Tamara se detuvo antes de llegar a la puerta de la sala de reuniones. Iba enfundada en su habitual traje sastre azul de los lunes. Estaba algo nerviosa y se cambiaba de dedo sus anillos, como si con ese obsesivo juego se le escurriera la angustia.

La Dirección General de Asuntos Intrascendentes (DGAI) de la Secretaría de Acciones Redundantes (SAR), para la cual trabajaba, sería la encargada de coordinar el proyecto que el señor Secretario consideraba como el de mayor prioridad en su gestión: la estrategia de implementación de la Matriz de Acciones de Mantenimiento Actualizado de Directrices de Asistencia (MAMADA), que Tamara había coordinado, y que le tocaba ahora presentar ante los Directores Generales de la SAR, para garantizar el adecuado entendimiento de las metas entre las áreas que operarían la puesta en marcha del proyecto.

Luego de respirar profundamente, Tamara se asomó tímidamente a la sala y descubrió que el lugar estaba prácticamente lleno, en su mayoría de hombres de mediana edad con barrigas prominentes y rostros que reflejaban el desgano por estar a tan temprana hora en una reunión. Una tímida gota de sudor pretendió desprenderse de su frente, pero Tamara la aniquiló al instante, ayudada por un pañuelo. Su respiración se aceleró. Entró a la sala y vió de reojo a su jefe, quien le hizo una señal que indicaba que era momento de comenzar la reunión. Tomó asiento -junto con el resto de asistentes- y acercó el micrófono a su boca recién humedecida por un sorbo de agua.

-Buenos días- dijo en forma entrecortada. Carraspeó un poco y continuó. -A nombre del Dr. Ignacio Trelles, Secretario de Acciones Redundantes les doy la bienvenida a esta reunión. El señor Secretario desea que los acuerdos que emanen de esta reunión contribuyan de forma decidida al éxito de este proyecto-.

Se escuchó a sí misma tan segura y decidida, que de pronto sintió cómo desaparecía esa sensación de vacío en la panza que la acompañaba desde que se levantó. Aun tenía un poco seca la boca, pero Tamara sabía que podía conducir exitosamente la reunión. Con voz firme, dedicó los siguientes 20 minutos a explicar los principales componentes del proyecto y a comunicar las expectativas que el señor Secretario tenía puestas en el mismo. Se aproximaban tiempos electorales y Tamara tenía marcada la encomienda de dejar clara la relevancia de la puesta en marcha de la MAMADA. Luego de un cierre afortunado de la presentación, acompañado de una broma que fue aplaudida por los presentes, abrió un espacio para preguntas y aclaración de dudas.

El licenciado López, Director General de Planes y Programas Rimbombantes tomó la inciativa. -A mi me gustaría saber cómo nos va a afectar financieramente a las diferentes Unidades Responsables el movimiento de recursos que vamos a efectuar para el logro de estas metas que usted acaba de exponer, licenciada-.

Tamara sintió en ese instante un cosquilleo ligero en todo el cuerpo. El tema financiero era su especialidad y sintió que todos los funcionarios presentes estaban momentáneamente en sus manos, llenos de incertidumbre, a su entera disposición. Comenzó a sentirse sexy. Su boca estaba más hidratada que nunca y lista para explicar las adecuaciones presupuestales. Mordisqueó ligeramente sus labios y comenzó a responder.

-Su pregunta es completamente relevante, licenciado- dijo en un tono mucho más dulce y sensual. -Le explico las implicaciones financieras, y a los demás les pido que tomen nota también, pues es muy importante este punto para el éxito de la implementación del proyecto-. Sonrió ligeramente, sin perder esta vocación dirigente que acababa de descubrir.  -Primero que nada, recuerden que todas sus acciones deberán estar alineadas con la estructura programática ya concertada en el Programa Operativo Anual-hizo una pausa de algunos segundos, mientras sentía cómo se le comenzaban a contraer los pezones. La humedad de su boca comenzó a manifestarse en el resto del cuerpo.

-Los recursos los vamos a concentrar en la DGAI. Son recursos que vienen del Ramo 69-. De pronto sintió cómo se estremecía ligeramente y se preguntó por un instante si alguno de los presentes lo habría notado. Ahora esa deliciosa cosquilla se le extendía hasta las rodillas. Pasó saliva con dificultad y notó que sudaba un poco.

Los directores generales seguían atentos a la explicación, como hipnotizados. Hubieran sido capaces de pararse en un pie y acomodarse la corbata en la frente si esta mujer se los hubiera pedido. Al pensarlo, Tamara iba sintiendo calambres cada vez más intensos en todo su cuerpo. No podía evitar disfrutar excesivamente esta dictadura transitoria que le había sido conferida en la sala de juntas.

Continuó con la explicación. -La afectación presupuestaria se hará se hará mediante una introduc… emmm.. un depósito en firme a la cuenta eje de la Secretaría-. Tuvo que dejar de hablar y apoyar su mano en la mesa. Las piernas le temblaban y su respiración estaba lista para competir en cien metros planos. Jamás había tenido sensaciones como éstas. Decidió llevar las cosas al límite.

-Finalmente, quiero comentarles que la afectación líquida de sus proyectos se hará sobre la partida 4000- ni bien terminó de decirlo, una prisa se le amotinó bajo la cintura. Sus rodillas intentaron tocarse sin éxito. Una lluvia muy al sur se le escapó hasta humedecer por completo su ropa interior.

Emitió un pequeño gruñido, casi imperceptible. Una sensación cálida invadió su cabeza y sus oídos se llenaron de vacío. alcanzó a girar los ojos hacia arriba, donde se mantuvieron lo siguientes 10 segundos. Luego, volvió a sentir su cuerpo. Pasó saliva y volteó a ver a los presentes. Todos escribían obedientes las instrucciones que acababa de dar. Respiró tranquila.

Tamara invitó a la concurrencia a hacerle más preguntas pero no obtuvo respuesta. Seguían en trance. Agradeció su asistencia y se despidió de mano de cada uno. No podía borrar su sonrisa. Salió de la sala y se dirigió a su oficina. La cerró con llave y se acomodó en su silla. Cerró los ojos y comenzó a respirar tranquila. Tenía semanas sin poder conciliar el sueño como ahora.

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