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Judas melódico

mayo 13, 2010

Todos aquellos que me conocen desde hace tiempo saben que profeso dos grandes credos: en fútbol soy seguidor a muerte de los Rayados del Monterrey y en música soy un bunburiano incorregible.

Esto viene a cuento porque Enrique Bunbury estrenó disco a mediados de febrero y les quiero platicar un poco sobre él. Para todos aquellos que no tengan mucha idea sobre la trayectoria del músico español les cuento un poco de su historia:

Enrique Bunbury fue el vocalista de los Héroes del Silencio, tal vez el grupo de rock español más influyente y famoso de las últimas décadas. En 1996 el grupo se separa y Enrique inicia su carrera como solista. A partir de aquí comienza una aventura que ha ido ganando cada vez más adeptos.

En 1997, con su disco debut Radical Sonora busca romper la camisa de fuerza que le imponía pertenecer a Héroes: el resultado es un disco lleno de sonidos electrónicos y de música árabe y africana. Sus letras, aunque aun complejas, comienzan a dejar ver su gusto por viajar y no pertenecer a ninguna parte. Este disco, aunque a muchos no termina de gustarles, representa su primera gran traición: la que le da origen.

A partir de ahí, sus siguientes 3 discos le sirven para definirse por completo: el errante, ciudadano del mundo entero, que va por la vida burlándose de sí mismo y de los demás. Si con los Héroes decía que no sabía distinguir lo complicado de lo simple, como solista rompe con ambas cosas y se decide por lo complejo: por un lado, escribe más directo y potente, sin demasiados adornos. Por el otro, su música está aderezada de una gran cantidad de ritmos que se entrelazan en un sonido único y bunburiano.

En Pequeño es el nostálgico cabaretero que va buscando su lugar en el mundo. En Flamingos (disco inspirado en y por su divorcio) es el boxeador que está contra las cuerdas, pero que siempre se levanta aunque sea para caer de nuevo. En El viaje a ninguna parte es el vagabundo consolidado, el que se va apropiando de cada lugar que pisa, pero también el juglar reposado que, no obstante, añora su tierra.

En este proceso de definición tuvo dos pequeños grandes lujos adicionales: nos presentó a su tribu de bunburianos (Shuarma, Morti y Carlos Ann) en el disco Bushido, una joya de lo experimental sólo apreciada por unos pocos. Además, llevó al extremo su proyecto con Freak Show, gira que literalmente transporta un circo en cada concierto con atracciones, cabaret, excesos y todo… fue demasiado… en la segunda parte de este post explicaré las consecuencias de este exceso.

3 comentarios leave one →
  1. mayo 14, 2010 8:40 am

    Internet es el lugar de la Obra Breve. Sin embargo, en este caso tu post se me hizo cortísimo. Más!!!

    (traducción: esperamos ya la siguiente entrega)

  2. mayo 14, 2010 9:02 am

    En un par de horas la continuación de esta historia, ten un poco de paciencia, compadre!!

Trackbacks

  1. Siendo consecuente « Fotografías Amarillas

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