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Reiteraciones borgeanas (1)

marzo 22, 2010

Esta relación, por supuesto, no pretende ser exhaustiva. Dejo a los próximos meses, y a mis múltiples relecturas de la obra de Jorge Luis Borges, la tarea de ir completando este modesto catálogo de ideas reiterativas. Por lo pronto acometo los cuentos, en breve pasaré a los ensayos. Al final, es posible que la poesía del argentino encuentre un lugar también en este artículo.

Ejemplo 1

En el relato Funes, el memorioso, J. L. Borges utiliza la siguiente frase:

Había una parra; la oscuridad pudo parecerme total.

Al parecer, el maestro argentino dio con una fórmula que le pareció feliz, así que no dudó en emplear la misma frase en El Aleph, otro de sus cuentos emblemáticos.

…la oscuridad, pese a una hendija que después distinguí, pudo parecerme total.

Ejemplo 2

En algunos escritos Borges deja plasmado su horror a la multiplicación, a la generación infinita de los hombres y sus tareas.

El inmortal:

En Roma, conversé con filósofos que sintieron que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes.

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius:

Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso. Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.

Utopía de un hombre que está cansado:

La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios.

Ejemplo 3

La muerte sin esperanza en un laberinto.

La escritura del dios:

Alguien me dijo: No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable y morirás antes de haber despertado realmente.

El inmortal:

Insoportablemente soñé con un exiguo y nítido laberinto: en el centro había un cántaro; mis manos casi lo tocaban, mis ojos lo veían, pero tan intrincadas y perplejas eran las curvas que yo sabía que iba a morir antes de alcanzarlo.

Más allá de libros, laberintos y sueños, Borges redunda en la idea de los tigres. Quizá su nahual, cómo saberlo. En la próxima entrega mostraré su detallada manía por estos felinos.

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