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Un diluvio rojo

mayo 8, 2010

1. Dejemos de lado, por un momento, la misericordia divina; dejamos de lado, su infinito amor. El Primer Motor es incomprensible, pero sus razones tendrá.

2. Hará algunos milenios dios cubrió la tierra de la materia primigenia, el agua. Recordemos que en un primer momento el espíritu de dios se movía sobre las aguas (Génesis 1:2). ¿Seremos la creación de una medusa transfinita?

3. El Noé que la tradición nos ha heredado construyó una nave imposible para un destino sin emoción ni suspenso. El dios judeocristiano no era un bromista. Prometió un diluvio, y la lluvia cayó durante largos días azules y grises. Prometió la salvación de los elegidos, y la barca no pereció.

4. Quiero imaginar una versión sideral: el ser omnisciente (en sueños por supuesto, y por mera diversión en este caso) le pide a un nuevo patriarca, hacia el siglo XXV, una nueva barca para un nuevo diluvio.

5. Rayos Gamma caerán de un sol moribundo, como Asimov siempre lo hubiera deseado, y nuestro futuro anciano, hijo de nuestros lejanos hijos, resultado de una larga cadena de genes que se abrazan y se funden, asumirá su destino.

6. Pero el dios de las estrellas y de las manchas del tigre no acuñará una alianza en aquel rojo futuro.

7. Los elegidos lo serán para el olvido y el polvo. Renacerán los nuevos soles de una imposible deidad hindú, paciente como una lenta manada en verano. Y los hijos del hombre, sin memoria y sin libro sagrado, seguirán su curso a la nada.

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