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CON OLOR A PASTO X

abril 9, 2009

Como el día siguiente era domingo y no tenía que ir a trabajar, Cernunnos decidió seguir un rato más viendo la televisión, mientras digería esto que le acababa de decir su mujer. No podía concebir que algo pudiera contener su propia muerte. –A pesar de tu distancia, no has muerto en mi corazón, Ana Tanwen- dijo en voz alta. Se reprendió a si mismo pensando que su mujer pudo haberlo escuchado. Decidió cambiar de canal y ver cualquier cosa para distraer su mente. De pronto sintonizó un canal extranjero que anunciaba el inicio de una película en 5 minutos. Era un filme francés que por el simple nombre le hizo dejar el control remoto en la mesa.

Se llamaba “Le fabuleux destin d’Amélie Poulain”. La sola idea de conocer un destino fabuloso le maravillaba. -De seguro esta Amélie Poulain nunca supo de la muerte de las cosas. Estoy seguro que ella sabía que la simiente puede convertirse en algo que perdure. No como tu Ana Tanwen. Jamás creíste en ese fabuloso destino que nos esperaba- especuló. No podía evitar sentir una punzada en su corazón al decir esas palabras. Desde el comienzo de la película, Cernunnos no pudo moverse más. Cada diálogo le hacía recordar esa tonada de juventud: la menor, fa sostenido, sol mayor, do mayor, mi menor.

Se imaginó a si mismo en ese pequeño café en Montmarte, donde Amélie trabaja, tal vez en contraesquina de algún campus universitario. Se vio tirando piedras al río, como aquella muchacha de ojos grandes y cabello negro al cuello. Amélie se pregunta cuantas personas están teniendo un orgasmo en ese instante. Después de un catálogo de imágenes muy descriptivo, se responde que quince. Él pelirrojo recuerda que en su adolescencia, en medio de varios partidos, se ha hecho esa pregunta al recibir el balón. ¿Cuántas personas habrían estado teniendo un orgasmo mientras perseguía al ciervo?

La muchacha lo tiene hipnotizado. Ha decidido devolverle a un hombre sus recuerdos de infancia. Le deja, de forma anónima, una caja con pequeños trozos de pasado. La voz en off aclara la intención de la muchacha: “Si Amelie consigue emocionarle, dedicará toda su vida a hacer felices a los demás. Si no, pues nada”. Ante el éxito en su misión, ella decide tomar al destino en sus manos y reparar corazones rotos. El único por el cual no se ha preocupado es el suyo. Amélie sabe que hay alguien más esperándola ahí. Un alma gemela. Ese otro que la llevará por cielos azules esperanza y que con su oleaje la cubrirá toda. ¿De donde ha sacado esta imagen? La película no lo describe así. Pero podría. La muchacha finalmente se encuentra un día con Nino Quincampoix: ese ser misterioso que está destinado a estar con ella.

De pronto ha dejado de ver la película. Se ha visto recostado al borde de una colina junto a una mujer hermosa. Esta mujer le ha dicho que cada quien le pone a la vida los colores y texturas que quiere. Ese bosque que Cernunnos observaba despectivamente de pronto se ha tornado hermoso. Le siguen repugnando las descripciones elaboradas, pero ahora ha podido verlo a través de los ojos de Tanwen. ¿Tanwen? No es aquella muchacha de la cafetería. Ésta vive en una época lejana. Es distante como Ana Tanwen, pero cuando habla no se percibe silencio alguno. Sus palabras le recuerdan cielos rojos como aquel que en esa tarde ambos observan cuidadosamente.

Los árboles a lo lejos le han producido un enorme cansancio. Lo único que puede hacer en este instante es recostarse sobre los senos suaves de Tanwen. Sus cabellos invaden la cara del flacucho y le producen simultáneamente una sensación de asfixia y excitación. La piel suave de esta mujer le recuerda aquel césped terso en el que su equipo de infancia perdió el campeonato. Tiene frente a si la portería franca y el portero lo invita a patear el balón.

Cernunnos no estrellará la pelota en el poste. Esta vez, acertará el disparo. Tanwen desnuda lo invita a tomar el balón y caminar tranquilo hacia el arco. No ofrecerá resistencia; se lo ha prometido. El último defensa está a quince metros de distancia, vencido. Cernunnos avanza lentamente, saboreando este olor a pasto, rumbo al inevitable final. El pelirrojo está a dos centímetros de la línea de gol. Toma un momento para acariciar el césped protegido por los tres palos. Siente una humedad que no tiene el resto de la cancha. Empuja ligeramente la pelota y ésta entra en la zona prometida. El canto de su equipo se escucha más fuerte que nunca. Los alaridos lo ensordecen. Se ha hincado frente al ciervo y lo perdona: se funde con él en un abrazo interminable y llora. Tanwen se recuesta en su pecho y suspira. Con la respiración aun entrecortada balbucea: -la simiente es el fabuloso destino… llegaremos al inevitable final-.

Se ha dado cuenta que hace rato que no pone atención a lo que sucede en la película. De pronto nota que Amélie está desconsolada. Ha perdido a Nino. Está sola en su apartamento imaginando una escena de ese destino que pudo haber sido. Ese que hubiera sido fabuloso, con Tanwen recostándolo sobre sus piernas mientras él le cuenta sobre la formación con que saldrá su equipo ese fin de semana. –Utilizarán un 4-4-2. Aunque a mi en lo personal me gusta más la 5-3-2 con dos laterales que recorran toda la banda. Que corran a lo largo del riachuelo y se encuentren, por derecha a Ana y por izquierda a Tanwen. Aguardando sin decir palabras. Como ciervos en espera-. También le contaría de Angus y Gwen, sus abuelos, entrelazados en la sala, rodeados de cursilería en aquella lejana infancia del flacucho. Ana Tanwen lo reprendería por su visión burlona. –Sigues teniendo el corazón frío, Cernunnos- le diría.

El pelirrojo se regaña porque ha perdido tres segundos de la película. –Ya estás divagando de nuevo- se dice. El timbre del departamento de Amélie suena. La muchacha abre la puerta. Nino la espera y las palabras de Amélie están a punto de inundarla. Él la detiene posando su índice sobre la boca de la mujer. Se aproxima a ella y besa su frente, su nariz, su cuello y remata en su boca. Cernunnos no puede más. Está viendo en este momento a Ana Tanwen regresando al pie de la cama donde este hombre yace inerte, apenas respirando. –Levántate, mi querido ciervo, un fabuloso destino nos aguarda-.

Cernunnos ha dejado de ver definitivamente la película. Se toca la cara y no descubre lluvia en sus mejillas. No obstante, dentro de su pecho un océano feroz se le escurre sobre el corazón. Ya no lo siente frío, sino acuoso. El exceso de humedad le impide encender su fuego. Quisiera tanto ser ese niño que aguarda cada fin de semana para ver jugar a su equipo.

3 comentarios leave one →
  1. abril 14, 2009 1:00 pm

    El destino es uno de esos conceptos completamente alejados de la idea lineal del tiempo. Generalmente creemos que el tiempo avanza del pasado al futuro, pero el destino es algo que ya está allí, no en el futuro, sino en otro espacio. El destino ya está ocurriendo y sólo falta la coincidencia. El destino, además, se entiende como algo que nos atrae, algo que no jala hacia él de forma inevitable. Tus personajes están metidos en el destino.

  2. abril 24, 2009 1:51 pm

    Mis personajes sin duda están metidos en uno de tantos destinos que aguardan en el espacio multidimensional que llamamos universo. Algunas tradiciones místicas hablan de dos tipos de tiempo: el cronos, invención propiamente humana y lineal en los términos que lo planteas; y el kairós, tiempo trascendental que no tiene ni adelante ni atrás, ni lento ni rápido, ni principio ni fin… mis personajes juegan a trasladarse del cronos al kairós algunas veces, aunque no se den cuenta de ello.

  3. abril 24, 2009 1:55 pm

    Lo que planteas me recuerda La historia de la eternidad, un interesante ensayo de J. L. Borges., que trata de cómo la humanidad a enfrentado filosóficamente el problema del tiempo.

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