracia exigía burócratas: curas y obispos.

“La amargura que reflejaban las quejas de frailes, encomenderos y nobles indios era consecuencia del surgimiento de una nueva sociedad en la cual ellos ya no encontraban cabida.”

Se sentían como adolescentes, pues. Emos. El nuevo mundo ya no les necesitaba.

No sólo la Iglesia tuvo que adecuar su estructura. Lo mismo ocurría con nobles, emigrados, comerciantes, aventureros, buscafortunas.  Fueron adaptándose gracias al dinero que les dejaba el incipiente comercio y el movimiento propio de las ciudades que nacen y crecen. Pero el sucio dinero impuso su ley desde el principio, y nos forjó un destino:

“Encontraron acomodo en la sociedad que surgía por medio de cacicazgos, compadrazgos y mayordomías, y se amoldaron a la corrupción y a la explotación.”

Ya lo decía Jorge Ibargüengoitia (pónganse de pie), somos una sociedad fundada por frailes y soldados. ¿Cuándo romperemos esa marca?

Fuente: Fray Gerónimo de Mendieta. Historia Eclesiástica Indiana. Tomo I. Cien de México. México, 2002.

Anuncios