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Judas melódico II

mayo 14, 2010

Un poco antes de concluir la gira del Freak Show, Bunbury rompe con el huracán ambulante (el grupo que lo había acompañado por años) y decide recluirse… amenaza, además, con el retiro. Un poco antes había comentado en una entrevista de su intención por hacer un disco denominado Judas, donde se traicionaría a sí mismo.

Me parece que sus 3 últimos discos (los cuales él mismo considera como una trilogía) representan en buena medida su tan anhelado proyecto Judas.

En el Tiempo de las Cerezas, el Dr. Bunbury encuentra a su Mr. Hyde: Nacho Vegas, un tipo de letras densas envueltas en melodías dulzonas, con el que coprotagoniza este disco en el que se traiciona en al menos dos sentidos: p0r un lado, el Tiempo está formado por muchos discos presentados como si fueran uno solo (en disco doble).

Las canciones de Enrique y las de Nacho, por sí solas, representan un proyecto de cada cual, pero cuando se mezclan, generan dos discos contrastantes en un sentido casí místico: La claridad (disco 1) y la oscuridad (disco 2). Finalmente las 20 canciones (10 de de cada uno), en conjunto, forman un maravilloso collage de ideas y melodías.

La segunda y definitiva traición de Enrique en este disco está representada por una idea macabra pero hermosa: para perpetuarse, ha decidido volverse prescindible. Si algún día faltara, tendríamos a Nacho Vegas como pañuelo donde alojar las lágrimas.

De hecho, me parece que a partir de este proyecto, uno no puede entender la música bunburiana sin recurrir al menos un poco a Vegas.

Después de este disco, Bunbury empieza oficialmente a cerrar pendientes. En 2007 emprende una gira de despedida con Héroes del Silencio “para cerrar como debieron haberlo hecho 10 años atrás: con cojones” según declararon a una revista.  Una vez terminado este ciclo, el proyecto judasiano cobra vida y salud con más fuerza que nunca.

En Hellvile Deluxe, el tan esperado disco post-despedida heróica, Enrique nos presenta otra serie de traiciones: recupera el sonido crudo y básico que tenía con el cuarteto de Zaragoza (sonido orgánico, suelen decir algunos), llevándolo hasta extremos de sencillez influídos por su gusto por la música Country; promete no flaquear jamás, pero desconfía más que nunca del mundo (lo hace evidente en líneas como hay muy poca gente o no creaís nunca lo que dicen por ahí, cualquiera puede escribir y decir lo que piensa sin pensar) y, sin embargo, se da tiempo para ser optimista (en el único sentido que sabe serlo: con ironía) diciendo que todos lo haremos mejor en el futuro.

Sus canciones duelen como quizá jamás lo habían hecho, son vinagre directo sobre la herida, sin intermediarios. Es tal vez el disco más visceral de su carrera. El Bunbury cerebral y artesano de sus primeros cuatro discos ha muerto.

Y finalmente ahora nos ha llegado el anhelado testamento bunburiano: Las Consecuencias, una especie de lado B del Helville de Luxe, pero con vida propia; casi como ese hermano menor incómodo y molesto al que, no obstante, no podemos dejar de querer. Mientras que el hermano mayor (Helville) es potente en lo musical y cauteloso en lo letrístico, este otro es bastante relajado, íntimo y desvergonzado.

Es un disco donde Enrique dice todo sin tapujos, contradiciéndose y burlándose de sí mismo para al final salir ileso. Un disco que, como la obra de Judas, muy pocos iniciados comprenderán a cabalidad y muchos intentarán condenar apresuradamente.

Las consecuencias, en cualquiera de sus versiones , está dividido a la vieja usanza en Lado 1 y Lado 2, ambos ordenados de forma tal que no parece ser un experimento aleatorio.

Abre el proyecto con la canción homónima, Las Consecuencias, donde avisa al escucha de lo que vendrá: ¿Por qué siempre conviene alegrar a la gente? también de vez en cuando está bien, asustar un poco. Hecha la advertencia, queda a consideración de cada quien continuar con el viaje. La canción, además, sirve de excusa para que el viajero haga un alto en el camino y obtenga un primer balance: la juventud no te acompañará los próximos mil años, dice por ejemplo.

Después, en Ella me dijo que no empieza a experimentar algo que repetirá a lo largo del disco: sus letras más nostálgicas o sufridas las compensa con música relajada y chispeante (agradezco a mi hermano Rodrigo por haberme hecho notar este punto). En esta canción también me parece que deja ver retazos de su rompimiento con la primera época bunburiana, particularmente cuando dice que “por estar en cualquier parte, salvo aquí, fuí un turista de la belleza” ó “nos salimos de la ruta”.

Posteriormente, en El boxeador da la señal más clara de traición… esa imagen del Bunbury tirado contra las cuerdas de Flamingos ha desaparecido… ahora es un tipo que entrena lanzando golpes al aire, casi danzando, a la orilla de la playa, con una orquesta de fondo lidereada por Bob Marley o quizás por Dylan. En esta canción, Enrique se decreta relajado, pero sin claudicar… cánsate o muévete, no te pares ahora, dice.

Luego viene Frente a Frente, aquel tema ochentero que popularizara Jeannette. La traición en este caso proviene del hecho de que Enrique nunca había incluído un cover famoso en alguno de sus discos en estudio, pero ahora lo hace de forma magistral. La canción duele mucho más que la original no sólo por lo que dice la letra, sino por la forma en que Bunbury estructura esta versión: tanto la música como el canto de Enrique y Miren Iza, que lo acompaña en esta canción (magistral dueto!!), son tan lentos que rasgan y duelen.

Esta canción finaliza dejando una atmósfera de duelo. Llega entonces 21 de octubre, canción a la mitad entre el country y la trova en la que Enrique, con aire tranquilo, narra una despedida (tal vez amorosa, tal vez en un sentido más amplio): No volverá, esta vez no, perdiste la llave de su corazón, dice el maño como anunciando la resignación.

Hasta aquí llega el Lado 1, donde de forma tranquila va narrando el dolor de la transición que probablemente ha vivido en los últimos años.

Todo parece anunciar un cierre relajado y reconciliador…. ¡’Error!, el lado 2 inaugura el último bloque de traiciones empezando por aquella que comete hacia la primera mitad del disco: música más potente y densa y letras menos dolidas y más reflexivas.

En Lo que más te gustó de mi, diatriba de amor contra una mujer sentada en una relación pero inconforme (para parafrasear un poco a Garcia Márquez) regresa a sus tiempos cabareteros pero traiciona una constante suya: su condición de no nacionalidad. El coro es más que claro en ello: Lo que más te gustó de mi es lo que quieres cambiar y hay que estar con las botas puestas dispuesto a aguantar, sabes que pienso que una retirada a tiempo es siempre una derrota. ¿Acaso Enrique está confesando que por fin encontró un hogar en la respiración de esta mujer?

La respuesta parece venir pronto, cuando cuando confiesa: Rompí mi promesa y un contrato no se puede cancelar, no fue la curiosidad lo que me hizo huir con ella, razones personales que algun día contaré, en la maravillosa los habitantes, para mi gusto la mejor canción del disco y una de esas infaltables en su lista de “grandes éxitos”, que combina al Bunbury más eléctrico de Héroes del Silencio (incluyendo un solo de guitarra majestuoso) con el Bunbury experimental e híbrido de su carrera en solitario, sobre todo en el coro, que disminuye la velocidad y mete a quien escucha en un ciclo hipnótico para luego volver a la velocidad progresiva): ya no hay nada que temer, ya no hay nada que enseñar, se precipita mi debilidad hacia la noche lenta del amor, va diciendo Enrique.

La canción anterior parece haber concretado la traición al fin. ¡El maño ha muerto, viva el maño! Si quedaban dudas, en Es hora de hablar hace un listado largo, post mortem, de pendientes por hablar: de la verdad como forma de violencia, del infinito entre tus brazos y los límites de mi cuerpo, pero sobre todo, tal como establece al principio y final de la canción, de la quimera de otra vida.

¿Cual será ahora el destino bunburiano? ¿Nos quedaremos sólo con Nacho Vegas? ¿Hay vida después de la muerte (aunque sea una quimera)? Muchas preguntas asaltan a quien escucha el disco, en breves segundos.

Se escucha a lo lejos el sonido de un avión que… ¿despega o aterriza? qué más dá, De todo el mundo comienza restándole importancia: que no interrumpa lo cotidiano mis pensamientos… ¿pues qué está pensando este hombre, que yace muerto, ahora?

Pronto queda despejada la duda. Está pensando en cometer la última de las traiciones: la traición a su traición… y lo dice claramente: soy vagabundo, siempre de paso, de aquí y de allá, de todo el mundo. El errante ha vuelto, o tal vez jamás se fue.

Aún en shock, llega el balance de esta muerte y resurección en Nunca se convence del todo a nadie de nada, tema que Enrique escribió para Niños de Brasil, grupo al que perteneció hace más de 20 años. Esta canción refleja indudablemente a un Bunbury más reflexivo que al mismo tiempo empieza de nuevo la transición… todo parece ahora llevarme hacia la extinción, remata.

El lado 2 va creciendo progresivamente de potencia musical, pero letrísticamente va aligerando la carga de dolor del Lado 1, dejándonos al final con una sensación oceánica genial.

En general, me parece que este disco es como una buena taza de café por la mañana: el primer sorbo resulta amargo en exceso, pero conforme se le va consumiendo, sabe cada vez más delicioso y amenza con volverse adictivo. Me resulta un  gran final para este ciclo bunburiano. Enrique ha dicho ya que a partir del siguiente disco explorará los sonidos de Nueva Orleans… ¡veremos qué resulta!

Para leer el post gemelo de éste, escrito por mi querida amiga Tatiana en sus Fotografías Amarillas da click aquí

5 comentarios leave one →
  1. mayo 14, 2010 11:50 am

    Bien, excelente reseña para un gran disco.

    Yo lo fui escuchando este disco de forma diferente, en parte por tenerlo en formato mp3, y por darle al shuffle.

    Por lo pronto, me quedo con Los habitantes. La melodía es sabrosona, pero la letra es genial.

    Y en mundos más allá,
    O en mundos venideros,
    Nos echáremos de menos
    O envejeceremos a la vez

    Hay varias menciones a la juventud, la vejez, la debilidad y la muerte en partes clave del disco, en momentos musicales muy íntimos.

    Me fascina la que citas:

    No fue la curiosidad
    Lo que me hizo huir con ella
    Razones personales
    Que algún día contaré.

    Es un gran remate en esa frase.

    Nota aparte: ya tenemos a Tatiana en la Cuarentena.

  2. mayo 14, 2010 6:57 pm

    Definitivamente que esa canción de Los habitantes me encanta.. justamente por la combinación letrístico-musical… creo que el disco puede “leerese” de muchas maneras… Tatiana, por ejemplo, plantea otra más aleatoria, similar a la que tú hiciste. .. creo que esa es una cualidad aprendida de Nacho Vegas: hacer discos que pueden ser escuchados de muchas formas. Enhorabuena por la entrada de Fotografías Amarilas a la cuarentena!!

  3. julio 4, 2010 11:33 pm

    Bueno pues hay mucho qué decir.
    En primer lugar, amo tu post desde el momento en que me contaste la hipótesis/hilo conductor que llevarías: las traiciones de Bunbury a sí mismo. Aunque en el momento que lo mencionaste no lo tenía muy claro, queda ahora no solo claro y desconcertante sino fascinante.
    Sobre Las Consecuencias, veo que coincidimos en ciertos puntos, como la frase para presentar la canción homónima (excelente por cierto), el retroceso del boxeador a Flamingos, la excelencia nostálgica del disco, la música de Los Habitantes.
    Desacuerdos que pueden llevarnos a chats de horas y horas: la intromisión de Miren Iza!!! Algo menos polémico: me dejaste dudando con Lo que más te gustó de mí, yo le había dado otra interpretación, pero déjame afinar la idea.
    Quisiera saber qué piensas de Es hora de hablar. Para mí es la mejor canción del disco y me parece que la dejas un poco de lado.
    “El errante ha vuelto, o tal vez jamás se fue”. Yo creo que jamás se fue. O más bien sí. La oración es paradójica por sí misma. Si es errante, siempre se irá.
    Creo que la discusión queda abierta para miles de puntos más, que iremos tocando. Un honor total leer éste, nuestro primer post en conjunto.
    Y otro honor estar en su cuarentena🙂 Salutaciones alquimistas!

  4. junio 21, 2013 3:51 am

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  1. Judas melódico « Atanor

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