Intersección. Punto de encuentro de dos o más cosas de forma lineal… Encuentro de dos líneas, dos superficies o dos sólidos que se cortan entre sí… Conjunto de elementos que son comunes a dos conjuntos.
                                                                                                                       Real Academia Española.

Era tarde. Miguel platicaba en broma con varios amigos sobre las bondades del sexo tántrico y sobre esa inaudita capacidad de resiliencia que se podía adquirir cuando uno práctica este método. Todo era risas y cachondeo. Todo era presumir habilidades absurdas o contar experiencias chistosas. De pronto, algo llamó la atención del muchacho al lado derecho de su horizonte visual. Sus ojos se posaron lentamente en aquel rostro que recién se asomaba. Descubrió a una hermosa mujer de cabello rojizo y ondulado, de ojos grandes, labios gruesos, nariz amplia y unas excepcionales curvaturas que se delineaban antes y después de su pequeña cintura, sin importar si uno mirara de arriba a abajo o a la inversa. Definitivamente lo que cualquiera de sus colegas de charla llamaría una “mamita”.

Se alejó discretamente de la conversación tántrica y decidió establecer contacto. -¡Hola, te ves preciosa ¿Cómo te llamas?- dijo con un aire de suficiencia que le hinchó el pecho, seguro de que obtendría una respuesta favorable.

-Hola-, contestó aquella voz con un aire más bien frío. Transcurrieron 10 interminables segundos antes de obtener una segunda respuesta.

-Me llamo Alexa ¿En qué te puedo ayudar?- contestó ahora con un tono más agresivo.

Miguel sintió un nudo en el estómago. Si de algo se preciaba era de su seguridad a la hora de conquistar mujeres, aunque sus amigos sabían perfectamente que esa actitud le había valido en más de una ocasión algún rechazo. No obstante, nunca había recibido una contestación tan distante como ésta. Veía una y otra vez a la chica, intentando dilucidar algo en su mirada, una pista que le permitiera saber por dónde comenzar a derrumbar esa muralla de silencio e indiferencia que ella acababa de imponerle.

-Pensaba que sería bueno conocernos- respondió un poco más relajado, aunque temeroso. -Nunca había conocido a una mujer tan linda como tú-. Estaba seguro que ahora sí lograría avanzar en la plática con esa actitud más directa.

-¿Te estás escuchando? Te hace falta más imaginación. Me aburren tus halagos trillados. Si no tienes nada más que decir, deja de fastidiarme-.

Miguel sintió un poco de opresión en el pecho. No lograba descifrar a esta mujer. Lo más fácil sería regresar a su conversación anterior en tanto apareciera otra chica interesante por ahí, pero se perdería la oportunidad de descubrir el misterio detrás de esta pelirroja presuntuosa que se negaba a ceder. Tal vez era simplemente la necesidad de salir victorioso, pero Miguel decidió que lo intentaría una vez más y si no, lo dejaría por la paz. Pensó decir algo absurdo, cualquier cosa que saliera de su boca aunque no fuera cierto, una última bocanada que lo hiciera salir a flote o hundirse irremediablemente.

-Podríamos platicar sobre música. Soy fanático del heavy metal de los años ochenta- soltó. Después de decirlo, pudo escuchar una carcajada que brotaba desde su mente. Definitivamente había sido una referencia algo tonta y desesperada. En efecto, escuchaba esa música durante su adolescencia, pero habían pasado por lo menos 10 años de eso y ya no alcanzaba a recordar mucho de sus andares metaleros. Si esto prosperaba, tendría que hacer uso de su memoria, que no siempre le respondía bien. Contuvo la respiración varios segundos, en espera de respuesta. Podía sentir perfectamente el golpe seco y continuo de su corazón, que aderezaba este nuevo silencio.

-Es curioso, porque aunque ya no me tocó esa época, a mí también me gusta mucho el heavy ochentero. Supongo que tú tendrías unos 13 o 14 años cuando estaba en apogeo, no?-

Miguel respiró profundo y celebró dentro de sí. No podía creer su suerte aún, pero no la iba a desaprovechar.

-En realidad tampoco me tocó de forma directa. En el 92 tenía 13 años, pero entonces todavía se escuchaba mucho el heavy. Con eso que te acabo de contar ya sabes que ahora tengo 29 ¿Cuántos años tienes? Por tus gustos musicales diría que no soy mucho mayor que tú-.

-Sé que la vida me ha tratado mal y que me veo más vieja- respondió entre risas. -tengo 21-.

Ya no se sentía más tensión. Incluso podría decirse que la plática comenzaba a desarrollarse de forma espontánea y fluida. Miguel vio la oportunidad de atacar de nuevo, pero de forma más sutil.

-Pues ojalá la vida me hubiera tratado como a tí, porque estás muy guapa. Supongo que tu rostro refleja madurez y por eso pensé que teníamos una edad más cercana-. Hizo una pausa casi imperceptible y regresó al tema de la música. -Yo creo que no ha existido mejor época que la ochentera, musicalmente hablando. Yo formé parte de un grupo durante varios años-.

-¿Y qué pasó, por qué no seguiste?-

-Pues nada, comencé tocando el bajo a los 14 y estuve mejorando mi técnica unos años. Luego me inscribí en la universidad para estudiar mercadotecnia, tuve cada vez menos tiempo para ensayar y fui perdiendo habilidades musicales. Terminé la carrera y conseguí un empleo que dejé después de 5 años para ir a viajar por el mundo y encontrar qué quería hacer con mi vida-.

-¿Y a donde te fuiste a viajar?-

-Estuve seis meses en Sudamérica y luego me fui siguiendo a una chica hasta la India, ya sabes, supuestamente para encontrar paz interior, pero la verdad es que sólo encontramos una guerra constante entre nuestros cuerpos. Luego de tres meses nos dejamos y me fui dos meses a Alemania con unos amigos y de ahí regresé al país y anduve por varias ciudades un par de meses más. Afortunadamente había ahorrado una buena parte de mi sueldo y con eso pude agarrar camino, aunque haya sido en plan austero-.

-Siempre he querido viajar- dijo ella y luego volvió al silencio. Esta vez, se quedó contemplando un punto fijo en el horizonte e imaginó durante algunos segundos cómo sería si se decidiera a hacerlo.

-Aunque Miguel intuyó que esta pausa era diferente, siguió con la plática. -Pero tú no me has contado nada sobre ti ¿A qué te dedicas? ¿Con qué sueñas?-

Alexa dibujó una sonrisa discreta. Le gustaba que le preguntaran por su sueños, aunque ella misma no los tuviera del todo claros.

-Estudio el tercer año de física. Soy lo que en los ochenta se le conocería como una nerd. Además de eso, me dedico a la fotografía. Cuando tenía 8 años mi papá me regaló una cámara y desde entonces me gusta buscar la belleza en las cosas y nada mejor que una cámara para capturarla. Y sobre mis sueños, ahora estoy en una disyuntiva, porque no sé si quiero, como tú, largarme con mi cámara a recorrer otros lugares o si es mejor quedarme y estudiar una maestría en física nuclear, que es mi gran pasión. Después de haberte contado esto ahora vas a ser tú el que no quiera hablar conmigo- dijo sonriente.

-No, al contrario, ahora me pareces más interesante-. Miguel en verdad estaba intrigado con Alexa. Tal vez era el hecho de no tener certeza alguna sobre sus pensamientos. Era definitivamente impredecible. Al menos hasta este momento. Ahora fue él quien hizo una pausa y se quedó masticando lo que la muchacha acababa de contarle.

-¿Sabes? tú también eres guapo después de todo- dijo en tono irónico pero provocativo. -Esa cicatriz que tienes en la ceja te da un toque interesante-.

Miguel sintió una explosión de calor en el estómago y perdió el aire por unos segundos. Al fin estaban en el terreno que él buscaba. No había estado nada mal la conversación hasta ahora, pero quería avanzar en la plática y esta era una oportunidad inmejorable.

-Me la hice justamente en una tocada. El guitarrista de mi grupo quiso aventar su instrumento al público y cuando lo jaló hacia atrás se encontró con mi cara. A nadie le había parecido atractiva esa cicatriz, así es que gracias por el cumplido-.

-Me parece sexy, de hecho-. Un silencio más, pero ahora cargado de excitación. Se podía escuchar perfectamente la respiración de ambos acelerarse un poco. La siguiente movida en el tablero era crucial.

-No creo que tan sexy como tu cuello-

-¿Qué más te gustaría ver además de mi cuello?-

-Todo, tus tetas, tu espalda desnuda, tus nalgas, tu ombligo, tus clavículas, todo- dijo con desesperación, mientras la respiración se le aceleraba.

-Quiero  que me veas tocarme. Me excita demasiado eso. Vamos a un lugar más privado. Sólo una condición: tú no puedes quitarte la ropa ni tocarte ni hablar, lo único que puedas hacer es verme de la forma más perversa que puedas-.

-Sí-, respondió Miguel apenas. No podía ordenar sus pensamientos. Sus oídos estaban atrapados por el vacío y su vista se había tornado algo turbia. -Sí- respondió de nuevo.

Ya en privado, Alexa sacó su teléfono celular y comenzó a reproducir pour some sugar on me de Def Leppard mientras se iba desnudando lentamente, sentada en una vieja silla. Toda la sangre de Miguel comenzó de pronto a agolparse bajo su pantalón, que parecía explotar. El cuerpo de Alexa lucía terso y efímero, como arena que se escabulle entre las manos. Al menos eso imaginaba el muchacho, mientras fantaseaba con tocarlo. Las manos de Alexa comenzaron a recorrer sus piernas desde los tobillos y se detuvieron unos centímetros antes de aquellos otros labios que ahora se asomaban profusos. Alexa dedico una mirada lasciva a Miguel y prosiguió su inevitable marcha. Sus dedos aterrizaron al fin en aquel territorio suave que amenazaba con inundarse. Miguel comenzó a sentir seca la boca. De aquella rigidez en sus pantalones se manifestaba un dolor sostenido pero agradable. Mientras seguía observando la danza de los dedos de Alexa, luchaba contra su propia mano, que intentaba a toda costa aniquilar aquel dolor. La muchacha comenzó a mover el cuerpo al compás de sus dedos hambrientos, que recorrían frenéticamente su sexo. Su rostro desfigurado apenas si podía diferenciarse del de Miguel, que imitaba sus movimientos mientras mantenía los puños cerrados cada vez con menor fuerza y gana. De las bocas de ambos se asomaban truenos que anunciaban una gran tormenta. Alexa pidió a Miguel que abriera su pantalón para contemplar aquel miembro hinchado. Miguel liberó sus manos y al fin ambos aceleraron sin retorno. De pronto, se vieron desbordados por aquel caudal majestuoso y tras de él, quedaron los cuerpos sudorosos y la respiración jadeante. Silencio otra vez, ahora por varios minutos. Ya no había angustia alguna en el ambiente. La calma que se respiraba ahora era casi perfecta.

Durante esta nueva pausa, ambos aprovecharon para recorrerse un poco con la mirada, para respirar juntos, para dedicarse este silencio que tantas veces había aparecido entre ellos.

-En este momento podría decir que te amo- se adelantó ella al fin. Suspiró profundo y dibujó un beso en el aire que esperaba que llegara al rostro de Miguel. El muchacho sintió una especie de golpe seco y luego la sensación de partirse en dos. Era una afirmación muy fuerte y comprometedora, pero al mismo tiempo le parecía verdadera. No podía decir que sintiera algo diferente a lo que ella acababa de decir, pero muy en el fondo le inquietaba tener esos sentimientos hacia una completa desconocida. Tomó aire y alcanzó en la plática a Alexa.

-Sí, ya que estamos entrando a esta onda cursi, yo también en este momento podría decir lo mismo-

-¿Decir qué? yo no tuve empacho en expresarlo-

-Podría decir que te amo-

-¿Me das un beso? uno que haga que el mundo y que incluso nuestros cuerpos y nuestras conciencias desaparezcan. Uno que detenga el tiempo-

-Claro, lo he deseado desde que te saludé-

-No creo que más que yo-

-No tienes ni idea-

Ambos aproximaron sus labios, y aunque aún existía esa sensación de no poderse tocar del todo, lograron parar un poco las manecillas del reloj y transformaron este silencio terco, que aparecía una y otra vez, en su nuevo territorio.

-¿Cuál es tu disco favorito de esa época?- dijo Miguel para regresar un poco al país de las palabras.

Dr. Feelgood, de Mötley Crüe, por supuesto- respondió ella sin dudarlo.

-Está entre mis favoritos también, pero para mí es el Apetite for Destruction de Guns n’ Roses-.

Después de eso, hicieron un largo recorrido por las canciones y los grupos de la época, lo mismo con una desmenuzada crítica a la actitud posuda de grupos como Poison, que con un recuento de las grandes bandas británicas que, desde los setenta, sentaron las bases de ese estilo e incluso con una inesperada escala en aquel extraño disco Izzy Stradlin and the Ju Ju Hounds del ex guitarrista de Guns n’ Roses. En el ambiente se podía descubrir cada vez más una quietud increíble. Como si sólo ellos dos existieran en el universo entero. Las palabras fluían en forma veloz. De la música pasaron al asunto de la comida, en que encontraron también gustos similares. De ahí saltaron naturalmente al de los viajes y, de pronto, ya estaban intercambiando anécdotas de infancia, y luego hicieron inventario de familiares, para caer finalmente en el inevitable recuento de traumas y obsesiones de cada uno. Era como si tuvieran los minutos contados y hubieran decidido agotar todos los temas en ese instante.

-Podríamos viajar juntos por el mundo y vivir de mi música y tu fotografía-. Justo al terminar de decirlo, Miguel se sintió sorprendido de la naturalidad con la que decía esto.

-¿No dijiste que te habías ido a viajar para encontrarle sentido a tu vida?- respondió ella en forma juguetona y provocadora.

-Es que después de hoy, estoy convencido que lo que sea que vaya a pasar con mi vida, quiero que sea contigo-.

Alexa sintió como se le erizaba la piel ante tan tremenda declaración. No es que hubiera deseado enamorarse así, pero sentía que con Miguel podía hacer una excepción.

-¡Pues que así sea, Miguel!-.

A partir de ahí, no hubo silencio por un buen rato. De repente aparecieron los planes de viaje y las cosas que experimentarían juntos y de la nada alguno de los dos, ya no importaba quién, sugirió que vivieran juntos y de ahí, por supuesto, la conveniencia de mejor adquirir una casa y un auto, porque luego vendrían los niños y cómo hacer para llevarlos a la escuela todos los días y para salir de vacaciones, y también está el asunto de pensar en las mejores condiciones para que ambos se pudieran retirar tranquilamente y poder disfrutar la vejez juntos, y que lo ideal sería poder tener tiempo para recibir visitas frecuentes de los nietos y…

 Tal vez habían transcurrido unas tres horas desde aquel primer saludo. Alexa y Miguel tenían perfectamente trazado su plan de vida y conocían sus respectivos pasados. Sabían de sus manías y angustias, de sus pasatiempos, de sus rutinas. La muerte de la noche se aproximaba cada vez más y con ella, las palabras habían decidido extinguirse también. Ambos se miraban pero ya ninguno decía algo. Hubi varios intentos por comenzar un tema nuevo, pero no pasaban de ser meros balbuceos. Ambos comenzaron a sentir miedo de pronunciar la siguiente idea. Alexa cerró los ojos, tomó aire y se decidió a tomar la iniciativa.

-Es hora de decirnos adios-

-Sí, ya es tarde y mañana tengo varias cosas que hacer-

-No, no me estás entendiendo. Es hora de separarnos antes de que esto que hemos vivido juntos se destruya-

Miguel se sentía devastado. Sabía que la peliroja tenía razón, pero no quería dejarla ir. Suspiró ligeramente y la miró.

-Está bien. Creo que ya es tiempo-

Alexa dejó caer su mirada y torció la boca. En el fondo esperaba que Miguel hubiera dicho que no, pero ambos estaban haciendo lo correcto. Se dedicaron un último beso y se despidieron con una sonrisa.

Miguel miró por última vez a Alexa. Quería grabar en su mente cada centímetro de la muchacha. En este último y definitivo silencio observó como aparecía esa fatídica palabra que concluía con este amor: offline. Apagó su computadora y se quedó sentado, mirando hacia la nada.

-No creo olvidarla jamás. Es tiempo de viajar de nuevo- pensó mientras caía en cuenta del insomnio que vendría.

Después de aquella sonrisa, Alexa decidió no voltear a ver a Miguel. Se desconectó del mensajero, le dió la espalda a la pantalla y se dirigió a su cama. Ahí, recostada, sonrió de nueva cuenta.

-¡Qué gran historia la que acabo de vivir! Estoy lista para seguir con mi vida- alcanzó a decir mientras cerraba los ojos, exhausta.

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