En el entresueño, alcancé a percibir que había escrito un poema. Lo había leído con calma, sopesando los adjetivos y la longitud de las líneas. Alguna frase no era del todo feliz. La corregí. El cuaderno tenía hojas blancas, impolutas. No recuerdo si usé un lápiz o un bolígrafo. Me entreví contento, con un buen poema después de tanto tiempo.

Al despertar por completo, horas más tarde, traté de recuperar de mi memoria el poema escrito en el sueño. No pude recordar.

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