Después de un rato de ausencia, aquí están otra vez mis comentarios, en esta ocasión sobre un artículo que salió publicado en el Zócalo de Saltillo (saludos mi buen Flaco), que llamó mi atención, no sólo por el hecho de ser mi tío quien lo escribe, sino porque tiene mucho fondo para analizar… sin más preámbulo, aquí esta:

¿Sabe usted que se celebra en nuestro país el día 20 de mayo? Es el “Día del Psicólogo”, que se establece este día porque en esa fecha fue otorgada la primera Cédula (Licencia) Profesional de Psicología en México. Así que la asamblea general del “Consejo Nacional de Enseñanza e Investigación en Psicología” la estableció como un reconocimiento al trabajo disciplinar que estos extraños seres llamados psicólogos realizan.

Si hay una profesión controvertida y rara en este mundo, esa es la del psicólogo. Su campo de acción no está bien delimitado. Hay una enorme cantidad de egresados que no trabajan en esa actividad, porque estudiaron la carrera en un intento de comprenderse y sanarse a sí mismos, o porque solamente querían tener conocimientos para educar a sus hijos, una vez que los tuvieran, porque fue, durante mucho tiempo, una carrera clasificada como MMC (es decir, “Mientras Me Caso”), o bien porque en las películas y series de televisión presentaban la personalidad del psicólogo como obscura y atrayente. O también porque era una carrera que no tenía matemáticas.

La psicología es una ciencia, ya no tan joven, pero formalmente aceptada dentro del conjunto de las ciencias, que tiene múltiples campos de acción, pero un objeto de estudio muy definido: la personalidad humana considerada en su conjunto y sin restricciones. Sus áreas de aplicación, muy amplias, se agrupan tradicionalmente en educativa, clínica, laboral, social y experimental. Y el beneficiario primero y último de esta ciencia es el ser humano, buscando dotarlo de los medios para recuperar y mantener su dignidad, su expresión y su libertad, preservando lo humano ahí donde lo humano esté. Para comprender este complejísimo objeto de conocimiento, el psicólogo debe prepararse constantemente, no estudiando para vivir sino viviendo para estudiar y aplicar sus conocimientos en beneficio de la sociedad, poniendo su granito de contribución a la evolución y desarrollo de la cultura.

Pero el psicólogo en nuestro país tiene un papel social muy borroso y equívoco. Y ante la falta de definición precisa se ha ocupado de fabricar, para sí, imágenes protectoras. La imagen de cómo quiere que los demás lo vean y la de cómo quiere verse él mismo. El psicólogo no es, en realidad, ese ser misterioso que ve adentro de las personas, que lleva la verdad consigo y que no se equivoca. Esas imágenes están determinadas por una necesidad profunda de esconderse tras una máscara para ocultar sus indefiniciones personales, sus confusiones científicas y su carencia de sentido de utilidad social.

A partir de estas indefiniciones del psicólogo, muchas otras profesiones rozan (o invaden de plano) su campo de acción, haciendo lo que el psicólogo debería hacer, como si fueran similares o intercambiables, y tal vez con la misma dificultad que tienen en medicina los fármacos para demostrar su eficacia. Y para muestra tenemos los cursos rápidos en psicoterapias no científicas, como la mayoría de los adiestramientos en tanatología, en counselling, en neurolingüística, en técnicas de relajación y mil yerbas más cuya eficacia no será jamás probada, y que si algún resultado positivo ofrecen, solo lo deben al efecto placebo, a la sugestión de la curación que el mismo sujeto busca.

Para colmo, todos somos un poco psicólogos empíricos. Quien mas, quien menos, todos nos sentimos poseedores de técnicas que nos han dado resultado y que recomendamos como efectivas, diciéndole al que sufre: “yo, por ejemplo…” y pensando que con ella la persona curará de inmediato.

No es que la psicología sea un conocimiento de élite o una marca registrada. Es propiedad de la humanidad toda y todos deberíamos conocerla, desde la primaria, como se hace con ciencias más consolidadas, como la física o la biología. Si así fuera, aprovecharíamos mejor sus aportes para elevar nuestra calidad de vida y podríamos desenmascarar, con mayor facilidad, a la gran cantidad de estafadores que se aprovechan de la buena voluntad de los sufrientes en provecho propio.

No cabe duda de que ésta es una manera mucho más sencilla de postear, así que mis próximas participaciones dentro del blog, serán de este tipo, así no dejaremos “tan coja” esta página… Saludos y espero que les guste.

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