Cuando se abre el ascensor ya no hay nada más. Cielo negro y aire frío. Se puede brincar al piso inferior, arriesgando todo. O se puede contemplar la oscuridad al final, allá abajo. La puerta adelante del ascensor permanece abierta apenas 5 minutos, brillando ligeramente en los bordes. Sería imposible saber que es real, pero hay un frío que la rodea. Hay que cerrar los ojos y dejarse llevar. Si has llegado tan lejos ya habrás firmado el testamento, la liberación de responsabilidad, habrás repartido tus libros. Algunos están seguros que detrás de la puerta hay un nuevo comienzo. Para otros no hay nada más, y ahí está su esperanza.

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