Marcelino González observó su reloj y suspiró aliviado. Había llegado al lugar de la reunión 15 minutos antes de que iniciara. Tomó asiento y empezó a mover la silla de un lado para el otro, en un intento inútil por controlar su nerviosismo. La ocasión era especial, pues ésta era su primera reunión como trabajador del Gobierno Central y, para colmo, él la dirigiría.

Luego de graduarse con honores en una prestigiosa universidad privada y trabajar un tiempo en el departamento de ventas de una empresa pequeña, había ingresado a la Dirección General de Asuntos Intrascendentes a través del Servicio de Ingreso Meritorio Periódico y Legítimo del Estado (SIMPLE), que era la vía más directa para asegurar una carrera en el servicio público. La situación económica del país no era la mejor y un puesto en la administración pública aseguraba condiciones laborales y de vida inmejorables.

Su nuevo puesto de Subdirector Adjunto de Seguimiento y Apoyo al Buen Cauce de las Relaciones Laborales Institucionales, ganado con el más alto puntaje en el SIMPLE, le obligaba a dirigir la reunión del día de hoy,  que formaba parte de un conjunto de sesiones de trabajo en las que las diferentes áreas presentarían sus proyectos prioritarios del año.

Marecelino estaba informado de esta alta responsabilidad desde que entró a laborar a la DGAI hacía dos meses y, desde entonces, comenzó a preparar su presentación para este evento. Tres días antes, su jefe, el ingeniero Lamadrid, Director General Adjunto de Acciones Prescindibles, lo había citado en su oficina para anunciarle lo que se debía lograr en la reunión. -El propósito es presentar el Programa de Calidad Absoluta en los Servicios, que está emprendiendo la Dirección General para ser aplicada en la Secretaría de Acciones Redundantes en su conjunto- sentenció el ingeniero. Marcelino se sintió tranquilo porque el tema de la Calidad le era muy conocido por lo que hacía en su anterior trabajo, y porque tenía muy avanzada su presentación. -No se preocupe, ingeniero, creo que con una sencilla explicación de nuestra filosofía de calidad los asistentes comenzarán a ver las ventajas de nuestra propuesta y van a asumir una actitud proactiva ante el Programa- respondió emocionado.

El ingeniero sonrió discreta pero irónicamente. Había visto pasar a muchos jóvenes impetuosos como éste y conocía perfectamente el destino final de tanto optimismo. -Lo importante, González, es que entiendan que el Programa se encuentra entre las más altas prioridades del señor Secretario. Los logros que de él emanen serán de la mayor importancia para el desarrollo del sector- remató Lamadrid. Marcelino asintió al instante, pero casi no entendió lo que le decía su jefe. Le resultaba un poco ambiguo y adornado el lenguaje que utilizaba, pero le había quedado claro que el programa era importante y que había que defenderlo. No obstante, comenzó a sentir un nudo en el estómago, pues le aterraba que la propuesta no fuera bien recibida.

La noche anterior casi no pudo dormir. Descartó la presentación que tenía casi concluida y preparó nuevos apuntes sobre los aspectos más relevantes del tema. Buscó una y otra vez la mejor forma de resaltar las bondades del programa. También intentó dejar claro que en aquellos aspectos aun no consolidados había una idea clara de lo que se necesitaba para cumplir con los objetivos.

Ya cerca de las dos de la mañana, y vencido por el cansancio más que por el sueño, decidió ir un rato a la cama a recostarse. No dejaba de darle vueltas a lo que le había dicho su jefe sobre la importancia de la reunión. Era su oportunidad para comenzar de forma brillante su carrera en el sector público y no pensaba desperdiciarla. Cerró los ojos y volvió a abrirlos hasta que el despertador gritaba la hora, desesperado.

Ya dentro del salón de reuniones, sostenía con fuerza las tarjetas con los puntos a tratar. -Tranquilízate- se repitió un par de veces mientras inflaba por completo sus pulmones y exhalaba en forma ruidosa. Una persona del área de sistemas lo abordó: -ya está todo listo para la proyección, jefe-. Marcelino le agradeció brevemente. Cerró los ojos, apretó los puños muy fuerte y soltó su cuerpo. Sintió algo de alivio. Estaba listo para comenzar con esto.

En 15 minutos la sala estaba repleta de mujeres y hombres que hablaban por teléfono sin parar o platicaban entre sí. Se oían risas por doquier e incluso alguno de ellos sacó una bolsa con frituras que comenzó a distribuir entre los presentes. Marcelino no pudo evitar sentir un poco apretada la corbata. Carraspeó y abrió la boca. -Ya vamos a empezar la reunión-dijo en voz excesivamente baja. Ninguna reacción. Levantó más la voz y esta vez el ruido comenzó a extinguirse lentamente. De pronto, todas las miradas estaban puestas sobre él, como observando un objeto nuevo que acaba de ser puesto en exhibición en un museo.

Marcelino esperó cinco segundos y comenzó su exposición de forma detallada. Durante este lapso, buscó infructuosamente identificar alguna señal de aprobación o desaprobación de parte de los presentes, alguna coordenada de su desempeño como expositor. No obtuvo señal alguna.

Concluyó con la presentacion y sólo podía sentir un profundo hormigueo en todo su cuerpo, como si estuviera anestesiado. Lentamente lanzó la frase que estaba buscando evitar desde el principio.-¿Tienen alguna duda o inquietud?- dijo finalmente.

Una mujer cuyo rostro mostraba un profundo fastidio levantó la mano. El muchacho la invitó a participar. -Dices que existirá un proceso de seguimiento de las acciones, luego del cual se procederá conforme a la normatividad vigente para llevar a cabo lo conducente en materia de penalizaciones y mejoras, pero quisiera saber si las medidas resultantes conducirán a un ajuse en el devengado para optimizar el flujo de nuestros compromisos adquiridos con anterioridad-.

Marcelino estaba impávido. Buscaba dibujar una idea que le sirviera para entender los sonidos que acababa de escuchar, pero simplemente no lo lograba ¿en qué momento había dicho todo eso? -ehmm-intentó articular el muchacho. Lo interrumpió otra voz. Era un señor ya entrado en los cincuenta, algo desaliñado y gordo.

-A mí no me queda claro el procedimiento para solventar las recomendaciones en tiempo y forma-, complementó. -¿tiempo para qué? ¿en forma significa qué te vas a poner a hacer ejercicio?- pensó Marcelino fugazmente.

-¿Y cómo daremos cumplimiento al acuerdo DGAI-189?-, -¿Es compatible esta metodología con los dictámenes del manual de procedimientos administrativos?-, -¿Cómo se conciliará la calendarización de actividades del Programa Operativo Anual con el proceso de mejora?-. Una tras otra las preguntas lo golpeaban sin que pudiera articular más de dos palabras juntas. Estaba a un segundo de salir huyendo del lugar, cuando de pronto recordó el encargo de su jefe.

Levantó la voz tanto como pudo y esta vez lo hizo con un tono enérgico. -¡Compañeros, por favor, no podemos avanzar así!-. La muchedumbre enmudeció de repente. Marcelino tomó aire nuevamente y repitió exactas aquellas palabras mágicas del ingeniero Lamadrid: -El Programa se encuentra entre las más altas prioridades del señor Secretario. Los logros que de él emanen serán de la mayor importancia para el desarrollo del sector-.

Silencio total primero y luego rostros de aprobación que iban apareciendo por todos lados -¿en verdad era tan sencillo obtener esta respuesta?- se cuestionó el muchacho. No quería parar ahí. Repasó rápidamente algunas otras palabras extrañas que había escuchado de su jefe. Se aventuró a hilar algunas para ver si resultaban.

-También es importante que sepan que los esfuerzos de la DGAI están encaminados al pleno cumplimiento de nuestro compromiso con el ciudadano, sin descuidar lo que la legislación aplicable nos insta a realizar-. Exclamaciones de alegría comenzaron a repartirse por el ambiente. De pronto, las sonrisas y las palmaditas en la espalda no se hicieron esperar.

Maarcelino estaba decidido a llevar esto hasta sus últimas consecuencias. Escogió cuidadosamente algunas palabras clave mientras el público comentaba jubiloso su mensaje.

-Para terminar, quiero señalarles que las acciones que se realicen en el marco de esta estrategia forman parte de la reforma administrativa aun pendiente en nuestro país. El señor Secretario me encargó que les reafirmara la alta estima en que tiene a cada uno de ustedes. Él sabe que los esfuerzos que emprendan serán de la mayor trascendencia. Muchas gracias-. Explosión de gritos y exclamaciones por doquier. Los asistentes levantaron en hombros a Marcelino y lo transportaron por todo el pasillo gritando su nombre. El muchacho no podía contener esa sonrisa que ahora lo inundaba.

Un par de horas después llegó a la DGAI. Su jefe, todavía a la expectativa, lo mandó llamar. Marcelino entró a la oficina del ingeniero Lamadrid aun con la sonrisa tatuada.-¿Cómo salió todo en la reunión, González?-. -Excelente, ingeniero. Los objetivos que nos habíamos trazado fueron alcanzados satisfactoriamente y el personal adscrito a esta Secretaría ha hecho suyos los principios y objetivos del programa-, concluyó.

Lamadrid contuvo la respiración por un instante, incrédulo. Ya no detectaba en él ese aire de ingenuidad que tenía cuando entró a trabajar a la DGAI. Le dio un golpecito en el hombro y sonrió satisfecho. El muchacho en verdad que tenía un prominente futuro.

Anuncios