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Algunos llegan a la filosofía en una temprana edad, dentro del proceso de una esmerada educación. Otros, con el pasar de los años y una particular disposición del espíritu para ver y entender un poco del mundo y de su propio destino. Para algunos más, que carecemos de una educación en los temas de la filosofía clásica, no nos queda más que el estudio diligente y la curiosidad.

El conocimiento se nos da en los libros, en los mismos libros que más tarde tendemos a olvidar y que, parafraseando a Borges, se nos van desdibujando.

Por lo pronto: lean a David Hume, sus Diálogos sobre la religión natural son causa de una agradable ensoñación intelectual. Un libro breve, no imprescindible (¿qué sí lo es?) y deliciosamente provechoso para cualquiera.

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