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En tu respuesta a mi comentario haces una caracterización de las cuatro dimensiones de desarrollo del psicoanálisis bastante clara (nebulosa psi incluida). Lo que salta a la vista, con dicha caracterización, es que el psicoanálisis se ha constituido como un conjunto estructurado de ideas en torno de las cuales se construyen relaciones de causa y efecto, respecto de un conjunto de fenómenos, de carácter generalizable (la idea de la universalidad me parece más bien pretenciosa y antropocéntrica: no sabemos de forma certera si las relaciones planteadas ocurrirán en Alfa Centaury, por ejemplo).

Para ello ha establecido un lenguaje común, que comparten en algún grado incluso los así considerados como heterodoxos en psicoanálisis. El marxismo, que también conoces a profundidad, ha experimentado un proceso similar (y también busca esa cualidad científica).

Pero lo anterior no me parece que le otorgue el carácter de ciencia al psicoanálisis. Este mismo camino ha atravesado el budismo y hasta donde tengo noticias no ha sido reconocido como ciencia (ni pretende serlo), lo cual no niega su solidez lógica ni su intensión de establecer relaciones generalizables: una de las ideas fundamentales del budismo es que todos transitamos por el mismo camino de desarrollo espiritual y que al final todos llegaremos a la iluminación (lo cual podría resultar cierto después de todo, pero no pasa por el proceso científico de comprobación).

Hasta aquí, nada ha probado aun que el psicoanálisis sea una ciencia. Hay que recurrir a reglas más particulares para diferenciar al psicoanálisis de otros cuerpos teóricos científicos o no científicos. En este punto podemos encontrar dos grandes críticas al psicoanálisis como ciencia: la que se construye desde afuera del mismo y la que lo hace desde adentro.

La primera de ellas parte de los ya conocidos (seguramente por ti también) planteamientos de Karl Popper. Popper argumenta que el psicoanálisis, al igual que otros cuerpos teóricos como el marxismo, carece de la característica fundamental de toda ciencia: la falsabilidad.

Esto implica que el conjunto de hipótesis que lo sustentan está construido de tal forma que, aunque el ejercicio empírico demuestre la falsedad de las proposiciones teóricas, el cuerpo teórico siempre tendrá un argumento, desde su propia lógica, que descalifique a la prueba o que adapte los argumentos de la teoría a lo que se está observando. La falsabilidad en las ciencias sigue siendo uno de los criterios más utilizados hasta la actualidad para diferenciar a éstas de otros campos del conocimiento.

Popper apunta en particular, respecto del psicoanálisis, que cada vez que el paciente no muestre el comportamiento esperado, el analista podrá argumentar que se debe a la presencia de la represión. Lo anterior hace que sea imposible comprobar la falsedad de los planteamientos del psicoanálisis. Siempre se podrá decir que la evidencia no correspondió con la teoría por cuestiones ya previstas en ésta: la presencia del mecanismo de defensa. Una teoría que no es falsable no puede transitar hacia el vector X entonces.

Algunos otros autores argumentan, a favor de Popper, que “Una teoría capaz de amoldar todo es mas bien un marco conceptual, cosmovisión u ontología, que uno puede elegir adoptar o no”. Tu comentario respecto de la posibilidad de que los principios psicoanalíticos apliquen también en los animales refuerza esta idea.

Una crítica adicional desde la perspectiva popperiana es el hecho de que la ciencia sigue una trayectoria esencialmente hipotético-deductiva, en tanto que el psicoanálisis es fundamentalmente inductivo.

Aunque puede resultar cuestionable el hecho de que sólo el método hipotético deductivo es científico, la idea del párrafo anterior me parece cierta. La ciencia suele construir primero marcos analíticos que somete a prueba posteriormente y el psicoanálisis, al menos en Freud, se estructura a la inversa: a partir de los casos es que él va construyendo los conceptos (su formación médica interviene bastante en esto). La cuestión aquí es que la estrategia inductiva no es menos válida para generar conocimiento (cosa que el establishment científico ha tendido a negar, al asumirse como la única vía legítima de acceso al conocimiento).

En una revisión crítica intermedia entre la filosofía y el psicoanálisis, Fernanda Clavel de Kruyff, en su artículo de 2004 “las críticas de Popper al psicoanálisis”, plantea que la intuición popperiana respecto del carácter no científico de éste cuerpo teórico es fundamentalmente correcta, pero que ello no le quita valor a la aportación del psicoanálisis, porque éste mantiene un carácter racional.

La autora señala que, en palabras de Popper, “Cualquier teoría racional, sin importar que sea científica o filosófica, es racional en tanto que intenta resolver ciertos problemas. Una teoría es comprensible y razonable sólo en relación con determinada situación de problema. Y sólo puede discutirse racionalmente estudiando esta relación” (Esta cita pertenece al texto “Metafísica y criticabilidad” de 1958).

Clavel retoma ésta idea para argumentar que, puesto que el psicoanálisis y la ciencia se desarrollan en contextos diferentes, no son comparables (además no se puede afirmar que una sea mejor que la otra). También sus objetos de estudio son diferentes. Señala que, puesto que el contexto del psicoanálisis es el clínico, el objetivo del psicoanalista no es refutar la teoría psicoanalítica, sino ofrecer al paciente un punto de vista distinto al que tiene sobre sí mismo.

Esto es, que la riqueza de la teoría psicoanalítica está en su carácter heurístico (que pertenece esencialmente al vector Y) en la medida en que ofrece formas novedosas de resolver problemas (y yo agregaría, en lugar de recurrir a la generalización).

Fernanda Clavel argumenta además, desde otros filósofos y teóricos de las ciencias, que aunque el psicoanálisis no es una ciencia en el sentido popperiano, existen otros criterios que la califican como una teoría del conocimiento y como una perspectiva valiosa (más adelante podemos discutir estas otras visiones con mucho gusto).

Ahora bien, en las críticas desde el interior, Luciane Loss y María del Carmen Rojas, en su artículo “la investigación psicoanalítica en la Universidad” (agradezco a mi hermano Darío el haberme proveído de él) parten de la noción de investigación para diferenciar entre investigación psicoanalítica e investigación científica.

Para ellas, la ciencia utiliza una perspectiva cartesiana para definir su objeto de estudio (muy a la Holton, por cierto). La investigación científica parte entonces de una dualidad: un sujeto que piensa y un objeto que puede ser pensado. Es decir, considera que existe un sujeto (el científico) que puede apropiarse del conocimiento del objeto.

A partir de aquí, la ruta epistemológica de la ciencia es la de un sujeto que intenta obtener un conocimiento satisfactoriamente exacto del objeto desde un método que pretende ser independiente de aquel. Este es el discurso legitimador de la ciencia y todo conocimiento que no se apegue a esta regla se considera inválido. Plantean entonces que el relato de la ciencia rechaza el saber inconsciente, lo que frena la posibilidad de conocer al sujeto.

En cambio, el objeto de estudio del psicoanálisis es precisamente lo inconsciente del sujeto. En este punto, citando a Lacan, establecen que la ciencia construye el discurso del amo, desde el cual el saber es autónomo del saber mítico y, por tanto, el saber del inconsciente es absolutamente extraño al discurso de las ciencias.

Esto es, que el lenguaje esencial del sujeto no es objeto de las ciencias. Dicho de otro modo, la subjetividad, que es materia prima en el psicoanálisis (en tanto práctica clínica) se busca minimizar en el proceso de hacer ciencia (pues la pretensión de ésta es objetiva). Loss y Rojas señalan que el psicoanálisis es complementario a la ciencia porque se dedica a estudiar aquello que la ciencia no puede (por la misma decisión epistemológica que ha tomado para legitimarse).

Ambas plantean que el problema con las críticas falsacionistas a la Popper, es que éstas asumen que se pueden criticar las pretensiones cientificistas del psicoanálisis, cuando en realidad éste no tiene tales pretensiones porque no se ajusta a la lógica positivista.

La investigación en psicoanálisis se basa en la práctica clínica del psicoanalista y tiene como objetivo desentrañar al sujeto y no despojarle de sus particularidades para objetivizarlo. Investigación psicoanalítica y tratamiento –señalan- son uno sólo.

Citan entonces a Freud (Dos artículos de enciclopedia: “Psicoanálisis” y “Teoría de la libido”), cuando plantea que el psicoanálisis es:

a)      Un procedimiento para la investigación de los procesos mentales que son inaccesibles por otros medios.

b)      Un método (basado en ésta investigación) para el tratamiento de los disturbios neuróticos.

c)      Una colección de informaciones psicológicas obtenidas a lo largo del transcurso y que gradualmente se acumula en una nueva disciplina científica.

Aquí, me parece que Freud confunde disciplina con ciencia, pero no es capaz de identificarlo así porque ambas se encontraban íntimamente relacionadas en su época (abordaré este punto más a fondo en el análisis del vector Z). El resto de argumentaciones apuntan al carácter no científico del psicoanálisis.

Jean Francois Lyotard plantea, en “La condición posmoderna” que el discurso de la ciencia como emancipador de los pueblos (como promotor de su desarrollo) sufre una ruptura con el fin de la modernidad por una imposibilidad lógica: la ciencia se mueve en la dimensión de lo verdadero/falso, en tanto que el intento emancipador o prescriptivo, más propio de las disciplinas, se mueve en el de lo justo/injusto. Pero resulta imposible vincular lo verdadero/falso con lo justo/injusto, porque pertenecen a estructuras lógicas diferentes.

Jürgen Habermas, en su texto “Conocimiento e interés” señala, en este sentido (el autor es citado en el artículo de Fernanda Clavel), que todo conocimiento está guiado por intereses, puesto que persigue fines. Distingue entonces entre 3 tipos de intereses: el técnico, propio de la Física o la Biología, el práctico, que busca expandir las posibilidades de entendimiento y comunicación (como en la Historia) y el emancipativo, dentro del cual ubica al psicoanálisis.

En mi opinión, el psicoanálisis es fundamentalmente prescriptivo (o incluso emancipativo) porque su objeto de estudio (el sujeto) no se puede desligar, en su método, del tratamiento. La Física no pretende encontrar lo justo, pero los conocimientos que genera sirven de referencia para disciplinas como la Ingeniería, que se ocupa de la prescripción. Lo mismo ocurre entre la Biología y la Medicina. Hasta aquí mi punto. Nos vemos en el vector X.

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