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Cernunnos ha estado algo ocupado con la escuela estos días. Casi no ha tenido tiempo para entrenar con el equipo de fútbol y eso lo tiene algo frustrado. Un día, al salir del campus universitario decide visitar la nueva cafetería ubicada en contraesquina.

Al llegar al lugar, descubre a una linda mujer atendiendo el establecimiento. Sus ojos verdes lo cautivan inmediatamente al igual que ese aire de despreocupación que muestra ante los clientes. Sus cabellos rubios ondean ligeramente invitándolo a abordarla. Si Cernunnos acabara de llegar a este planeta juraría que esta fémina posee todos los sonidos del lugar; juraría que esta mujer hace música con cada movimiento.

Sin darse cuenta ha entrado a la fila dispuesta para ordenar los alimentos y ha llegado hasta donde se encuentra la muchacha. –¿Que vas a ordenar?- le pregunta ella. Al contrario que con Marta, cuando ella habla todo se vuelve silencio. Sólo se alcanza a escuchar su voz profunda y cavernosa; lenta como asfixia. –Una hamburguesa por favor- contesta apenas el muchacho. -¿C o n   p a p a s?- alcanza a escuchar él. No puede responder nada. Esta mujer en verdad que es asfixiante. El aire se espesa con su sola presencia, pero al mismo tiempo, es cautivadoramente interesante y hermosa. -¿Con papás?- vuelve a preguntar ella. –si, gracias- balbucea él.

Se ha ido a su mesa a esperar la hamburguesa y no deja de mirar fijamente a la muchacha. Definitivamente tiene que saber más de ella. La mujer se acerca para entregarle el pedido y Cernunnos aprovecha para comenzar su plan. –Oye, que bien se ve esta cafetería-; -Gracias, acabo de instalarme hace una semana-; -Espero que la comida esté tan bien como el lugar-; -Pues ojala que te guste y vengas seguido-; -Cernunnos, me llamo Cernunnos-; -no es un nombre común en esta ciudad-; -Lo sé, mi padre me lo puso en honor a un dios celta-; -esa manía de los padres por buscar nombres extranjeros para sus hijos, ¿no?, que casualidad, a mi también me pusieron un nombre celta-; ¿Cómo te llamas?-; -Tanwen, Ana Tanwen; ¿no te parece una combinación estúpida de nombres?, por eso uso el nombre de Ana-.

Cernunnos permanece inmóvil por unos minutos y ella decide marcharse y continuar con sus actividades. Cernunnos recuerda a la mujer de su sueño y se pregunta por qué esta muchacha no es como aquella: ligera y fresca… sutil. Ésta es indigerible, pero al mismo tiempo hipnotizante. ¡Se parecen tanto!

***

-¿En que piensas, Cernunnos?-, preguntó Tanwen al hombre que estaba sentado sobre la colina, observando el valle. -Pienso en el pequeño bosque que se ve allá a lo lejos, en el riachuelo que lo atraviesa, en el follaje que inunda todo el valle… me han contado tantas historias sobre este lugar que por eso decidí venir a conocerlo, pero no se parece en nada a las narraciones fantásticas o terribles que me han hecho… no entiendo porque la gente miente respecto de lo que ve. ¿No sería más sencillo decir que lo que describen como una fortaleza protegida por centinelas de madera que engulle a todo lo que entra en ella no es más que un grupo de quince árboles apilados en desorden o que el río de fuertes aguas que lo cruza en realidad es una modesta corriente de agua? No lo entiendo-.

La mujer evitó decir palabra alguna. Ella misma se sentía abrumada por la hermosa vista. Incluso hubiera sido capaz de describirla con tales adjetivos como los que Cernunnos despreciaba en este momento. Jugueteó un poco con el pasto que se enredaba entre sus dedos como buscando alguna idea, alguna oración que encajara y rompiera este silencio que se volvía cada vez más incómodo. –Cada uno decide ver lo que quiere- se apresuró a decir, -el mundo es un lugar incierto y solitario, y por eso construimos una imagen mezclada entre lo que vemos y lo que queremos ver. Por sí misma, la vida parecería demasiado hostil e insoportable. Cada cual le agrega su pequeño riachuelo o su gran bosque a las cosas. El hecho de que tu lo veas de esta forma significa que, en parte, le estas poniendo los colores y las texturas que consideras adecuadas para darle sentido. Sabes, a veces pienso que no existe tal cosa como lo verdadero. Pero en todo caso, nuestra existencia siempre se construye con una combinación de verdades e interpretaciones sobre las cosas-. Decidió callar de nuevo.

Se sentía satisfecha con la respuesta que había dado, aunque en el fondo, no estaba segura de si ese argumento era su forma de sobrellevar la incertidumbre abrumadora del mundo. Él la miró tranquilo. –es sólo que a veces me siento exhausto ante la forma que asumen las cosas cuando las observo-. Siguió mirando el valle unos instantes y después, se volteó y pasó su mano entre los cabellos de Tanwen. Respiró profundo y le besó los hombros. Ambos se recostaron lentamente sobre la hierba y se dispusieron a observar el concierto de grises que se asomaba en el cielo.

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