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Hace algunas semanas, mi tocayo publicó un post sobre las 4 posturas que él encuentra ante Dios. Luego del acalorado intercambio de opiniones que se suscitó con aquel escrito, decidí publicar éste, con las mismas limitantes de simplificación de aquel, ahora sobre las diferentes visiones de las personas respecto de la historia (y desarrollo) de la humanidad. Veamos:

1. El pesimista lineal.

Esta postura es típica de aquellos creyentes de las religiones judeo-cristianas, pero también se observa en los de otras religiones y corrientes filosóficas. Parte de la idea de que en el principio existió un estado perfecto y paradisiaco de las cosas. A partir de ahí, la historia de la humanidad resulta de una ruptura con ese momento, luego de la cual comienza la descomposición creciente de lo humano y lo social, sin retorno.

Esta postura queda representada por aquella frase de que todo tiempo pasado siempre fue mejor. La solución discursiva de esta opción es la idea de la Salvación, sólo disponible para aquellos que se han mantenido incorruptibles ante la degradación o para aquellos que, sumidos en la podredumbre, han logrado recomponer el camino… el resto de los mortales quedará condenado. Una solución optimista de esta corriente plantea la idea del retorno intencionado y masivo hacia los orígenes.

2. El optimista lineal.

En esta categoría podemos encontrar a una buena parte de los que se identifican con el discurso científico, con religiones como el budismo y con corrientes filosóficas como la hobbesiana. Aquí, el orígen de la humanidad estuvo caracterizado por el caos, la ignorancia y las bajas pasiones. De aquí, viene también una ruptura caracterizada por el constante progreso sin vuelta atrás de las personas y las sociedades.

La frase característica de esta visión bien podría ser la de que lo mejor está aun por llegar y su solución discursiva está representada por la Búsqueda de la Verdad (y el Conocimiento), la Iluminación o bien, la Racionalidad Absoluta… en el final (o en el límite) todos llegarán a estados abundantes de alguna, varias o todas estas características. La solución pesimista de esta visión reconoce que las pasiones humanas y los intentos de retorno al estado caótico son naturales y que la única vía para garantizar el progreso es el diseño de estructuras institucionales (reglas y estructuras de autoridad) que regulen tales pasiones e intentos.

3. El lúdico iterativo.

Dentro de este tercer grupo encontramos a una parte de los pensadores posmodernos, así como a algunos politólogos, sociólogos, economistas y representantes de la Teoría de Juegos. En esta postura no existe necesariamente un orígen y un desarrollo. La historia es más bien una constante repetición de Juegos (estructuras de comportamiento) en las que los jugadores interactúan en torno a ciertos fines que dependen de las motivaciones de aquellos o bien de situaciones absolutamente contextuales. Aquí, la constante son los juegos y lo que cambia son los resultados, dependiendo de cómo se comporten las variables: a veces se avanza y a veces se retrocede, aunque en realidad no existe un adelante o un atrás, sino soluciones diferentes.

Su frase bien podría ser Todo depende del cristal (o del juego) con que se mira. En este grupo no existe una solución discursiva única, ya que algunos suelen tomar una postura más bien relativista y de múltiples soluciones, en tanto que otros tienden a ser absolutistas y a plantear que toda interacción se da en torno a juegos ya establecidos. La solución realista de esta visión reconoce que la experiencia va modificando la interacción social y generando ciertos progresos en ésta o bien, que existen estructuras de poder que pueden sostener la situación actual por tiempo indefinido.

4. El caótico realista.

Este último grupo abarca una amplia gama de posturas, desde la pragmática hasta la desesperanzada. Los partidarios de esta visión identifican un único inicio y final: las cosas siempre han funcionado de la misma forma y así lo seguirán haciendo, sin orden aparente y como un gran espacio probabilístico de acción. Hoy se está arriba y mañana abajo; y no han existido más que beneficiarios particulares de la historia, para bien o para mal.

No existe una frase única que los caracterice, porque ni siquiera hay un ánimo de identificación con otros, sino una absoluta preocupación por uno mismo y su supervivencia. Su solución discursiva está caracterizada por la Aceptación o bien, su prima venida a menos: la Resignación.  La solución idealista de esta visión sospecha que existen fuerzas más allá de nuestra comprensión que manejan los hilos de la historia y ante las cuales existen dos grandes opciones: aceptar nuestro destino o hacer uso de nuestra voluntad para escapar de él.

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