Cuando el termómetro digital marca diez grados por debajo de cero, y la ciudad falsamente dorada por el sol se torna una trampa de aire congelado, pienso que sería genial seguir leyendo la trilogía Milenium. Sin embargo, no consigo calentar mis manos lo suficiente y sólo puedo pensar en quedarme en cama hasta que el mundo vuelva a girar sobre una tibia hoguera.

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