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Cuando estudiaba la maestría, hecho que he contado un poco en este blog, tomé varias materias de Teoría Política que me acercaron a una visión completamente nueva de las realidades sociales (mucho más amplia que los textos de Economía que utilicé en la carrera, sin duda) y cambiaron mi manera de entender las cosas.

Entre ese grupo de textos, autores e ideas, uno en particular me pareció desafiante por su claridad e irreverencia: Michael Foucault. En aquellos entonces leí un poco sobre sus planteamientos en torno al poder (y su desarrollo histórico), pero supe también de una serie de libros que escribió sobre la sexualidad y cuya publicación quedó trunca (sólo 3 volúmenes de al menos 4 planeados): Historia de la Sexualidad.

Mi cercanía con la psicología (vengo de una familia formada por muchos integrantes de este clan) y gusto por el estudio de la misma hicieron que me resultara más atrayente leer esa parte de Foucault.

Por uno de esos caprichos bien planeado de ese niño llamado destino, en esa época no llegué a leer ninguno de los 3 libros. Por otro de esos mismos me encontré hará un mes y medio el segundo de los tomos de Historia de la Sexualidad (El Uso de los Placeres, se titula) en edición de bolsillo y en oferta. No dudé en comprarlo.

Hace como un mes comencé a leerlo, despacio, saboreándolo. Debo decir que hasta ahora me va gustando mucho su estilo de plantear las ideas. Regularmente no me gusta hablar de un texto hasta que lo termino de leer, pero en el inicio de su libro me encontré con una serie de conceptos y relaciones que me pareció por demás interesante. Sobre ello les escribiré en este post.

Foucault inicia este tomo explicando sus motivos para escribirlo. Quiere revisar las relaciones entre moral, ética y sexualidad en la Antigüedad (Grecia y Roma, básicamente) y la era Cristiana. Busca, entre otras cosas, destruir el mito de que la moral griega o romana eran fundamentalmente laxas en lo sexual, en contraposición con una marcada rigidez en el tema a partir de la era cristiana.

Foucault se concentra más bien en la transicion discursiva de la sexualidad entre ambos períodos y la interiorización que hace el sujeto de tales cambios. En particular se pregunta, entre otras cosas, cómo fue que la actividad sexual irrumpió en la cotidianeidad del sujeto para volverse objeto de debate y reflexión.

Para responder a esta cuestión, desde el plano metodológico, más que empírico, hace una revisión del concepto de moral e introduce la idea de la “práctica de si”.

Respecto de la moral, distingue dos grandes nociones. En la primera se habla del conjunto de valores y reglas de acción que les son propuestas tanto a personas como a grupos a través de “aparatos prescriptivos” como la familia, las iglesias o las instituciones educativas. Este conjunto de reglas y valores puede llegar a estar explícita y coherentemente formuladas, pero también puede ser transmitido de forma difusa permitiendo tanto compromisos como escapatorias.

Pero también se puede entender a la Moral como el comportamiento real de las personas con respecto a este conjunto de reglas y valores que le son propuestos. Esta noción parece gustarle más a Foucault porque permite definir en qué medida los sujetos aceptan o transgreden la Norma; es decir, cómo se comportan en relación a un sistema prescriptivo del que tienen conciencia relativamente clara.

El autor va más allá y plantea que una cosa es la regla de conducta y otra es la conducta que con tal regla puede medirse. Esto es, que ademas de un código y un conjunto de acciones (convergentes o divergentes con respecto de ese código) existen diferentes formas de conducirse moralmente. Es decir que la persona es, más que un agente (que actúa en el sentido o en contrasentido con la norma), un sujeto moral de la acción.

Para ejemplificarlo plantea que una norma sexual puede solicitar de los cónyuges fidelidad estricta y simétrica. Aun aquellos que cumplan con la norma encontrarán que existen muchas formas de ser fieles (una podría ser por la convicción de serlo, otra por la convicción de tener auto-dominio de los deseos, entre otras). En este punto, introduce el concepto de “determinación de la sustancia ética”; es decir, “la manera en que el individuo debe dar forma a tal o cual parte de sí mismo como materia principal de su conducta moral” (Foucault, 1984:27). 

Otra elemento que por supuesto interviene es el “modo de sujeción”, es decir, la forma en que el sujeto establece conscientemente su relación con la Regla. Un elemento adicional es la forma en que las personas intentan transformarse en sujetos morales de sus propias conductas; es decir, el trabajo ético o estrategia de acción que el sujeto decide cotidianamente en torno a la regla.

En el fondo, Foucault está hablando de que cada persona encuentra un sentido particular en la Norma y en esa medida actúa en torno a ella. Toda acción moral, dice, implica una relación con la realidad (con el exterior, podríamos decir), pero también consigo mismo, puesto que actúa sobre sí mismo para conocerse y perfeccionarse, lo que constituye la “práctica de sí”.

Entonces, toda moral implica códigos de comportamiento y formas de subjetivación. Por ello, no se puede hablar, por ejemplo, de la Moral Cristiana, sino de las Morales Crsitianas, toda vez que existirá un sinnumero de formas de “vivir” la Regla, que dependen también del contexto histórico.

Existen morales más “orientadas hacia la ética”, regularmente ahí donde la Regla suele ser más primitiva y la acción depende más de la práctica de sí; así como existen morales más “orientadas hacia el código”, en las que la regla define más claramente los premios y castigos, pero en cualquier caso existirán ambos elementos (código y práctica de sí) en diferentes combinaciones.

A partir de aquí, Foucault se lanza a explorar las diferentes morales sexuales de la Antigüedad (tema particular del Tomo 2). Ya les contaré, conforme vaya avanzando en la lectura, cómo desarrolla su estudio.

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