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Me da gusto volver a escribir en esta nueva faceta del blog, lamento además la tardanza para hacerlo y pretendo corregir esta situación, poco a poco. Es muy emocionante ver cómo ha evolucionado nuestra página, tanto el diseño, como los diálogos.

Quisiera comenzar hablando sobre las relaciones que establecemos dentro de los centros o lugares de trabajo, el cómo puede ser que algunas personas se adapten tan perfectamente a nuestros moldes del pasado y nos permitan así continuar nuestros juegos, ciclos y conflictos de origen en un lugar tan diferente a nuestro hogar.

Llamémosles transferencias afectivas, reproducción de las constelaciones familiares o compulsión a la repetición, pero los inconscientes de los individuos que conviven mucho tiempo se llegan a entender tan bien, que fácilmente podemos llegar a olvidar con quién tratamos en realidad, confundiéndolos con personas de nuestro pasado, ya sea para bien o para mal.

Debido a este fenómeno, en ocasiones llegamos a esperar demasiado de las otras personas (defraudándonos), llegamos a estimar desproporcionadamente a las mismas (en un periodo muy corto de tiempo) o podemos sentir antipatía por alguien que apenas conocemos (y que probablemente no nos demos tiempo después para conocer mejor), e incluso podemos hacernos mutuamente la vida de cuadritos, al jugar inconscientemente con ellos.

Estos juegos pueden ser tan grandes que se pueden involucrar a las figuras de autoridad y a muchas más personas, y pueden estar relacionados con las llamadas de atención, rivalidad y necesidades de aprobación/desaprobación de los jefes (los padres) que vivimos en el pasado y que puede seguirnos persiguiendo en el presente, si no lo concluimos adecuadamente, esto es si no podemos ubicar el conflicto de origen y seguimos dándole vueltas a lo que vivimos actualmente.

Sé que en ocasiones es muy complicado dejar de jugar, debido a que sentimos que solamente estamos respondiendo a una provocación, que nosotros no comenzamos el juego y que por lo tanto no hay problema en responder como lo hubiéramos hecho en el pasado, pero en la medida en que respondemos a ello, se refuerza inconscientemente ese lazo y en lugar de disminuir las provocaciones, aumentarán. Normalmente el más adulto es el que puede renunciar al placer de jugar (placer inconsciente, como una ganancia secundaria), decide ya no jugar, no “comprarle el boleto” al otro, ya que para poder jugar, se necesitan por lo menos dos personas…

¿Y tú sabes a que juegas?

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