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Echomythia back coverA la manera de Kyle Broflofski, aprendí algunas cosas cuando presencié el concierto de guitarra que ofreció Dimitris Kotronakis anoche en la ciudad. Se trataba de un concierto de música clásica (en realidad era música clásica y moderna, desde Korsakov hasta Faÿs, pero supongo que entienden el punto).

Llegamos temprano, nos formamos educadamente para obtener los mejores lugares -el concierto era gratuito. A las 8.00 se abrieron las puertas de la sala de concierto y tomamos nuestros asientos. Dimitris apareció con un poco de retraso, cuando habían pasado quizá 5 minutos desde la tercera llamada. Nada grave. Nos brindó una interpretación conmovedora y virtuosa. Al iniciar el intermedio, salimos y nos retiramos a casa. Aproveché para comprar su último disco, Echomythia. Todo perfecto.

Algunas cosas llamaron mi atención en los 35 minutos que estuvimos allí:

  1. Cuando observo al intérprete ejecutar esas operaciones virtuosas con sus manos, en ocasiones me distraigo demasiado y dejo de escuchar la música.
  2. Todavía hay personas que dejan encendido su teléfono al momento de asistir a un concierto. No hace daño que suene el timbre cuando escuchas otro tipo de música, pero en estos casos es muy desagradable.
  3. La mitad de los asistentes eran adolescentes y jóvenes menores de 25. Me siento mayor cuando veo sus atuendos y me causan gracia. Mucha. La otra mitad eran personas “de edad”.
  4. Es difícil saber cuándo aplaudir. Si interpretan alguna de esas piezas de Bach que se repiten cada año, es relativamente sencillo darse cuenta, uno ya tiene el oído y las palmas entrenadas. Pero cuando se interpreta a Stëpán Rak, ni idea. Generalmente esperamos a que el propio músico nos haga una seña. Al cabo de dos melodías, ya sabemos cuándo ha dejado de tocar y espera nuestro aplauso. Aprendemos rápido.
  5. A pesar de que somos una cultura más bien ruidosa, bulliciosa, inquieta, somos capaces de quedarnos tranquilos y en silencio durante más de media hora. ¿Por qué es tan fácil? Nadie nos dice que guardemos silencio, es una actitud sobreentendida. Muchos de los asistentes aún son alumnos de alguna escuela o instituto, donde deben dispararles dardos tranquilizantes cada 15 minutos. Las música calma a las bestias, así dicen.
  6. Se agradece bastante que el repertorio sea tan variado. No tengo nada en contra de Bach (es el músico del cual tengo más discos), pero cada edición del Festival de guitarra esta plagada de su Clave. Es refrescante escuchar música nueva.
  7. Actualización: Después de escuchar el disco durante todo el día, puedo afirmar que me gusta la música de Stëpán Rak. Un buen descubrimiento.
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