Caminé entre una muchedumbre más bien debilitada y sombría. Detrás de los rostros enmascarados se asomaba la incertidumbre corrosiva de quien anticipa una derrota. Esquivé, más que cuerpos, sombras angustiosas que rehuyen a cualquier contacto.

Un hombre estornuda, veinte más se alejan horrorizados, una niña lo observa curiosa, un perro busca su mano, el hombre oculta su rostro, salpicado de pecado. Yo te busco entre mares de sinsentido, busco tus labios entre quijadas color cielo. Observo a lo lejos tu sonrisa nítida, tu mirada constante.

Esquivo transeuntes, atravieso cordilleras de tiempo y llego a ti, luz intacta que inunda mi cuerpo. Tomo tus labios y los acomodo entre los míos. Todo lo demás ha dejado de tener sentido: la bruma angustiante que se respira en las calles, el aire virulento, los pasos temerosos, las sonrisas apesadumbradas, nuestros nombres incluso.

Volteas un poco y contemplas ese pequeño resplandor dorado de tu mano y yo contemplo mi rostro inefable en tus pupilas.

Foto proporcionada por Edgar Valdés

El Beso - Gustav Klimt, imagen proporcionada por Edgar Valdés

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