Quizá sea demasiado seguir las ideas platónicas. Pensar en objetos puros, en ideas inmaculadas que viven en el plano perfecto donde no existen las fisuras ni las manchas. El pulso oriental que recorre occidente roba algunas frases maltrechas, desgastadas, y nos pueden hacer creer que hay felicidad en la cicatriz, como una especie de memoria que se escribe en la piel de los objetos (que debería ser inmaculada). Un doblez, una rotura, una ausencia pueden (sí) contar muchas cosas, pero también están narrando la pérdida de un elemento, la invencible muerte, el dolor y la nada.

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