No soy un hombre que se queja, pero es imposible afirmarlo sin formular un lamento.

Camino bajo la lluvia, y el agua que se enlaza a mis suelas, trepa por el pantalón y desciende por la camisa es una bendición inaudita.

La gente mira por la ventanilla, mirando al hombre que en agua se deshace, que escurre, que se transparenta, con ese viento organizado por espíritus más allá del bien y del mal.

Escribo en una vieja máquina, rapto de museo, imaginación de coleccionista. La pantalla es un secreto y una mota de polvo. Azul y negro, amarillo y marrón. Es increíble que los colores no existan.

El mundo, en derredor, es una música difusa. El mundo es una línea de agua que se trenza en el tiempo. Nosotros, de pie en el camino, nos acercamos a la noche más bella.

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