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Psicoanálisis y ciencia, o de cómo todos llevamos a un filósofo en el corazón. El vector x.

junio 18, 2009

En tu respuesta planteas también el asunto de lo empírico. Antes de entrar en el tema, debo decirte que me gusta la ironía con que te refieres a las ciencias duras y, de alguna forma, la comparto.

Sin duda que la reproductibilidad es la cualidad fundamental del método científico. También me parece que uno de los grandes errores del método científico es la idea de que todo aquello que no se puede medir, contar o pesar mediante la observación directa no existe (eso lo aprendí justo de ti cuando asistía al Círculo de Estudios de lo Inconsciente, hace ya una década, porque entonces ¿Dónde quedan las ideas?, ¿Dónde queda la psique?). Estas son las reglas que ha asumido el método científico para legitimarse y sus limitaciones, en todo caso, le imposibilitan ser la única vía para acceder al conocimiento.

Pero aceptemos por ahora la cualidad empírica del conocimiento surgido del psicoanálisis. De entrada te digo que me interesa muchísimo que me pases el estudio con el escáner de positrones, para analizar el protocolo de investigación. También el estudio de Roth sobre las cuatro tesis básicas.

Aquí quiero puntualizar algo. Un estudio que afirme que los cuatro postulados son indudablemente correctos no es científico. En el caso más optimista un estudio científico afirmaría que por el momento no existe evidencia suficiente para afirmar que los postulados son falsos. Asignémosle temporalmente al problema de esta afirmación una de dos explicaciones: un problema de redacción del investigador en su reporte o bien una incorrecta interpretación del lector de las conclusiones del estudio.

Avancemos el análisis hacia lo que se ha dado por llamar como “la administración de pruebas”. El primer problema que enfrenta la comprobación empírica es el de la forma en que es recogida la evidencia.

Como ya se planteó en el post sobre el vector Y, la ruta de comprobación de la ciencia parte de un sujeto que intenta obtener un conocimiento satisfactoriamente exacto del objeto desde un método que pretende ser independiente de aquel. En este sentido, la observación directa tiene la desventaja de que se realiza a través de los sentidos y estos fallan. Se requiere entonces de recurrir a técnicas indirectas para recabar la evidencia.

En este punto, los conceptos que se han construido desde el vector Y son de suma ayuda porque delimitan lo observable. En función de los conceptos se diseñan los instrumentos que servirán para recolectar la información que el investigador requiere y no otra. Hasta aquí nada nuevo.

El instrumento permite operacionalizar las variables teóricas. Permite transitar de los conceptos a las mediciones. Cuando hablamos de medir temperaturas o cambios en masas atómicas la cosa no parece tan complicada. Existe un consenso relativamente generalizado de cómo hacerlo. Cuando entramos al terreno del comportamiento humano esto ya no me parece tan claro.

Supongamos por un momento que lo inconsciente se mide a través de impulsos eléctricos en el cerebro y de reacciones químicas, como presumiblemente se podría hacer desde las neurociencias. La cuestión de transitar de estos elementos hacia interpretaciones de comportamiento conlleva un brinco gigantesco y no se ve claro el puente a través del cual se puede hacer este tránsito.

He escuchado hace poco que una de las críticas de algunos psicoanalistas freudianos a los planteamientos de Lacan es que éste reduce el inconsciente a meras relaciones lingüísticas. Estudiar el inconsciente desde los impulsos eléctricos o las reacciones químicas incurre en el mismo error. El inconsciente es un concepto multidimensional y eso vuelve complicada su operacionalización.

Pero consideremos por ahora (sin saber, porque desconozco el estudio referido) que la investigación consideró otras dimensiones del inconsciente. Se presume entonces que la variable independiente ha quedado correctamente operacionalizada.

Pasemos a las variables dependientes. La principal de ellas, según ha quedado planteado en las cuatro tesis básicas que nos planteas es el Yo consciente, aquel que hace contacto con el exterior (el elemento poiético del aparato psíquico, podríamos decir desde la filosofía). Para medir la relación entre el inconsciente y el consciente, es preciso controlar variables que pudieran perturbar el experimento. Esto es lo común en ciencias.

Para controlar satisfactoriamente variables en un estudio de esta naturaleza tendríamos que considerar sujetos que representaran diferentes características del entorno: personas de ambos sexos, de las diferentes preferencias sexuales, provenientes de diferentes historias familiares, que pertenezcan a los diferentes estratos socioeconómicos, que provengan de diferentes contextos políticos y culturales, etc.

Habiendo considerado todos estos factores, entonces sí podríamos aislar la relación entre el inconsciente y el consciente. Tendríamos un cierto grado de confianza de que como somos democráticos e incorporamos a todos los tipos de personas, ningún factor extraño ejercerá influencia en el Yo consciente.

Hay un problema pequeñito: no se puede estudiar al total de la población mundial. Pero afortunadamente la estadística nos ha dado una solución. Podemos obtener una muestra representativa de la población que nos permita hacer inferencias y generalizar. Otro problema: el tamaño de muestra necesario para un experimento así es de tal magnitud que difícilmente existirían recursos suficientes para llevarla a cabo. Triste es este mundo en el que por la maldita economía no podemos saber, al menos a través de este método, si los principios del psicoanálisis son mundialmente válidos.

Existen además otros problemas: en experimentos dirigidos como las mediciones neurológicas el sujeto (en este caso objeto de investigación) no se encuentra en su estado natural, sino en una situación controlada que puede sesgar los resultados.

Se puede evitar en parte este problema si cambiamos las condiciones. Ya no aislaremos a los sujetos, sino que iremos a su ambiente natural y los entrevistaremos. Esta vía, además de presentar el problema económico de hacerlo con muchas personas tiene otro: el entrevistador es un sujeto extraño y el entrevistado puede mentir, ocultar información o distorsionarla. La evidencia surgida de esta estrategia tampoco nos resulta tan confiable.

No queda de otra, tendremos que recurrir al consultorio para, a través de la terapia, obtener evidencia. ¡Esperen, ya habíamos dicho desde el post anterior que la investigación psicoanalítica y el tratamiento son uno sólo! Así es, sólo a través de la interacción entre analista y paciente se puede obtener evidencia más sólida, una vez que se han activado los mecanismos transferenciales que permiten que el paciente sienta la suficiente confianza para empezar a encontrar información relevante para que trabaje sus conflictos.

Esto representa al menos dos problemas para realizar inferencias. En primer lugar, el analista no puede controlar muchas variables en el consultorio, pero además existe un sesgo de autoselección en la muestra: asiste a la terapia quien cree necesitarla (aquellos que han sido obligados a ir generalmente la abandonarán, a menos que en el proceso se convenzan que efectivamente la necesitaban). Entonces, cualquier conclusión que intente generalizarse sólo podría ser válida para este grupo de personas.

Pero además el analista, durante la terapia, no se cuestiona si sus conceptos son verdaderos. Asume que lo son y se concentra en el proceso de mejora del paciente.

En tu respuesta dices que Anna Buchheim, de la Universidad de Ulm afirma que “Sin duda, para el desarrollo de una personalidad equilibrada es necesario establecer, desde el nacimiento, vínculos emocionales firmes, y si no se hace así, aparecen conflictos psíquicos”, lo que contribuye a la afirmación hecha desde el post anterior de que el psicoanálisis es una disciplina avocada a la prescripción y no al conocimiento científico (porque se ubica en la dimensión de lo justo/injusto, de lo adecuado/inadecuado).

Por el momento, esto es lo que tengo que plantear en el vector X. Ya nada más falta el Z.

4 comentarios leave one →
  1. junio 18, 2009 8:17 am

    Ah, las estadísticas. [link]

    Me parece que esta serie, sin meterme por ahora al debate de si comparto o no la opinión, es de lo mejor que has escrito hasta ahora (de tus posts académicos, claro).

    Espero la siguiente entrega.

  2. Carlos Gutiérrez permalink
    junio 18, 2009 9:51 pm

    Leo con mucho agrado tus respuestas. Espero con ansia el vector Z.

  3. junio 23, 2009 9:38 am

    Hola, no me había dado cuenta hasta ahora que el comentario que me dejaste hace casi un mes tenía un enlace a tu blog. Gracias por la visita.

    Tu blog está muy padre, me late que me voy a mudar a wordpress uno de estos días. Me voy a dar más vueltas por acá, hasta pronto

    • junio 23, 2009 11:56 am

      Un saludo Ben. Bienvenido al blog.

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