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Yo pido a Borges

marzo 18, 2009

Hace algunos años, por una razón que ya no recuerdo, Alberto Silva me prestó un libro llamado “Diálogos Borges Sabato” -o algo por el estilo-, en que Orlando Barone, a mediados de los años setenta del siglo pasado, recuperaba las conversaciones grabadas de estos dos escritores. Es un libro pequeñito, repleto de magia. Lo habré leído unas tres o cuatro veces, incluyendo una ayer, cuando mi amor por el desvelo venció la cordura del sueño temprano. Pensaba terminar un capítulo antes de irme a la cama, pero la voz de Borges, que imaginaba lenta y sutil, me dejó despierto más de lo esperado.

Los diálogos son cordiales, los temas son deliciosos: el arte, la filosofía, la literatura, la muerte, el sueño, la locura, el Universo, dios. Borges es un escéptico fascinado por la fantasía; Sabato es un creyente, y se esfuerza en cada línea como buscando aprobación. La lectura es amena y las referencias son vastas. Uno puede retomar el libro, y recrearlo -intentar recrearlo- con los buenos amigos. Eso pensaba. Porque en realidad esta conversación que propiciara y grabara Barone, es una instancia de otras conversaciones y otros amigos. Nosotros somos Borges y somos Sabato y somos ese discurso infinito. Nosotros hemos descifrado ya el universo y el tiempo y dios y las mesas de madera. La existencia, pues.

Tengo un buen amigo que casualmente se llama como yo, y que, no tan casualmente, escribe conmigo en esta bitácora. Ayer, anoche, en la lectura de la madrugada, me convencí de que Edgar Sandoval era ese escritor que le gustaba creer y a partir de allí recuperaba el mundo; yo soy Borges, claro, el sentencioso, el budista, el hombre que cree en dios como en un personaje de una terrible y hermosa ficción.

Borges: No sé qué escritor dijo: Les idées naissent douces et vieillisent féroces. “Las ideas nacen dulces y envejecen feroces.”

Sábato: Hermosa frase! Además son siempre los pensadores los que mueven la historia.

Borges: Pienso que toda la historia de la Humanidad puede haber comenzado en forma intranscendente, en charlas de café, en cosas así ¿no?

Sábato: Es un poco la idea de Strindberg, la idea de un Dios histórico. De todas maneras las cosas malas no prueban la inexistencia de Dios, ni siquiera la de un Dios perfecto. Usted acaba de insinuar que cree más bien en los budistas. Si un niño muere, de modo aparentemente injusto, puede ser que esté pagando la culpa de una vida anterior. También es posible que no entendamos los designios divinos, (que pertenecen a un mundo transfinito), mediante nuestra mentalidad hecha para un universo finito.

Borges: Eso coincide con los últimos capítulos del libro de Job.

Sábato: Pero dígame, Borges, si no cree en Dios ¿por qué escribe tantas historias teológicas?

Borges: Es que creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género.

5 comentarios leave one →
  1. Edgar Sandoval Gutiérrez permalink*
    marzo 18, 2009 11:16 am

    Está bien, admito que tengo esa convicción Sabatiana de creer… aunque también me gusta pensar de forma borgiana… pero está bien, tu eres Borges, jejeje… lo que es cierto es que se parecen a nuestras charlas de café donde probablemente creamos alguna historia de la Humanidad, no crees?

  2. marzo 20, 2009 5:34 pm

    Yo no podría pedir uno.Ese diálogo muestra el camino que todos recorremos.Nunca es, claro está, una línea recta y el péndulo de nuestro pensamiento nos lleva de querer creer a no hacerlo,de la transcendencia a la ironía,de lo finito a lo infinito…
    Esta bien eso de que son los pensadores los que mueven la historia.Moverla sí, agitarla también, hacer que avance, eso ya no lo sé.

    Saludos

  3. marzo 23, 2009 1:26 pm

    Edgar: Algo tiene la madrugada o las desveladas, pero sin duda es el mejor momento para arreglar el mundo con los amigos. Ahora que lo dices, me parece que nuestras charlas de café casi nunca incluyen café, con excepción de tu última visita acá a la ciudad.

    jusamawi: Estoy de acuerdo en eso del péndulo de nuestros pensamientos. Me llama la atención que escribas “querer creer a no hacerlo”, en vez de “creer o no creer”.

    Algunos escritores consideran, por ejemplo, que las grandes revoluciones las pelean los marginados, pero que las producen o conducen los pensadores. En lo personal me parece que los pensadores sí mueven la historia, el problema está en determinar si las ideas son “adecuadas” -si puedo emplear esa ambigua palabra.

  4. Edgar Sandoval Gutiérrez permalink*
    marzo 23, 2009 2:08 pm

    Tocayo: es cierto, casi nunca han incluído café… suelen ser o más etílicas o completamente libres de alcohol.

    Respecto de la importancia de las ideas y de los pensadores, el ahora de nuevo famosísimo economista inglés John M. Keynes escribió al final de su libro Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero que todo hombre práctico que se cree excento de cualquier ideología generalmente es esclavo de algún economista o filósofo político difunto y que por ello son más peligrosas las ideas que cualquier interés creado.

    Sin duda que los pensadores suelen tener más influencia de la que creen.

  5. marzo 26, 2009 4:56 pm

    Creer a secas se me hace incomprensible.Pienso que es la voluntad la que nos lleva a creer en algo.Casi nadie cree en Dios.Quieren creer, que no es lo mismo aunque parezca igual.
    Se puede pasar de la idea a la acción.La acción sóla no surge.Es por eso que sí parece cierto que las ideas, en último término, son el motor de la historia.

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