¡Qué triste es la literatura de Chejov! ¡Y cómo nos empeñamos en seguir leyendo sus obras!

(En este momento, el shuffle de mi reproductor de música me canta la Variación 21 de las Goldberg, en una versión lenta y hermosa con la solitaria guitarra de József Eötvös, vaya tino.)

Transcribo:

¡Miseria! ¡Miseria!… Las personas mayores estaban en el campo. Una niña como de ocho años, pelirrubia, sucia, estaba sentada en la chimenea, y ni siquiera miró a los recién llegados. En el suelo, junto a una horcadura, ronroneaba un gato blanco.

Sacha le llamó.

-Miss, miss, Miss…

-Es sordo -dijo la chicuela- No oye nada.

-¿De veras?

-Le pegaron una paliza…

Nicolás y Olga comprendieron, al punto, lo que era allí la vida; pero callaron.

Anton Pavlovich Chejov, Los campesinos.

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