Voy por la vida con el audio desfasado,  con la imagen a veces fuera de foco, con el soundtrack equivocado. No sé si a todos les pasa, pero pienso que posiblemente todos estamos viviendo con el guión que no nos tocaba, y hacemos suertes extravagantes y muecas ridículas  cuando lo único que hacía falta era quedarnos un poco quietos y fingir que poníamos atención.

Por eso nos caemos bien cuando nos encerramos en un libro durante horas, cuando tomamos la carretera y subimos el volumen de una canción que en realidad no comprendemos, por eso nos gustan al mismo tiempo el ruido que hace tartamudear a las ventanas y el silencio interior de los días de lluvia.

Pero tal vez sólo soy yo, un solipsista distraído que confunde el color de los semáforos y que es incapaz de recordar el nombre de las flores.

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