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Bacon y Borges: Dos utopías

enero 16, 2010

El tiempo, una de las preocupaciones fundamentales en la prosa del argentino, dio uno de sus mejores frutos en el relato Utopía de un hombre que está cansado. Emparentado con El Inmortal, del mismo autor, en este cuento J.L. Borges se adentra en las posibilidades de una humanidad futura, milenaria, y en el desarrollo intelectual, sicológico, de sus personajes.

Más que detallar un futurismo con luces multicolores o transformaciones biológicas inquietantes, el autor opta por un camino más cercano al ocaso, al apocalipsis silencioso.

Los hipotéticos descendientes humanos viven en una enorme llanura solitaria, aislados los unos de los otros por varios kilómetros de distancia. La ciencia ha perdido su interés, y se confunde con los intereses prácticos (construir una casa) y con los pasatiempos más tranquilos (la morosa relectura de apenas unos cuantos libros). La literatura es una sola, sin distinguir lo histórico de lo novelesco. La vida de los hombres se alarga interminablemente, y son ellos quienes deciden el momento propicio para su muerte, como quien decide salir de paseo, por fin, para tomar un poco de aire fresco.

La inmortalidad, en Borges, conduce al hastío, a la nostalgia de la muerte.

Francis Bacon escribe La Nueva Atlántida en 1626, y en ella tenemos una desconocida isla del pacífico sur. Tenemos el debido exotismo de un libro que se sitúa en un Nuevo Mundo. También agrega elementos hebreos, bíblicos más bien, a su ficticia civilización milenaria. Lleno de colorido y localismo, el breve libro explora la posibilidad de una población emparentada con la mítica Atlántida que ya conocía Platón y que aún anhelan los neo-místicos. Sin embargo, fuera de las delicias que puede causar en los lectores de símbolos, en los fervorosos adeptos de la hermenéutica, es poco lo que ofrece esta obra del filósofo inglés. Una pequeña ocasión para la reflexión y nada más.

La trama es simple: un barco extraviado encuentra una isla oculta. Los habitantes les conceden el privilegio de ver y aprender sus costumbres. Su ciencia y cultura son maravillosas, mágicas. Son un pueblo más avanzado, como suele acontecer en estos relatos, en que sólo existen pueblos bárbaros y pueblos modelo. Todo aquello que nosotros mismos no somos. El relato sobrevive en un manuscrito que redactan los viajeros.

Tiene mucho de exposición pedagógica el libro, de visita guiada, de museo.

(Al final, veo que dejé fuera a Thomas More).

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