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¿Y a usted también lo insacularon?

junio 8, 2009

Bueno, lo prometido es deuda, el tema sobre el que postea el autor a mí me tocó vivirlo en las elecciones del 2003 si no me falla la memoria (que tal vez si lo haga), en el que fui capacitado como escrutador y terminé llenando las actas como buen secretario, ya que la secretaria titular se reportó enferma ese día, convenientemente y nadie más le quería entrar al toro por los cuernos… así que terminé llenando el acta original y sus respectivos duplicados… ¡Que días aquellos!

¿Y usted también se sintió mal por haber sido insaculado? El aceptar la insaculación es uno de los procesos más difíciles para nuestra democracia. Muchos ciudadanos electos como funcionarios de casilla por medio de la insaculación han reaccionado con una angustia tal como si fueran a ser sometidos a un acto de perversión sexual o alguna cosa peor.

Pero la democracia no sólo necesita dinero o discursos para funcionar adecuadamente. También necesita de sus ciudadanos. Usted ha oído en repetidas ocasiones que nuestra democracia es, en términos de gasto público, una de las más caras del mundo. Permítame decirle que cada peso que gastamos en el aparato democrático mexicano, es un peso bien invertido.

Le comento que yo participé, sin pedirlo obviamente, en el proceso de insaculación. Una amable funcionaria del IFE me informó que había resultado seleccionado en ese (al final nada doloroso) proceso y me preguntó si no tenía inconveniente en participar como funcionario de casilla. Le contesté que era un honor para mí hacerlo y fue visible su alivio. Dijo que muchas personas habían inventado mil excusas para no tener que participar. Desde viajes en ese preciso día hasta predicciones de enfermedad futura. Y creo que fue tal su contento que me pronosticó la presidencia… de la casilla, solamente, lo cual no disminuyó mi entusiasmo.

Acepté complacido porque participar en las elecciones, de cualquier modo que sea, es lo único que nos asegura la democracia y para que funcione bien debemos tener la voluntad de involucrarnos para hacerla andar. Se ha hecho una buena campaña para conseguir que todos vayamos a votar este 5 de julio, pero no hemos puntualizado suficiente que ese voto se va a respetar por la intervención de todos los ciudadanos que vamos a ofrecer un día de nuestras vidas a la democracia.

Desde el presidente de la casilla hasta los suplentes, todos lucharemos para garantizar una elección efectiva y auténtica. Sorprendentemente, muchos ciudadanos no quisieron participar, porque sintieron que, aunque aleatoria, no fue justa la selección. Pero el método de la insaculación es el único adecuado para asegurarnos la equidad en la selección de los funcionarios que haremos que estas elecciones sean limpias y se haga prevalecer la voluntad de la mayoría, sea ésta cual fuere.

“Insacular”, nos dice la Real Academia de la Lengua Española, es “Poner en un saco, cántaro o urna, cédulas o boletas con números o con nombres de personas o cosas para sacar una o más por suerte”, y el IFE puso todos los nombres de aquellos que tenemos credencial de elector en un saco cibernético para que nos tocara en suerte ejercer, no solo el derecho de voto, sino la superior responsabilidad de garantizar el respeto de la voluntad popular expresada en todos los votos… aun cuando se vaya a “Votar en blanco”, que es una divertida forma de votar que sólo beneficiará a los partidos que cuentan con votos duros. El día de la elección es necesario que todos los funcionarios de casilla nos presentemos y cumplamos bien nuestro papel para que México siga siendo libre.

Lo que sí, estoy seguro que este 5 de julio voy a ir a votar.

3 comentarios leave one →
  1. junio 9, 2009 2:47 am

    Hombre, ¡es que “insacular” suena a perversión sexual de una manera que no es normal!

    Supongo que la primera vez duele, pero luego ya no, ya no.

    Saludos.

  2. junio 9, 2009 10:37 am

    Jajaja… pues si votar es ya de por sí una perversión sexual (tal vez ligada al masoquismo) supongo que la insaculación es parte del rito iniciático, no?, jajaja… dos precisiones nada más a la nota: la insaculación no se realiza entre todos los ciudadanos con credencial de elector… antes de cada elección se sortean primero las iniciales de los apellidos de entre las que se elegirán personas (hasta las perversiones son selectivas)… de este grupo más reducido se seleccionan a los insaculados… segunda precisión (más bien comentario): el voto en blanco ciertamente beneficia a los partidos con voto duro, pero sin duda afecta a los partidos pequeños, que en su mayoría no tienen propuesta, son más bien negocios familiares, representan la más clara expresión del corporativismo priísta o bien han sobrevivido a partir de alianzas con partidos grandes (sólo el PSD me generaba en algún tiempo cierta esperanza de ser una opción diferente, pero ya no mucho)… así es que aunque no podemos hacer una limpia completa de la clase política, el voto blanco puede servir para deshacernos de los pequeños (y a veces no tanto) parásitos… otra opción que señalan algunos analistas políticos, que no resulta nada despreciable, es diferenciar el voto… es una forma de decirle a los políticos que aunque representan la opción más viable de estabilidad institucional, esperamos de ellos capacidad de negociación y por eso les hacemos menos fácil el camino hacia la obtención de una mayoría.

  3. junio 15, 2009 5:50 pm

    Un artículo publicado hoy en excelsior para contribuir con el intercambio de ideas:

    Decálogo por el voto nudo
    Agustín Basave

    Los comentarios de los lectores en torno a mi artículo del lunes pasado me obligan a revisitar el tema de la anulación del voto. Lo haré sin escatimar obviedades, con la intención de precisar mi postura en un decálogo —cinco posturas generales sobre la democracia y cinco específicas sobre los partidos en México— que expresa mi credo democrático.

    1) Creo en la democracia como el peor sistema que existe, con excepción de todos los demás que se han inventado (WCh). Las bondades teóricas de un régimen democrático son tan grandes como las dificultades prácticas para que funcione bien, pero la peor democracia es preferible a la mejor dictadura.

    2) Creo en la división de poderes y creo en los partidos políticos como un mal necesario porque no existe ni ha existido nunca la democracia directa, ni siquiera en la Grecia clásica. Sin ellos se dificulta la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo y por ende la gobernabilidad democrática, y se facilita caer en el autoritarismo o en la oclocracia.

    3) Creo en el parlamentarismo y creo en la democracia representativa y participativa. Para alcanzarlos es indispensable construir un régimen de una sola mayoría e instaurar el plebiscito, el referéndum y la iniciativa popular. No incluyo la revocación de mandato porque se vuelve redundante una vez superado el presidencialismo.

    4) Creo en el equilibrio democrático entre partidarismo y ciudadanización, que se consolida con la reelección consecutiva de legisladores y las candidaturas independientes. La proporcionalidad tiene las ventajas de contrarrestar la sobre y la sub representación y de propiciar la calidad del proceso legislativo, por lo que no hay que descartar la mixtura ni la alternativa de una Cámara baja puramente plurinominal cuya correlación de fuerzas determine la jefatura de gobierno y una Cámara alta de mayoría relativa plena que elija al jefe de Estado y/o a los integrantes de los organismos autónomos.

    5) Creo en un sistema electoral sencillo y eficiente y creo en el financiamiento público de campañas electorales breves y austeras cuyo acceso a los medios electrónicos se dé exclusivamente por la vía de tiempos oficiales. Quien calumnie tiene que pagar un costo. El modelo ideal, a mi juicio, es el que privilegia las propuestas y los debates entre candidatos por sobre la propaganda negativa y los spots.

    6) Creo que las fronteras que separan a los partidos políticos mexicanos no coinciden con las líneas ideológicas de nuestra sociedad. Las identidades partidistas se traslapan y se diluyen cada vez más. Sería saludable para la política mexicana que el PRI, el PRD y el PAN decidieran refundarse y que surgieran otras opciones. La mayoría de los partidos pequeños o emergentes han sido franquicias o instrumentos de intereses personales, pero elevar demasiado el umbral del registro cerraría la puerta a la oxigenación de nuestro régimen.

    7) Creo que los electores hemos permitido que los partidos se salgan con la suya en su renuencia a depurarse a sí mismos. El reciclaje de personajes impresentables es en todos ellos tan frecuente como impune, y eso sólo se solucionará cuando cobremos facturas en las elecciones.

    8) Creo que la estrategia del voto nulo es una respuesta natural y legítima ante la crisis de la política y que la reacción de las dirigencias partidistas es lamentable. En lugar de satanizarla deberían reconocer que la ciudadanía tiene todo el derecho de recurrir a ella, tomar nota de su inconformidad y abanderar sus demandas.

    9) Creo que sería más eficaz anudar que anular el voto. Atarlo al compromiso de algún partido viejo o nuevo con una agenda consensuada, previa organización de la presión social. Es cierto que el anulismo es un plausible llamado de atención a la partidocracia, y que ya logró arrebatar los espacios mediáticos a las campañas, pero no lo es menos que nuestra legislación electoral es relativista y por eso la anulación ayuda a que se imponga el voto duro, corporativo o clientelar de los gobernadores.

    10) Creo que no debemos perder de vista lo que a mi juicio es el objetivo central de la protesta: renovar nuestro sistema de partidos. Es decir, favorecer la refundación de los que ya existen y replantear las reglas del juego de modo que la mayoría se sienta representada. Entre quienes no militamos hoy en ninguno de ellos hay dos tipos de ciudadanos: los que por principio no quieren tener filiación partidaria y los que no la tenemos porque no hay una opción que nos satisfaga. A ambos nos une una mayor o menor decepción con el statu quo político partidista. Yo respeto a quienes anularán su sufragio pero, como simpatizante de la socialdemocracia, he decidido votar por los candidatos cuyas plataformas se acerquen al centro izquierda.

    Aclaro mi posición porque prefiero las críticas a las nebulosidades. Considero que una de las viejas prácticas que hay que desechar es la de hacer de la realidad una irrelevancia discursiva, y que las sociedades maduran en la medida en que se transparentan y ponen las cartas sobre la mesa. Y termino con un ejemplo y una pregunta que pueden explicar por qué hay tanta gente hastiada de los partidos. La divulgación en Reporte Índigo de una grabación en la que un candidato a alcalde en Nuevo León admite pactos con los narcos ha escandalizado a una opinión pública que ya sospechaba que esas negociaciones son práctica común. Si eso es lo que hacen todos los gobiernos, ¿no sería mejor exigirles que nos digan la verdad en vez de allanarnos a la simulación, castigar electoralmente la estulticia e incentivar las mentiras políticamente correctas?

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