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1.- Primero y más importante, porque es una película que carece de magia. No es un concepto que se puede explicar, pero es algo que se siente desde el momento en que comienzan los créditos en las grandes películas. El señor de los anillos, por ejemplo, te atrapa desde los primeros acordes, las primeras letras en pantalla y la etérea voz de Galadriel. Esa sensación de estar realmente en mundo diferente no te abandona en el resto de la aventura, ni siquiera en los momentos más flojos de la trilogía, y vaya que tiene algunos.

2.- Por el desperdicio del tema. Veamos: un mundo mágico, bestias gigantes voladoras, manipulación de elementos, guerra, romance. Tenían todo para explotar algunos (o todos) de esos aspectos. Pero parece que el director no sabe qué hacer con el producto que tiene entre manos. No sabe dónde emplazar la cámara, no sabe qué personaje debe tener más peso, no sabe dirigir una secuencia de acción.

3.- El Rey del reino agua del norte se parece demasiado al rey de Rohan, pero en una versión más cercana a un Santa Claus azul.

4.- En la serie animada es fácil hacer que los movimientos de los personajes sean fluidos y con gracia. Las katas tienen su importancia, pero no hay razón para mantenerlas en el film: al hacerlo, todos los actores deben hacer una coreografía antes de usar sus poderes, y las secuencias se vuelven lentas y torpes, a veces ridículas. Los actores no son artistas marciales ni bailarines, así que no hay sutileza en sus movimientos. Una pena.

5.- La p0breza en las escenas de acción. Nunca se desidió por el bullet time, ni por la agilidad o la velocidad. La cámara se siente siempre rígida, incómoda. La primera “gran batalla” es apenas una rebelión con puñados de tierra, la arenga del avatar es vacía, insustancial. Los espectadores estamos tan escépticos como los pobladores que no creen en su regreso.

6.- El dragón. El protagonista medita y encuentra a un espíritu dragón, quien debe darle consejos para encontrar su fuerza interior. Un concepto gastado pero que aún es hermoso y puede funcionar. El director lo desperdicia: nos obsequia escenas con lens flare y luces intensas. No parece un sueño, no parece magia. Parece una mala película de 1980.

7.- El forzado romance entre un plebeyo y una princesa. Se conocen y se flechan, un minuto después él olvida un juramento familiar para irse con ella. Un minuto después ella está en trance de muerte. Un minuto después ella muere. Fin del romance.

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