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Es común en estos días escuchar a muchas personas “diagnosticar” rasgos y/o trastornos de la personalidad, con gran naturalidad y sobre todo sin cuidado y/o sin entender totalmente el significado de lo que están diciendo (aparte, casi siempre son más evidentes los de la gente que nos rodea; como nuestra pareja, hermanos, jefe, alumnos, etc., que los propios, sabrá Dios por que motivo), y que además los usen para etiquetar al prójimo sin empacho.

Es muy sencillo escuchar por ahí, en muchos lugares ajenos la práctica clínica, que si hubo una psicosis colectiva, que si aquel es un histérico, o neurótico, o que tiene una depresión, que es algo paranoico o incluso que es bipolar (este último parece ser el de moda debido a los medios masivos de incomunicación, a la difusión de nuestra caja de fantasías dirigidas llamada comúnmente televisión).

Usamos estas definiciones con la mayor soltura y cotidianidad… ¿y por que insisto en esto? Por que no son pocas las ocasiones en que llega gente angustiada a sesión porque le diagnosticaron “silvestremente”. Y aunque sé que no todos somos susceptibles a la crítica u opinión de los demás, no tenemos en cuenta el impacto y la huella que pueden dejar nuestras palabras, a nivel inconsciente en la persona.

Pero… ¿Por qué usarlos? Existen varias opciones para poder responder a esta pregunta, por ejemplo, puede servir para justificar (No aprende por que tiene TDA, un trastorno de déficit de atención y yo nada puedo hacer) y no pensar en como puedo cambiar mi forma de tratarlo, me rindo antes de tiempo, por que a fin de cuentas es caso perdido.

En otras ocasiones, si yo no entiendo el porque de las reacciones de una persona hacia mí, inconscientemente tengo que encontrar una respuesta (¡Es que es un histérico!), ya que mientras más indefinido esté el panorama, más me angustio, por lo tanto el “diagnosticarlo” me ayuda a manejarme mejor con esa persona.

El problema se encuentra en el “etiquetar” a la persona, sin tener los elementos suficientes para poder sustentarlo. La importancia de emitir un buen diagnóstico reside en que es nuestro punto de partida para el tratamiento de elección terapéutico, que dará solución a las problemáticas que se presentan.

Creo que debemos tener la suficiente empatía y madurez para ponderar nuestras palabras y entender lo que podemos hacer sentir a los demás, porque algún día podemos estar en su lugar…

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