40. Siento una ligera punzada en la boca del estómago, como si algo me avisara de una catástrofe. Inhalo profundo para contener la sensación, pero esa pequeña coordenada de tensión va creciendo poco a poco. 39. Ahora el aire muestra una cierta resistencia a entrar en mis pulmones. Una pesadez comienza a entretejerse en mi cabeza. De repente, cada sonido en esta habitación se vuelve más nítido. 38. Fijo la mirada en el sillón que está enfrente mío y hago un par de respiraciones más profundas. Mi ritmo cardiaco se acelera y comienza a dibujar una melodía impetuosa. Tucutún, tucutún, tucutún. 37. Cambio el foco de atención y miro hacia ninguna parte, o más bien en todas direcciones. Siento un hormigueo en las manos, que ya están húmedas. 36. Mi corazón comienza a entrenarse para los 100 metros planos. Todo mi cuerpo me aprieta, me incomoda. 35. Una maldita comezón acaba de aparecer en mi brazo derecho. Mi mano izquerda actúa desesperada, como si estuviera en una infructuosa búsqueda arqueológica. 34. La comezón ha migrado a mi oreja, luego de los vestigios rojizos que quedaron en el brazo. Volteo a todos lados, buscando un poco de ayuda. Veo rostros distraidos y miradas indiferentes. 33. He vencido a la revolución que se gestaba en mi oreja, pero encuentro mi cuerpo sudoroso y mi respiración aún más agitada. En mi pecho se pueden sentir cañones escupiendo en forma constante. Bum, bum, bum. 32. Me falta el aire. Inhalo, exhalo, inhalo, exhalo. Casi no logro percibir nada. Parecería que toda mi actividad sensorial está concentrada, en este momento, en mi cerebro. Todos los segundos, todos los sonidos, todos los espacios, todos los silencios ocurren simultáneamente en mi cabeza. Inhalo, exhalo. 31. Mis pies y manos comienzan a entumecerse. Noto que una ligera somnolencia me invade ¿Acaso se aproxima el fin? ¡Pero es muy pronto todavía! 30. He perdido todo contacto con el exterior. Sólo alcanzo a escuchar mi respiración desbocada. 29. Hago un último y desesperado intento por regresar. Suspiro fuerte y contengo. Libero el aire muy despacio y vuelvo a sentir mi cuerpo. Al parecer he encontrado un archipielago en esta fatídica ruta descendente. 28. Todo a mi alrededor emerge de nuevo: las manos, el cuello, las piernas, la cicatriz en la rodilla, el hongo en la uña del dedo gordo del pie, ese barro molesto en la nalga que apareció ayer, el sillón fente a mí, el televisor dormido de la esquina, los sonidos caudalosos de las muchas conversaciones que ocurren a mi alrededor, el olor fétido que emana de la alcantarilla allende la ventana. 27. He ganado un poco de calma, suficiente para cuestionarme cómo es que llegué a este punto. Tal vez todo sea producto de mi imaginación o una mala broma de mi mente cansada. 26. Busco razones. Miro una y otra vez. El tiempo parece detenerse un poco, y con él, este declive que parecía inevitable. Un asomo de esperanza acaba de aparecer. Tal vez la vida me ha dado una nueva oportunidad. Aprovecharé para hablar con aquellos que estaban hasta ahora distantes. Quizás decida confesarle a aquella chica que conocí la semana pasada que me encanta. Tengo tiempo aún para encontrar respuestas a muchas cosas que aún desconozco. Como decía aquel poeta judío, Tal vez sea posible todavía cambiarlo todo. Sólo necesito que el tiempo siga un poco más en esta pausa venturosa que me ha regalado… 25. ¡No es posible! El andar inevitable del reloj ha regresado ¿Por qué no pude prever esto? Juraría que mis cálculos eran correctos. Una prisa, que va más allá de mí, invade mis pulmones nuevamente. El corazón apresura la cadencia otra vez. Inhalo. En mis hombros se ha posado ahora el peso del mundo. Exhalo. 24. ¿Y si me apresuro y hago todo aquello que no he hecho aún? Creo tener tiempo suficiente. Cuando menos para hacer un par de cosas importantes. Cuando menos para hacer algo. 23. Intentarlo todo me ha vuelto sumamente torpe. Mis manos se mueven tan rápido que terminan por paralizarse. No sé por donde empezar. Mi mente no es capaz de distinguir entre lo prioritario y lo accesorio. 22. No tengo tiempo siquiera para luchar contra esta parálisis ¿Cómo derrotar a la duda? No tengo tiempo ni para responder a eso. 21. Este es el momento que separa a los hombres de los cobardes. Sólo debo decidir por aquello que sea de mayor importancia. Una cosa. Tal vez la que resulte vital. 20. He decidido algo, pero ¿que era? la memoria suele ser una acompañante traicionera. 19. Debo decidir otra cosa. Mi mente está en blanco, reposa tranquila como si no se aproximara el final. 18. Silencio interminable en mi mente. Busco que aparezca aunque sea la idea más absurda, pero nada. Solo vacío y silencio. 17. Mis ideas han encontrado cauce otra vez, pero como un torrente que ha logrado al fin escapar de su contenedor y ahora lo inunda todo. ¿Cómo decidir algo ante esta marea de ocurrencias que me invade? 16. Intento nadar entre este cúmulo de indecisiones, pero apenas si puedo asirme a alguna palabra conocida. 15. Me he dado cuenta, de forma repentina, que mi respiración y mi ritmo cardiaco se han tranquilizado de nuevo. Como si flotar en este exceso de pensamientos le hubiera dado a mi corazón y pulmones una dosis de alivio. Como esa calma chicha que antecede a la fatalidad. 14. He dejado de pelear con mis ideas. Prefiero observarlas mientras se tropiezan unas con otras intentando emerger para convertirse en la última de mis acciones. Confieso que todas ellas me dan un poco de lástima. Es una pena que no sepan que ninguna logrará su cometido. 13. Ahora, que he descubierto que no haré nada mientras llega el último instante, comienzo a imaginar situaciones hipotéticas. Si me hubiera decidido a hacer algo cuando supe de este inevitable desenlace ¿A quién habría llamado? ¿Qué respuestas hubiera buscado? 12. Todas las posibilidades del mundo pasan por mi cabeza. Uno siempre encuentra las respuestas correctas a unos centímetros del precipicio, justo cuando ya no importan. 11. Me aproximo a los últimos instantes. Mi cuerpo inmovil parece comenzar a disfrutar esta quietud del que sabe su destino. Ya ni siquera me quedan ganas de pensar. 10. El horizonte acaba de oscurecerse un poco. Aparece un mensaje claro de que esto no durará mucho más. Inhalo fuerte y observo lo que me rodea ¡Todo luce tan bello! Quiero quedarme con esta escena durante el tiempo que me queda. 9. Una inquietud me hace regresar a la conciencia ¿Y si todo esto fuera un sueño? Tal vez aún hay esperanza. Por supuesto que todo llega a su final alguna vez, pero no tiene por qué terminar tan pronto. 8. He vuelto a sentir cómo el pecho intenta tocar mi espalda, y esa dificultad para respirar que pensé que se había exhiliado de mi cuerpo aparece también. 7. Todos los miedos que había dejado atrás han regresado para observarme, para vociferar hasta aturdirme. 6. Un vacío en mis oídos hace que, de nueva cuenta, sólo pueda escuchar mis latidos. Todo es espeso alrededor, incluso la vista, incluso la esperanza. 5. El oscurecimiento de hace unos instantes se acaba de duplicar. No queda más, esto está a punto de concluir. 4. Es curioso descubrir que el tiempo en verdad es relativo, aunque suene a lugar común. Justo antes de fenecer, pareciera luchar un poco y alargarse en una danza lenta que vuelve angustiosos los instantes finales. 3. No puedo pensar más. Tengo la mirada fija en este oscurecimiento progresivo que casi no me permite distinguir forma alguna. Aún si quisiera tocar el horizonte, no podría identificar alguna coordenada medianamente clara. 2. Cierro los ojos en un intento desesperado por borrarlo todo de mi cabeza. Unos segundos después los abro de nuevo y descubro que todo sigue igual. La última pizca de luz languidece ante mí, sin remedio. Al fin, resignado, me libero de toda preocupación y suelto mi cuerpo. 1. Ante mí, aparece un último mensaje que me prepara para lo inevitable: “la batería de su dispositivo móvil se ha agotado. Conéctelo a una fuente de energía”. 0. ¡Si tan sólo hubiera traído mi cargador al salir de casa, carajo!

Anuncios