Bueno, lo prometido es deuda, el tema sobre el que postea el autor a mí me tocó vivirlo en las elecciones del 2003 si no me falla la memoria (que tal vez si lo haga), en el que fui capacitado como escrutador y terminé llenando las actas como buen secretario, ya que la secretaria titular se reportó enferma ese día, convenientemente y nadie más le quería entrar al toro por los cuernos… así que terminé llenando el acta original y sus respectivos duplicados… ¡Que días aquellos!

¿Y usted también se sintió mal por haber sido insaculado? El aceptar la insaculación es uno de los procesos más difíciles para nuestra democracia. Muchos ciudadanos electos como funcionarios de casilla por medio de la insaculación han reaccionado con una angustia tal como si fueran a ser sometidos a un acto de perversión sexual o alguna cosa peor.

Pero la democracia no sólo necesita dinero o discursos para funcionar adecuadamente. También necesita de sus ciudadanos. Usted ha oído en repetidas ocasiones que nuestra democracia es, en términos de gasto público, una de las más caras del mundo. Permítame decirle que cada peso que gastamos en el aparato democrático mexicano, es un peso bien invertido.

Le comento que yo participé, sin pedirlo obviamente, en el proceso de insaculación. Una amable funcionaria del IFE me informó que había resultado seleccionado en ese (al final nada doloroso) proceso y me preguntó si no tenía inconveniente en participar como funcionario de casilla. Le contesté que era un honor para mí hacerlo y fue visible su alivio. Dijo que muchas personas habían inventado mil excusas para no tener que participar. Desde viajes en ese preciso día hasta predicciones de enfermedad futura. Y creo que fue tal su contento que me pronosticó la presidencia… de la casilla, solamente, lo cual no disminuyó mi entusiasmo.

Acepté complacido porque participar en las elecciones, de cualquier modo que sea, es lo único que nos asegura la democracia y para que funcione bien debemos tener la voluntad de involucrarnos para hacerla andar. Se ha hecho una buena campaña para conseguir que todos vayamos a votar este 5 de julio, pero no hemos puntualizado suficiente que ese voto se va a respetar por la intervención de todos los ciudadanos que vamos a ofrecer un día de nuestras vidas a la democracia.

Desde el presidente de la casilla hasta los suplentes, todos lucharemos para garantizar una elección efectiva y auténtica. Sorprendentemente, muchos ciudadanos no quisieron participar, porque sintieron que, aunque aleatoria, no fue justa la selección. Pero el método de la insaculación es el único adecuado para asegurarnos la equidad en la selección de los funcionarios que haremos que estas elecciones sean limpias y se haga prevalecer la voluntad de la mayoría, sea ésta cual fuere.

“Insacular”, nos dice la Real Academia de la Lengua Española, es “Poner en un saco, cántaro o urna, cédulas o boletas con números o con nombres de personas o cosas para sacar una o más por suerte”, y el IFE puso todos los nombres de aquellos que tenemos credencial de elector en un saco cibernético para que nos tocara en suerte ejercer, no solo el derecho de voto, sino la superior responsabilidad de garantizar el respeto de la voluntad popular expresada en todos los votos… aun cuando se vaya a “Votar en blanco”, que es una divertida forma de votar que sólo beneficiará a los partidos que cuentan con votos duros. El día de la elección es necesario que todos los funcionarios de casilla nos presentemos y cumplamos bien nuestro papel para que México siga siendo libre.

Lo que sí, estoy seguro que este 5 de julio voy a ir a votar.

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