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La moneda y el carnero salvaje

febrero 25, 2011

Son dos historias distintas de dos escritores dispares sobre el mismo tema: una idea fija termina con agotar al protagonista.

En el relato El Zahir (Borges, 1949) se narra la historia de un hombre que encuentra una moneda mágica. La moneda es una instancia de un objeto monstruoso: una vez que lo observas, no puedes dejar de pensar en él. El hombre va consumiendo sus días intentando olvidar el objeto que destroza su mente, y dejando al final que lo consuma sin remedio, convencido al fin de que toda resistencia es imposible.

El segundo relato es en realidad una novela: La Caza del Carnero Salvaje (Murakami, 1982). El planteamiento es igual de sencillo y fantástico. Existe un Carnero que invade la mente de un ser humano cualquiera, en una simbiosis exótica. El hombre sigue entonces las directrices del Carnero. A la larga, el hombre logra el éxito, pero ya no es él mismo. Está dominado por ese espíritu invasivo. Cuando el hombre envejece, o deja de ser útil, el Carnero cambia de huésped. Al final, el último de ellos decide suicidarse sin dar tiempo al invasor de cambiar de cuerpo, muriendo ambos.

Los elementos en común son los siguientes: 1) un ser físico que no se extingue;  2) en contacto con ese ser físico el protagonista se “contagia”; 3) una vez contagiado, no hay remedio, la idea que invade al hombre lo agotará sin remedio; 4) Sólo la muerte libera al protagonista; 5) La incomprensión de cualquier otra persona, pues el objeto o ser mágico no afecta a nadie más.

Las diferencias favorecen a El Zahir:

1) La moneda de Borges cambiará de apariencia. Antes fue un mosaico, un tigre. Es eterna y cambiante, sólo persiste su espíritu destructor. El carnero de Murakami tiene sentido en las zonas rurales de Asia, donde los diversos huéspedes lo han encontrado, pero sería ridículo encontrarse un Carnero en un elevador. Bueno, quizá Murakami sea capaz de otorgarle sentido.

2) La moneda de Borges no tiene una intención maléfica. Ni siquiera posee voluntad o intención. Sólo es un objeto perverso, y esa sinrazón lo hace repulsivo. Es como esas películas de horror japonés en que la maldición no puede ser deshecha: carece de sentido, como la vida misma. En cambio, el Carnero de Murakami tiene la intención de obtener poder, y ejerce su voluntad a través de los hombres que invade. En cierto sentido, quiere adueñarse del mundo. Es un villano de cómic.

3) Finalmente, la brevedad. Borges narra su historia, de manera hermosa y completa, en apenas unas cuantas páginas. Murakami se extiende con  personajes, paisajes y situaciones. Borges narra la idea en la cantidad precisa. Pero agradezco igualmente los buenos ratos leyendo a Haruki.

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