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CON OLOR A PASTO XVI

mayo 21, 2009

A la mañana siguiente, Ana Tanwen despertó consternada. Sabía que había soñado algo que la entristecía, pero no recordaba exactamente qué era. Por otro lado, se sentía contenta porque este día comenzaba su futuro. Así lo había decretado. Se levantó y caminó rumbo al baño. Se miró al espejo y se sintió horrible. No lo era en absoluto. Su mirada era fuerte y al mismo tiempo tierna, profunda como aquel bosque de aquel sueño del que ahora no recordaba detalle alguno. Su quijada afilada la hacía verse mayor. Casi como una veterana de guerra. Por el contrario, la piel de su rostro era suave y fresca. Igual que pasto recién cortado en un campo de futbol.

Desvió la mirada cinco segundos y volvió a encontrarse con su imagen en el espejo. Después de todo no era tan fea, pensó. Dejó que el chorro de agua inundara su cuerpo. Se sintió relajada. Una hora más tarde estaba desayunando y preparándose para abrir su negocio. Salió de casa y se dirigió en su auto rumbo a la fonda.

Al llegar al lugar, bajó del carro y respiró profundo. Entró y empezó a revisar los últimos detalles. A las nueve y media de la mañana inició operaciones el negocio. Durante las primeras dos horas la afluencia de clientes fue escasa. Ana Tanwen ya lo había previsto así. Alrededor de la una de la tarde el lugar empezaría a llenarse, porque era la hora en que los estudiantes de la preparatoria de enfrente terminaban clases. Ella había sido una destacada estudiante y debido al sistema escolar de su preparatoria había podido terminar un año antes. Esto le había dado el espacio y tiempo suficientes para planear lo que seguiría en su vida.

A la una de la tarde con quince minutos llegó el primer contingente. La fonda tenía 10 mesas y todas se habían llenado en cinco minutos. Ana Tanwen había contratado a dos cocineras, mientras que ella se encargaría de tomar las órdenes. Sabía que el contacto directo con su clientela le permitiría hacer crecer el negocio. El fantasma de su papá aparecía de nuevo, pero en esta ocasión ella agradecía que fuera así. El día continuó con un flujo decente de personas y justo a las 8 de la noche la muchacha decidió cerrar la fonda. Regresó a su casa.

De camino se sintió extraña. Había tenido la sensación el día anterior de que algo importante pasaría este día. –Bueno, qué hay más importante que empezar tu futuro- se dijo. Pero era algo más. Algo que estaba relacionado con ese sueño que aun no podía recordar. Decidió no darle importancia.

Un mes después de la apertura de la fonda, Ana Tanwen estaba feliz. El negocio funcionaba aun mejor de lo que ella había esperado y muy pronto iba a poder emprender otros caminos. Había olvidado aquel sueño extraño y la sensación del día siguiente. Ese día había transcurrido de forma regular. Quince minutos antes de las dos de la tarde las mesas estaban llenas y había ya una fila esperando. Ella atendía desde la caja. Tres mesas se desocuparon y empezó a tomar la orden de las primeras personas en la fila. La tercera de ellas era un muchacho pelirrojo de mirada distraída. Al verlo, la muchacha sintió una ligera punzada en el estómago seguida de una sensación de calor. -¿Qué vas a ordenar?- le dijo. Notó al muchacho distraído. –Una hamburguesa- contestó sin mirarla. De pronto levantó la mirada. Ella le preguntó que si quería papas y él no respondió. Le preguntó de nuevo y el respondió afirmativamente.

Era un tipo extraño, pero despertaba en Ana Tanwen sensaciones hasta ahora desconocidas para ella. El muchacho se sentó en una mesa. Cinco minutos después ella le llevó la hamburguesa. –Está muy bien este lugar- le dijo el muchacho. –Gracias-respondió ella y no pudo decir más. –Me llamo Cernunnos. Es un nombre celta-. –Yo me llamo Ana Tanwen, El mío también es celta. Esa manía de los padres por buscar nombres extranjeros ¿no?- contestó. –Si, pero uno termina por acostumbrarse-. –Puedes llamarme Ana si quieres. Todo el mundo lo hace-. –No, Ana Tanwen es un nombre demasiado lindo como para acortarlo-. La muchacha soltó una pequeña risa nerviosa. –Pues ojala que vengas seguido, porque la comida es muy buena- le dijo la muchacha intentando disimular sus sensaciones con un trato más empresarial.-Lo haré- respondió Cernunnos.

Al día siguiente, faltando diez minutos para las dos de la tarde, Cernunnos apareció de nuevo en la fonda. Esta vez se dirigió seguro a la caja y abordó a Ana Tanwen. –Hola, que guapa estás el día de hoy, voy a ordenar una hamburguesa con papas-le dijo. Alabar la belleza de las mujeres había sido siempre la estrategia favorita de Cernunnos para iniciar la conquista. Aunque muchas de ellas lo consideraban trillado y terminaban por contestar con un simple “gracias” para luego marcharse, el muchacho disfrutaba al decirlo. Incluso se podría decir que era sincero cuando lo hacía. Tenía la certeza de que halagaba a 9 de cada 10 mujeres a las que se lo decía y que de esas 9 una, al menos, aceptaría el cortejo.

Había tenido sólo un par de novias. Marta, la actual, era la segunda, pero había tenido sexo con muchas más. Para eso le servía jugar futbol. Había descubierto que su desempeño en la cancha y su cuerpo sudoroso al final del juego les resultaba irresistible a las aficionadas de su equipo. Las palabras no le eran necesarias para esto, por lo que nunca había utilizado la frase mágica. En el caso de Ana Tanwen, esas siete palabras habían provocado en ella nuevamente esa sensación de calor en el estómago y un cierto tono rojizo en sus mejillas. Cernunnos lo notó. –Bien Cernunnos, en un momento te llevo tu orden- contestó la muchacha algo nerviosa. –Que bueno que recuerdes mi nombre- dijo el pelirrojo. –Es un nombre difícil de olvidar-respondió Ana Tanwen sin verlo.

A partir de ese momento, todas las fuerzas del universo se alinearon de tal forma que, justo entre la una con cincuenta minutos y las tres con diez, el número de personas que iban a comer a la fonda fuera reducido. Esto les permitiría a ambos sostener largas conversaciones. Incluso las cocineras empezaron a querer a Cernunnos porque su llegada significaba un descanso para ellas. El segundo día la conversación fue muy sencilla: hablar un poco de cada quien y de sus gustos. Aparentemente había muchas coincidencias. Los dos muchachos se sorprendían, conforme avanzaba la plática, de la gran cantidad de cosas en común que tenían.

El mundo de repente aparentó desaparecer fuera del espacio que ocupaban ellos. Ese día Cernunnos decidió que terminaría con Marta. No se consideraba hombre de una sola mujer, pero al estar Ana Tanwen sentía que no podía seguir más con Marta. Respecto de sus encuentros casuales, aun no sabía muy bien si los iba a suspender, pero ya lo pensaría en su momento. Tal vez de cuando en cuando tocar el pasto humedecido para no olvidarse de cuanto le gustaba pisar la cancha.

2 comentarios leave one →
  1. mayo 21, 2009 9:57 am

    Vuelta en redondo para reencontrarnos con Cernunnos cuando creía que se estaba alejando demasiado. Vuelta al campo de juego.

  2. mayo 21, 2009 10:07 am

    Regresamos para conocer los motivos desde el lado de Ana Tanwen. Cernunnos es algo dramático y para el lector que sólo llegó a las primeras entregas parecería que Ana Tanwen es una hija de puta. Pronto todo el mundo soltará el centro, no desesperes, jejeje

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