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Genesis (phil collins anda tristecito)

marzo 25, 2009

Hay un pekeño corazón caminando bajo la lluvia de lágrimas, no tiene paraguas, no tiene un pecho a dónde llegar y sentirse aliviado, sólo tiene esa caída de gotas encima y la compartida tristeza ke le regalan los ojos, kienes desde arriba del corazón se deshacen en llanto.

Esta diminuta bomba de sangre lleva un tatuaje, un dragón con sombrero norteño, chaleco de barbitas guapachosas y un acordeón. El dragón suele tocar rolas hermosas, ke le recuerdan a su corazona, con la ke vivió en un mismo lugar: ke algunos han llamado paraíso y otros infierno, pues la tarea de definir ese terruño es complicada, depende de cada corazón, ya ke posee de todo, lo más delicioso y lo ke te hace vomitar, cada cual escoge cómo nombrar lo ke vivió ahí.

El corazón oía la tonada de su dragón y le inventaba una letra, en esta ocasión estaba saliendo algo muy triste, a medida ke la canción avanzaba, los ojos llovían en tempestad.

La escena se iluminó gradualmente, como si le kitaran un poco de polvo al sol, una figura se acercó al corazón, no tenía rasgos definidos, no le podía ver de cerca, parecía un foco recién encendido, como pura luz contenida, tomó al corazón entre sus manos.

“No me gusta la idea de ke tu historia se parezca tanto a la vida de los humanos, pero en una versión más rosa, me empalaga con las primeras líneas”, anunció Dios con esa voz estereofónica recién comprada en una tienda de artículos para cine, “Lo sé, Padre mío, esto pinta como para un melodrama, algo que saldría en una telenovela, pero así es mi vida, muy azucarada, muy amargosa, toda húmeda, estos ojos encima de mí no paran”, se disculpó el corazón.

“¿Te molesta ke lloren tanto?”, comentó Dios con su mueca de sorpresa. “Creí ke te gustaba, ke las lágrimas te mantenían limpiecito, al menos fue lo ke dijiste otras veces”.

“Me gusta, pero no es cómodo para el autor, ahí tienes ke ya le mojamos el teclado de la compu”.

“Es hoja y pluma, recuerda, ya no tiene lap top; pero es mejor así”, dijo El Altísimo, involucrando casi involuntariamente una pincelada de su sabiduría. “Este muchacho es muy descuidado y al tener las hojas mojadas deberá poner más atención cuando las transcriba a la Mac de su trabajo. Él es un autor joven y necesita de segundas oportunidades”.

“Pues muchos las necesitamos, yo, por ejemplo, por eso le pedí ke escribiera mi historia: necesito hallar a mi corazona, a la ke perdí por mis errores al latir juntos”.

“Sí, sí, sí, conozco todos los detalles”.

“Y, ¿por ké no me dices tú, entonces, lo ke debo hacer, dónde buscar para recuperar a mi compañera?”

“Porke es un descubrimiento ke deberán hacer tú y el autor, juntos. Sólo te pido una cosa, escritorcito”, luego pegó su cara bien fuerte contra la hoja. “Convierte al corazón en persona y deja de hacer tantas metáforas para explicar las cosas, confunde un poco. Las entiendo siempre, pero nada más porke todo lo sé, mas en ké líos no meterás a tus lectores para comprender”.

“OK, es un trato”, escribió el autor, después de cerrar y abrir un poco los dedos adoloridos.

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