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Hay una canción del bueno de Silvio Rodríguez que reza más o menos así, en una fórmula que me encanta:

…somos prehistoria que tendrá el futuro
somos los anales remotos del hombre
estos años son el pasado del cielo… 

Pertenece al disco Al final de este viaje en la vida, que es al mismo tiempo el título de esta canción. 

Estaba leyendo sobre el libro de Marta Peirano (El rival de Prometeo), y recordé entonces uno de mis pocos augurios, que va más o menos así:

En el futuro -cualquier cosa que ello signifique- los seres humanos seremos diseñados genéticamente.  Seremos más fuertes, más altos y más veloces. Seremos más inteligentes. Viviremos más, casi eternamente o hasta donde alcance nuestro universo. Viajaremos más lejos. Estaremos en más lugares. La Tierra será una leyenda, aunque bien documentada. No seremos más felices, no necesariamente.

Hasta aquí, mi proyección es irrelevante y quizás bastante obvia. Pero mi idea no se encuentra exactamente allí: a lo que quiero llegar, es que los seres humanos no somos un organismo biológico con consciencia y voluntad. Somos casi pura consciencia: nuestro organismo, el actual, es un mero punto de partida. Todo el debate teológico, ético, filosófico, religioso sobre la esencia humana tendrá que cambiar de curso.

Mudaremos sin asperezas, casi sin darnos cuenta. Hoy será común un brazo de titanio, mañana un corazón de plástico, después será imposible reconocernos si despertamos un poco tarde. ¿Qué nos definirá, entonces? ¿Una apariencia humana? ¿El dolor, la incertidumbre quizá?

No lo sé, por supuesto. Pero quisiera estar allí.

…Al final del viaje
estamos tú y yo
intactos

Quedamos los que puedan sonreir
en medio de la muerte
en plena luz…

Silvio Rodríguez. Al final de este viaje en la vida

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