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Psicoanálisis y ciencia, o de cómo todos llevamos a un filósofo en el corazón. El vector z.

junio 25, 2009

Por fin, hemos llegado al vector Z después de una considerable espera (bien decía Mafalda que, como siempre, lo urgente nunca deja tiempo para lo importante). De acuerdo con el esquema de Holton, este vector aborda más bien las motivaciones del investigador (mi maestra de Metodología de la Investigación en FLACSO decía que aunque no se trataba de una suerte de ejercicio de terapia psicoanalítica sobre el investigador, bien podría parecérsele).

Debo aclarar, antes de empezar, que mi conocimiento biográfico sobre Freud es más bien limitado, así es que el análisis que en esta parte se haga será sin duda limitado. Más bien me gustaría que este post se convirtiera en un espacio abierto a la contribución que todos aquellos con más conocimiento en la materia pudieran aportar. Holton, en “la imaginación científica” hace un exhaustivo seguimiento de las vidas de los científicos que estudia. Particularmente el trabajo que realiza sobre Einstein es notable.

La revisión de esta parte comenzará por establecer las condiciones históricas en las que Freud construye su teoría. Todo investigador es, en alguna medida, un hombre de su tiempo y no puede escapar del todo a las ideas de su época.

La ciencia surge, como campo estructurado y unificado, a partir de la Ilustración. Aparece como un discurso que busca legitimarse ante la preeminencia del discurso filosófico-teológico propio del Medioevo. Para ello hace uso también de la misma Filosofía para empezar a constituir teoría: hace uso de ella para conformar lo que será su vector Y. La Ciencia empieza a conformarse como el nuevo hijo pródigo de la Filosofía.

Luego llega el siglo XIX y con él la ruptura dolorosa entre Ciencia y Filosofía, por al menos dos razones: en primer lugar, una relativa estabilización en el conjunto de hipótesis que sustentan las teorías, que van construyendo líneas de investigación sólidas en las que va dejando de ser relevante el cuestionamiento del elemento ontológico de aquellas y se va avocando más a la continuación y perfeccionamiento de un discurso y un conjunto de reglas aceptadas entre pares.

En segundo lugar, porque la Revolución Industrial ocurrida a finales del siglo anterior trae consigo la posibilidad de perfeccionar la técnica a niveles hasta entonces insospechados. Están dadas las condiciones para el desarrollo del vector X.

Al mismo tiempo, el perfeccionamiento en la administración de pruebas permite una mejor comprobación de ideas y va robusteciendo la legitimidad de la Ciencia. La vía científica se va conformando como un discurso hegemónico porque además promete que sus descubrimientos significarán un progreso continuo y ascendente de las sociedades.

Esta idea es lo suficientemente seductora para cualquiera y toda nueva disciplina aspira a ser científica. El organicismo en Spencer, la anomia en Durkheim y el darwinismo en muchos campos del conocimiento social decimonónico resultan ilustrativos de esta situación.

El conocimiento se estructura entonces a partir de la vía positivista (sólo lo medible existe) y arroja conclusiones deterministas: las hipótesis que se refutan se consideran falsas y las que no se refutan se consideran como eminentemente verdaderas y universales. El poder lógico de las teorías en Ciencias y el poder demostrativo de sus pruebas permitían que esto fuera así.

Estamos viendo a la Modernidad en pleno. De acuerdo con Habermas, Foucault caracteriza a los científicos modernos, detentadores de este discurso como “pensadores del orden, que toman pié en la teoría del conocimiento de Kant… siempre a la búsqueda de las condiciones universales bajo las cuales pueda decirse que los enunciados sean verdaderos o falsos sin más” (Jürgen Habermas, Ensayos Políticos, 1981).

No obstante, el siglo XX viene a romper este esquema. Ni bien ha terminado el siglo anterior y ya enfrenta cismas importantes: la teoría newtoniana, dominante en Física ha perdido su carácter universal. La teoría de la relatividad y la mecánica cuántica se disputan ferozmente el control discursivo de la Física.

De forma paralela, la hiperespecialización de las ciencias, sobre la base de estructuras hipotéticas estables y el acelerado perfeccionamiento en los métodos de comprobación empiezan a generar nuevos campos del conocimiento y a fragmentar a las ciencias existentes. La diferencia entre ciencias y disciplinas comienza a ensancharse, pero será visible hasta ya muy avanzado el siglo XX.

Éste es el contexto histórico en el que Freud construye su teoría. Es posible identificar, al menos en el primer Freud, una clara influencia cientificista. Conceptos como el de la sublimación son tomados directamente de la química (aunque hay quien afirma que éste concepto lo toma de Nietszche, quien previamente lo había adoptado de esta ciencia, pero hasta donde entiendo, Freud niega influencia alguna de éste, así es que ésta idea podría ser descartable).

Nuestro querido Schlomo también tiene influencias profundas de la Física, puesto que conceptos como las pulsiones provienen de la hidráulica. No obstante, de acuerdo con José Miguel Ribé y Tomás Martín Pinto (“Psicoanálisis, Neurobiología: el fin de una dualidad”), Freud realiza su último intento por establecer una psicología científico-natural en “Proyecto de una psicología para neurólogos”, pero fracasa en el intento puesto que no encuentra posibilidad alguna de establecer neurológicamente la diferencia fundamental entre los procesos conscientes e inconscientes. Freud se avoca entonces a construir un método diferente de investigación, como ha quedado establecido en el post del vector Y.

Habremos de encontrar las influencias del sistema freudiano en otra parte. Adolfo Vázquez Rocca da pistas al respecto, puesto que plantea que en Schopenhauer, que escribe bastantes años antes que Freud, es donde podemos encontrar una fuente importante de estas influencias.

De acuerdo con Vázquez Rocca, para Schopenhauer la sexualidad penetra toda la motivación humana y en este esquema, el intelecto es secundario respecto de la voluntad, que es fundamental porque subyace y anima a todos los fenómenos. El filósofo piensa que la voluntad misma es inconsciente, pero que se manifiesta en el deseo sexual y en el “amor a la vida” de los seres humanos. Ésta es sólo la primera de las coincidencias con Freud.

El filósofo plantea que “El instinto sexual es el más vehemente de todos los anhelos, el deseo de los deseos, la concentración de toda nuestra voluntad” (Schopenhauer, “The world as will and representation” Volumen 2, 1844, p. 514). En tanto que en el prefacio de 1920 a la cuarta edición de “Tres Ensayos de Teoría Sexual” (1905) de Freud se puede leer:

…parte del contenido de este libro -su insistencia en la importancia de la sexualidad en todas las realizaciones humanas y el intento de ampliar el concepto de sexualidad- se refiere a lo que constituye el primer y más enérgico motivo de la resistencia contra el psicoanálisis… Podríamos asombrarnos de ello […] Porque hace algún tiempo que Arthur Schopenhauer… mostró a la humanidad la magnitud en que sus actividades estaban determinadas por los impulsos sexuales -en el sentido ordinario de la palabra. […] Y por lo que respecta al ‘ensanchamiento’ del concepto de sexualidad…, cualquiera que contemple con desprecio el psicoanálisis desde una posición de superioridad debería recordar cuán estrechamente coincide la ampliación de la sexualidad en el psicoanálisis con el Eros del divino Platón (1905, p. 134).

Vázquez Rocca plantea que Schopenhauer señala que el entendimiento “no penetra en el secreto taller de las decisiones de la voluntad”, puesto que:

el entendimiento está tan excluido de las resoluciones y las decisiones secretas de su propia voluntad que a veces sólo las conoce como las de un extraño, espiándolas y cogiéndolas por sorpresa, y debe sorprender a la voluntad justo en el momento en que se expresa a sí misma, para descubrir simplemente sus reales intenciones [1844, 2, p. 209-10].

Mientras que Freud escribe en “A note on the unconscious”:

Lo inconsciente es una fase regular e inevitable del proceso de constitución de nuestra actividad psíquica; cada acto psíquico comienza siendo inconsciente y permanece siéndolo o se desarrolla hasta la conciencia, según encuentre una resistencia o no [1912, p. 264].

Seguimos con las coincidencias. Schopenhauer señala que “la conciencia y el pensamiento humanos son necesariamente fragmentarios por su propia naturaleza” (1844, 2, p. 138), mientras que Freud plantea en “The unconscious” que:

Los actos conscientes permanecen inconexos e ininteligibles si insistimos en afirmar que cada acto mental que nos sucede debe también ser experimentado por nosotros por medio de la conciencia [1915c, p. 167].

De nuevo Schopenhauer dice que “la conciencia es la simple superficie de nuestra mente, y de ella, como si fuera una esfera, no conocemos el interior sino sólo la costra” (1844, 2, 136).

Y en Freud, en “El Yo y el Ello”, vemos que:

Hemos encontrado -esto es, nos vemos obligados a admitir- que existen poderosos procesos mentales o ideas… que pueden producir en la vida mental todos los efectos que las ideas corrientes producen (incluidos los efectos que pueden llegar a ser conscientes como ideas), aunque ellos mismos no lleguen a ser conscientes [1923, p. 14].

También existen pistas sobre la resistencia en Schopenhauer, cuando plantea que la voluntad siempre:

impone su supremacía como último recurso, prohibiendo al entendimiento tener ciertas representaciones e impidiendo que ciertas ideas puedan aparecer en absoluto… Así pues, refrena y constriñe al entendimiento y le obliga a volverse hacia otras cosas. No obstante, esto resulta a menudo difícil, es obligado tener éxito cuando la voluntad es más vehemente debido a que la resistencia no proviene del entendimiento, que siempre permanece indiferente, sino de la propia voluntad, y la voluntad tendrá una inclinación hacia una representación por un lado y la aborrecerá por otro. Así, la representación es en sí misma interesante para la voluntad, sólo porque la excita. Al mismo tiempo, sin embargo, el conocimiento abstracto anuncia que la representación causará una emoción dolorosa sin ningún propósito. La voluntad entonces decide en conformidad con este conocimiento y obliga al entendimiento a obedecer. Esto se llama “ser dueño de sí mismo”, pero aquí el dueño es, obviamente, la voluntad y el servidor el entendimiento [1844, 2, p. 208].

Por otro lado, en “An Outline of Psycho Analysis” Freud señala que “el niño es el padre psicológico del adulto y… los acontecimientos de los primeros años tienen una importancia suprema para toda la vida posterior” (1940a, p. 187), en tanto que Schopenhauer señala, en Essays and Aphorisms de 1851, que:

…las experiencias y adquisiciones de la infancia y la primera juventud llegarán a ser más tarde las características más señaladas del posterior conocimiento y experiencia, […] Así, los sólidos cimientos de nuestro conocimiento del mundo se forma en los años de la infancia más o menos profundamente: después es cristalizado y completado, pero no esencialmente alterado [citado en McGill, 1971].

De igual forma, a la hora de introducir el concepto de instinto de muerte fundamental para completar su esquema de análisis, Freud señala en “Más allá del principio del placer” que:

Hemos dirigido inconscientemente nuestro rumbo hacia el puerto de la filosofía de Schopenhauer. Para él la muerte es el “verdadero resultado y el verdadero propósito de la vida”, aunque el instinto sexual es la encarnación de la voluntad de vivir. [1920, p. 50]

Schopenhauer hace incluso aproximaciones a lo que construirá Freud como su método de la asociación libre de ideas cuando señala que:

La búsqueda de una pista para el recuerdo se muestra de un modo peculiar cuando se ha olvidado un sueño al despertar. Buscaremos en vano lo que pocos minutos antes ha estado presente a nuestra mente clara y brillantemente y que ahora ha desaparecido por completo. Trataremos entonces de aprehender una impresión que haya sido dejada atrás y haya dejado colgando un hilo. En virtud de la asociación, este hilo puede hacer retornar el sueño a nuestra conciencia [1844, 2, p. 134].

Incluso, en Schopenhauer se encuentran reflexiones sobre la importancia terapéutica:

Todo nuevo acontecimiento perjudicial puede ser asimilado por el entendimiento, en otras palabras, puede ser aceptado en el sistema de verdades conectado con nuestra voluntad y sus intereses… Tan pronto como esto ocurre, se hace mucho menos doloroso; pero esta operación en sí misma es a menudo muy dolorosa y en la mayor parte de los casos tiene lugar solo lentamente y con reticencia. Pero la salud de la mente puede mantenerse solo en la medida en que esta operación sea llevada a cabo correctamente cada vez. Por otro lado, si, en un caso particular, la resistencia y oposición de la voluntad a la asimilación de algún conocimiento alcanza un grado tal que la operación no puede culminarse; y en consecuencia, si ciertos acontecimientos y circunstancias son completamente suprimidas del entendimiento porque la voluntad no puede consentirlo, entonces, si los huecos resultantes son rellenados arbitrariamente para poder establecer una conexión necesaria, abocamos en la locura [1844, 2, p. 400].

Mientras que Freud señala en “Psycho Analysis” que: “El éxito terapéutico del psicoanálisis depende de la sustitución de los actos mentales inconscientes por actos mentales conscientes y es efectiva dentro de los límites de este factor” (1925b, 265). Y en “Five lectures in Psycho Analysis” que:

el poder mental y somático de una pulsión, una vez que la represión ha fracasado, es mucho más fuerte si es inconsciente que si es consciente; así pues, al hacerla consciente se debilita. Un deseo inconsciente no puede ser influenciado y permanece independiente de cualquier impulso contrario, mientras que un deseo consciente es inhibido por cualquier otro que sea consciente y opuesto a él [1910, p. 53].

Freud aceptó haber leído a Schopenhauer ya muy avanzado en su vida y por lo mismo minimiza sus posibles influencias, argumentándolas más bien como coincidencias de pensamiento. No obstante, como señala Vázquez Rocca, en las Lecciones de Introducción al Psicoanálisis reconoce explícitamente a Schopenhauer como precursor del psicoanálisis:

Probablemente muy poca gente ha realizado el trascendental descubrimiento para la ciencia y para la vida de los procesos mentales inconscientes. No fue el psicoanálisis, sin embargo, apresurémonos a decirlo, el que dio el primer paso. Hay famosos filósofos que pueden ser citados como precursores -sobre todo el gran pensador Schopenhauer, cuya “voluntad” inconsciente es equivalente a los instintos del psicoanálisis. Fue este mismo pensador el que con palabras inolvidablemente impresionantes llamó la atención de la humanidad sobre la importancia, hasta entonces totalmente subestimada, de los impulsos sexuales (1916-1917, p. 143).

Además, el autor señala que Freud cita tres veces en Interpretación de los Sueños, de 1900, al filósofo y hace énfasis en aquella cita que establece que “el entendimiento es una fuerza meramente superficial que está esencialmente y por todas partes en contacto con la coraza externa, nunca con el corazón interior de las cosas” (1851, p. 301).

Las similitudes siguen a lo largo del análisis de Vázquez Rocca, pero por el momento las dejaremos de lado. Si bien es cierto que no podemos restringir las influencias de Freud a Schopenhauer, su impacto en conceptos clave del psicoanálisis es relativamente clara y nos ayuda a comprender que el psicoanálisis se estructura más desde el discurso filosófico que desde el científico.

A manera de conclusión.

Antes de concluir, quiero comentar que en el artículo de Miguel Ribé y Tomás Martín Pinto se establece que los descubrimientos recientes en neurociencias han encontrado que existen relaciones análogas entre conceptos de éstas y conceptos del psicoanálisis, lo que es diferente a afirmar que las neurociencias han encontrado que los planteamientos del psicoanálisis son ciertos.

Ahora sí, quiero terminar rescatando la idea planteada en el post del vector Y de que el valor del psicoanálisis radica en que se dedica a cuestiones complementarias a las ciencias. Aporta ideas novedosas desde su carácter heurístico a la ciencia y complementa la evidencia de ésta ya que su objeto de estudio es el sujeto. De cualquier forma, las ideas establecidas en esta serie no pretenden ser concluyentes y queda abierto el debate.

8 comentarios leave one →
  1. junio 25, 2009 4:50 pm

    Amigo mío, una serie excelente de entradas.

    1. Buen uso de la información de este cuate Holton.
    2. Una mirada diferente sobre las ciencias y su necesaria crítica.
    3. Un repaso interesante para aquellos que deseen investigar más sobre la epistemología o el siconanálisis.
    4. Una excelente redacción, amena y puntual, gran ritmo.

  2. junio 25, 2009 11:33 pm

    Muchas gracias amigo. El uso de Holton es producto de un examen tormentoso de Metodología de la Investigación en la maestría, que me condujo a un gran libro. Sin duda hay que ejercitar la crítica aun de las ideas que tenemos como seguras… me parece un ejercicio muy sano. Incluso esta serie sobre el psicoanálisis no busca “ganar una discusión” sino aportar y obtener información y conocimiento. Éstas discusiones nunca se ganan, sino que avanzan y evolucionan. Este ejercicio también me ha hecho querer leer más de epistemología psicoanálisis.Respecto de la redacción, aun le sigo viendo muchos defectos, pero me agrada saber que te resulta amena y puntual. Saludos!!

  3. juansaldar permalink
    julio 10, 2009 4:47 am

    Soy un aficionado a las reflexiones en torno al psicoanálisis. Sin embargo, por lo que he podido concluir, pienso que el psicoanálisis podría efectivamente, tener un carácter de ciencia propiamente hablando. Pasa que se encuentra uno varios “vacíos” temáticos al querer establecer puntos de conexión entre las demás ciencias y el psicoanálisis.
    Un primer “vacío” es el de su aplicación. El psicoanálisis detecta y soluciona problemas de la patología en el comportamiento humano, pero aún no tiene aplicaciones muy concretas para la vida cotidiana o “normal”. Esto, en apariencia, pues de manera no visible, el psicoanálisis logra individuos más dispuestos al trabajo y al fortalecimiento de sus vínculos afectivos y sociales. Sólo que la “medición” de esa mejora individual y social es totalmente indirecta. Tal medición atañe enteramente al orden económico, pues el psicoanálisis logra una mejora en la utilización eficiente de nuestros recursos. Trata el psicoanálisis, desde cierta perspectiva, de tener mejores opciones para subsistir en nuestra sociedad y de la subsistencia y permanencia en el tiempo de nuestras sociedades. Esto sólo es posible mediante mejoras en nuestro nivel de vida.
    Este aparente vacío de la aplicación psicoanalítica obedecería a una visión cortoplacista, en la cual nuestros recursos parecen ilimitados y nuestras acciones mínimas, sin consecuencias mayores en lo exterior. Una visión ecologista y evolucionista, tiende a minmizar ese vacío conceptual.
    Un segundo vacío es el del concepto de libido. A “ciencia cierta” lo único que sabemos de este concepto es que existe (quién no ha sentido u observado el deseo sexual, “tensión” sexual, etc..?) y que debe obedecer a una fuente de energía. He optado por una exploración -otra vez- evolucionista hacia el concepto de libido. En qué momento evolutivo los seres vivos deben reproducirse? En qué momento el elemento inerte se convierte en vida? De dónde surge la energía del átomo y sus partículas? Cómo se genera la libido en nuestro cuerpo?
    La física y la biología tienen aún mucho por hacer al respecto, y de ahí el inconmensurable “salto” que encontramos desde éstas hacia el psicoanálisis.

    http://juansaldar.wordpress.com/

  4. julio 10, 2009 8:44 am

    juansaldar: Me parece encontrar una “visión económica” del sicoanálisis en tu comentario. Utilitarismo.

    Bienvenido al blog, un saludo.

  5. julio 31, 2009 5:06 pm

    Juansaldar, mil gracias por comentar… hasta ahora puedo responderte. Pues los vacíos que identificas no me parecen tales. Por supuesto que el psicoanálisis detecta y soluciona problemas en el comportamiento humano y la evidencia de que ello sucede es más que contrastable (empezando por el paciente mismo, que percibe una mejora). Pero eso nada tiene que ver con el caracter científico (o no) del psicoanálisis, porque la ciencia es un discurso avocado al descubrimiento de la verdad, no de la justicia (que sí es un discurso propio de las disciplinas prescriptivas como el psicoanálisis). Pero me agrada que entres al debate y con mucho gusto seguimos intercambiando ideas.

  6. agosto 1, 2009 11:47 pm

    Juansaldar, continuando con el comentario anterior, cuando hablas del concepto de líbido le das al clavo a uno de los puntos que he querido establecer en esta serie de posts: efectivamente el concepto no sólo existe como tal, sino que es un fenómeno real, pero los métodos y conceptos construidos desde la ciencia no han sido capaces de medirlo de forma satisfactoria. Por ello coincido contigo en que a la Física y la Biología les hace falta un largo camino. De ahí la importancia de campos del conocimiento como el psicoanálisis, porque proveen a las ciencias de estrategias novedosas para abordar este tipo de problemas. El punto es que la estrategia epistemológica de las ciencias les limita en mucho para poder arribar a descubriemientos avanzados en materia de comportamiento humano. De ahí el valor e importancia del psicoanálisis: como campo no científico está excento de las ataduras propias de las ciencias y permite la generación de conocimientos útiles por otras vías igualmente legítimas desde mi punto de vista.

  7. Emiliano Pérez permalink
    agosto 4, 2009 10:10 pm

    Hola. Escribo por la cita de Schopenhauer del Mundo como voluntad y representación que he visto aparecida varias veces en otros artículos: 1844, 2, p. 208
    ¿Alguien sabe cuál es la referencia en la paginación que sigue la tercera edición realizada por Schopenhauer?
    Muchas gracias

  8. agosto 4, 2009 10:30 pm

    Emiliano, no lo se, pero si la encuentro con gusto te la paso. Gracias por comentar.

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