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Creo con severidad que una bitácora como ésta no fue pensada para servir de cámara de ecos. Que no vale la pena dedicar preciosos minutos de tu existencia para robar lo que otro blog ya ha seleccionado y publicado. Creo en la disposición de crear, de inventar, de componer. De aportar una nueva frase para el vacío interestelar. Que otros se dediquen a publicar lo que otros ya han publicado, a repetir hasta el infinito las mismas frases, anécdotas, cadenas, chistes, imágenes.

Pero sucede que a veces, citando a Serrano, algo te eriza la piel y no puedes hacer más que decirle al mundo la belleza que has encontrado, en espera de que otros, como tú, queden ciegos de luz y enamorados de poesía. Sucede que a veces tienes que repetir lo que otros ya han dicho, porque no quieres cometer el crimen de encontrar la verdad, y callar.

Valga lo anterior por lo siguiente: estoy leyendo las Meditaciones de Marco Aurelio, y no puedo hacer otra cosa sino copiar y pegar algunos de sus magníficos párrafos.

Esto es todo lo que soy: un poco de carne, un breve hálito vital, y el guía interior. ¡Deja los libros! No te dejes distraer más; no te está permitido. Sino que, en la idea de que eres ya un moribundo, desprecia la carne: sangre y polvo, huesecillos, fino tejido de nervios, de diminutas venas y arterias.”

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“Preciso es que a partir de este momento te des cuenta de qué mundo eres parte y de qué gobernante del mundo procedes como emanación, y comprenderás que tu vida está circunscrita a un período de tiempo limitado. Caso de que no aproveches esta oportunidad para serenarte, pasará, y tú también pasarás, y ya no habrá otra.”

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¡Cómo en un instante desaparece todo: en el mundo, los cuerpos mismos, y en el tiempo, su memoria! ¡Cómo es todo lo sensible, y especialmente lo que nos seduce por placer o nos asusta por dolor o lo que nos hace gritar por orgullo; cómo todo es vil, despreciable, sucio, fácilmente destructible y cadáver!”

¿No es más valioso reflexionar por mi parte e intentar mis propias meditaciones? Quizás. Pero, ¿cómo privarlos de esta sencilla sabiduría? Lean a Marco Aurelio, lean sus Meditaciones. Es todo lo que puedo decir.

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